León Jaime Zapata, el maestro de la memoria

En el occidente de Bogotá, camuflada entre una línea de casas de clase media, se esconde una particular biblioteca.

Carlos Zapata, director del Archivo General de la Nación. Luis Ángel

 En el occidente de Bogotá, camuflada entre una línea de casas de clase media, se esconde la biblioteca de León Jaime Zapata. En su terruño, como le decía cariñosamente, más de tres mil ejemplares cuentan su historia que comenzó en 1932 en Pueblo Rico, Antioquia.

El patio de aquel caserón, ubicado en el barrio Marsella, se convirtió en una pequeña réplica de las bibliotecas y los archivos que durante años dirigió. Libros religiosos, material enciclopédico, literatura clásica y militar, en la que sobresalen las obras de Winston Churchill, evocan su paso por el Batallón de Infantería García Rovira, de Pamplona, donde realizó la carrera de suboficial en la década del cincuenta . Sin haber culminado el bachillerato, un general le pidió hacerse cargo de la organización de la biblioteca de la institución. Explorando los estantes cultivó una pasión infinita por la lectura, la documentación y la investigación. Así decidió darle rienda suelta a su sueño de ser el primer archivista profesional del país.

Aunque en aquella época los estudios en bibliotecología eran incipientes, León halló la forma de instruirse de la mano de grandes archivistas, como el estadounidense Gaston Litton. Desde entonces su relación con la academia se fortaleció y tras la creación de la Escuela Interamericana de Bibliotecología en 1958, viajó a Bogotá para pedirles a las autoridades de la Universidad de La Salle fundar el primer programa en bibliotecología y archivística de Colombia. Con tan sólo 21 alumnos se dio inicio a esta carrera, en la que Zapata se forjó como estudiante y maestro.

Su interés por profesionalizar el oficio y preservar la memoria histórica de Bogotá y del país lo llevó a dirigir la biblioteca de la Escuela Militar de Cadetes y la de la Universidad Pedagógica Nacional. También fue uno de los gestores de la ley que le dio vida al Archivo General de la Nación en 1989, que cuenta con más de 60 millones de documentos históricos que están bajo el cuidado de su hijo, Carlos Alberto Zapata, actual director de la entidad. “Mi papá era un defensor del patrimonio capitalino. Decía que las bibliotecas y los archivos son las instituciones de memoria más importantes de una nación, porque en ellas se construye la democracia y el conocimiento”.

El padre de la archivística, como le decían a Zapata, sembró la semilla de una profesión inexistente en los sesenta, pero que gracias a su importancia ha cautivado a más de tres mil personas que trabajan como guardianes de la memoria histórica de la ciudad en espacios como el Archivo General de la Nación, el Archivo de Bogotá y la Red Capital de Bibliotecas Públicas.

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Jahel Mahecha

León Jaime Zapata, el maestro de la memoria

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