Una experiencia comunitaria

Cuatro joyas escondidas para visitar en Boyacá

Varios municipios de las provincias Norte y Gutiérrez están apostándole al turismo comunitario como un motor de la economía. Ofrecen planes ecoturísticos, culturales y gastronómicos.

Las artesanas de Guacamayas enseñan cómo se hace la cestería en rollo./Cortesía Canal Trece - Oscar Beltrán.
Las artesanas de Guacamayas enseñan cómo se hace la cestería en rollo./Cortesía Canal Trece - Oscar Beltrán.

Al hablar de las provincias de Norte y Gutiérrez en Boyacá la conversación suele voltearse, casi que obligatoriamente, hacia el nevado de El Cocuy, uno de los parajes más apetecidos del país entre caminantes, aventureros, curiosos y amantes de la naturaleza. No obstante, esta región del departamento esconde otros tesoros culturales, gastronómicos y naturales que han comenzado a tomar forma como propuestas turísticas gracias a proyectos comunitarios como Convite Travel.

Compuesta como una agencia de viajes, esta iniciativa integrada por 58 familias campesinas provenientes de ocho municipios de estas provincias, varios de ellos azotados y aislados durante años por cuenta del conflicto armado, se ha dedicado a ofrecer talleres demostrativos y gastronómicos, caminatas ecológicas a miradores increíbles, avistamiento de aves y cabalgatas con el objetivo de dinamizar la economía de la región y devolverles vida a lugares que venían cayendo en el olvido por culpa de la guerra. Para ello han contado con el apoyo y la asesoría de diferentes instituciones como el Sena, las alcaldías municipales, la Gobernación y la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.

Caminar por las calles de pueblitos, visitar sus paisajes, admirar sus artesanías y probar sus platillos es conectarse con esa Colombia rural que vio florecer la Independencia, sufrió conflicto y mira con esperanza el futuro del país. Hablar con las familias que se animan a montar un sendero o crear un hotel, es llenarse del amor que estas sienten por la tierra que les ha dado todo. ¡Anímese a conocer cuatro de estas propuestas!

Guacamayas, colorida
Sus calles están llenas de color gracias a varios murales que exaltan tanto al ave por la que el municipio toma su nombre como al principal producto del pueblo: la cestería en rollo, para la que usan paja, cabuya y fique teñidos de diferentes colores brillantes. Cerca de 300 artesanas de Guacamayas emplean estos materiales para trenzar y tejer no solo cestos, sino también bandejas, llaveros, jarrones e individuales con patrones en espiral, que desde 2009 se convirtieron en la primera artesanía con denominación de origen del país.

En tres talleres, incluso, enseñan gustosos esta técnica ancestral a los turistas que visitan el cálido y montañoso rincón de Boyacá como parte de un recorrido de cuatro horas. Adicionalmente, existe la posibilidad de aprender a fabricar una versión miniatura de las tradicionales alpargatas en talleres demostrativos. Por último, una de las familias del municipio está trabajando en el montaje de una ruta del café, aprovechando que la zona permite producir cafés especiales.

Dulce Soatá
A la capital de la provincia Norte la caracterizan tres cosas. Por una parte está el excelente clima cálido, producto de su ubicación en la cuenca media del río Chicamocha, en pleno cañón, lo que no solo explica el significado de su nombre en muisca, “dominio del sol”, sino también la presencia de vegetación tropical, así como de varios balnearios de ambiente familiar. Por otra, su nutrida gastronomía, rica en platos a base de cabrito y, finalmente, el dátil, un fruto típico del mundo árabe, que en Colombia todavía puede llegar a considerarse exótico.

Hoy es el producto insignia del municipio, que lo usa como base para fabricar bocadillos, mieles, besitos, barras energéticas y hasta salsas para carne. Actualmente, en alianza con el Ecoparque Chicamocha Medio, están trabajando en tecnificar la producción y protección de este alimento, plan en el que se contempla el control del cucarrón picudo, que ataca las palmas de dátil; para ello lo están convirtiendo en artesanía al inmortalizarlo en resina plástica.

La Uvita, renacida
Por años, este municipio  sufrió por la violencia de la guerra que causó desplazamientos y hasta dejó marcas de bala en algunas de las casas del casco urbano. Hoy, sin embargo, la historia es diferente gracias, en parte, al turismo. Aprovechando la arquitectura colonial, típica de los pueblitos españoles, nació la posada Cuatro Esquinas, un negocio familiar a una cuadra del parque central -adornado con arbustos dispuestos en forma de laberinto- y que se ha convertido en el motor turístico del pueblo.

Además del hospedaje colonial ofrecen cabañas campestres y zonas de camping a media hora del centro de La Uvita y, en alianza con otras familias, planes como el sendero ecológico hasta la laguna Negra, en un ascenso desde los 2.900 hasta los 3.800 metros sobre el nivel del mar, avistando cóndores, venados de cola blanca, orquídeas y frailejones. También está la caminata al Tabor, un mirador con vista a siete municipios y el día de campo en la finca La Loma, trabajando con cultivos y animales de granja. 

Mieles de San Mateo
Ubicado entre los 800 y los 4.000 metros sobre el nivel del mar, San Mateo cuenta con casi todos los pisos térmicos y una fuerte vocación apícola. El municipio es habitado por al menos 10 millones de abejas de 15 especies diferentes, la mitad de ellas en apiarios con los que los pobladores producen cinco tipos de miel, de roble, mangle, tobo, encenillo y eucalipto e incluso hidromiel. Para probarlas existe la Ruta de la Miel y las Abejas, un recorrido de tres horas en el que se aprenden todos los conocimientos prácticos y científicos detrás de una colmena de abejas.

También está la posibilidad de recorrer el camino ancestral de Juan Gabriel, un sendero de cuatro horas adornado por orquídeas, todo tipo de plantas andinas e historias, mitos y leyendas a cargo de los guías. Este lleva hasta el Mirador del Nevado, un punto que se precia de tener la mejor vista sobre el Parque Nacional Natural El Cocuy y, cuando el día lo permite, también sobre el Cañón del Chicamocha, donde se cuenta con telescopios para mejorar la experiencia.

 

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esteban dávila náder

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