Es la segunda más poblada de Canadá

Montreal, una ciudad abierta a las diferencias

Desde hace mucho este destino se convirtió en una ciudad cosmopolita que atrae a miles de turistas y migrantes de todas partes del mundo. El gobierno de la provincia de Quebec se esfuerza cada vez más en intentar lograr que se queden y le aporten al sistema productivo y cultural.

Montreal, Canadá
Montreal, CanadáGetty Images.

Se necesitan pocas horas en Montreal para darse cuenta de que es una ciudad diferente. La primera gran sorpresa es el idioma. No porque se hable más francés que inglés -debido a un proceso histórico en el que el primero fue declarado como lengua nacional de la provincia de Quebec-, sino por la variedad de acentos que se escuchan. Variaciones provenientes de Asia, Latinoamérica, África, Oceanía y Europa se mezclan en un mismo espacio aceptando un acuerdo tácito en el que más de 120 comunidades culturales diferentes aportan desde donde pueden a la sociedad.

La segunda sorpresa se encuentra en las calles. Grandes edificios al estilo estadounidense se mezclan con pequeñas tiendas, cafés y restaurantes que recuerdan inmediatamente a Europa. Una combinación difícil de asimilar, pues si bien no existen grandes atracciones turísticas como las hay en ciudades como Nueva York o París, desde el primer momento Montreal se siente viva, joven y abierta al extraño.

Todo esto en gran medida a la calidad de la educación superior que ofrece, cosa que atrae a más de 320.000 estudiantes cada año. Cuenta con 11 instituciones académicas, entre ellas McGill, Concordia y la Universidad de Montreal, muy bien ranqueadas a nivel mundial, con imponentes campus urbanos que le dan carácter y personalidad a la ciudad. No es casualidad que el sector académico invierta cerca de un billón de dólares solo en investigación.

Con el pasar de los años, además, cada vez más turistas quieren visitarla. Su pico máximo fue en 2017, durante la conmemoración del aniversario 375, cuando 11,1 millones de personas fueron a conocer Montreal.

Y es que a la hora de escoger un lugar para ir de vacaciones, vivir o estudiar se deben medir distintos factores: recepción del migrante, clima, actividades culturales para hacer, transporte y seguridad, entre otros. Luego de hablar con varias personas locales y estudiantes colombianos que viven allí desde hace un tiempo, la conclusión es la misma para todos: es una ciudad que vale la pena conocer, pero quedarse a vivir no es para todos.

“Winter is coming”

A menos de que el objetivo sea ir a esquiar o a ver la nieve, la mejor época para viajar es entre junio y agosto, cuando el frío invernal ya se ha ido. Sí, las estaciones en la ciudad funcionan diferente, pues empieza a calentar después del promedio. Este año, por ejemplo, hasta el 20 de mayo el clima llegó a los 23° C. Durante el verano se pueden encontrar en las calles bandas locales tocando todo tipo de estilos musicales, ferias gastronómicas con una enorme diversidad y exposiciones artísticas.

Casi todas las personas a las que El Espectador tuvo acceso, entre estudiantes y locales, hablan de un problema central de la ciudad: el invierno. Vale la pena aclarar que la infraestructura general está muy bien adaptada para que las personas tengan que hacer recorridos mínimos durante el frío, sin embargo, el problema real es la duración, pues va desde octubre hasta mediados de abril, a veces más, a veces menos. Por lo tanto, si la idea es ir a pasar las vacaciones, este no debería ser un problema, simplemente ir muy bien preparado con ropa abrigada.

Andrés Felipe González, estudiante colombiano del Polytechnique Montreal, aseguró a este diario: “El invierno es muy fuerte. Uno tiene que intentar salir a hacer actividades porque es fácil caer en depresión. Ese tema es algo que en nuestros países no se toma en serio. “En la investigación científica es normal que la gente pase mucho tiempo sola y esto puede conducir a la depresión, especialmente en invierno. Afortunadamente en la universidad hay un servicio de psicología”.

“Veo que hay dos ciudades. Está el Montreal de junio a octubre y luego la gente cambia completamente. Tú ves a alguien en verano y está feliz, quiere salir, quiere ser tu amigo, pero después conoces a la misma persona en febrero y es un cascarrabias. Uno es igual. Hay que aprender a entender eso. También siento que entre más inviernos pasan se vuelven más complicados, porque durante el primero y el segundo la nieve es algo novedoso, pero cuando son treinta años se vuelve fastidioso”, afirma por su parte Carlos Augusto Marín Villegas, también estudiante colombiano de doctorado de esa misma universidad.

No obstante, actividades culturales y gratuitas hay de sobra durante esta época del año. Una de las más emblemáticas es el Igloofest, un festival de música que se realiza en el Puerto Viejo, uno de los lugares más atractivos de la ciudad. “Hay muchísimos festivales gratuitos para mejorar la vida de las personas durante el invierno. Es fuerte, pero uno sale preparado y hay que gozárselo. Si uno no se hace la idea y el ambiente la va a pasar muy mal”, asegura Julián Sánchez, estudiante colombiano de la Universidad de Quebec, en Montreal (UQAM).

Seguridad, una prioridad

Viajar a la ciudad implica sacar la visa canadiense, cuyo proceso de solicitud es famoso por ser confuso y difícil para muchos. Si bien la página del gobierno es difícil de maniobrar, también es cierto que toda la información necesaria está ahí. Lo más recomendable es hacer los trámites con tiempo, más aún en temporada alta. Según el gobierno, el tiempo de procesamiento de la solicitud para Colombia es de 33 días hábiles a partir de la entrega de los datos biométricos. Este último paso también toma su tiempo, pues hay que solicitar cita con anterioridad.

Por otro lado, casi todos a la hora de emigrar o visitar otra ciudad piensan en la seguridad. Es verdad, sentirse tranquilo recorriendo las calles o en el metro marca una diferencia. Montreal es consciente y se esfuerza por mantener índices muy bajos de violencia y delincuencia. En el pasado censo, por ejemplo, en 2016, se detectaron solo 23 asesinatos durante ese año, mientras que en Nueva York fueron 335 y en Chicago, 760.

La cifra convierte a Montreal en el área metropolitana más segura de Norteamérica, seguida por Toronto, San Diego y Minneápolis. De hecho, el Bureau Federal de Investigación de Canadá estima que el índice de homicidio está en 1,1 personas por cada 100.000 habitantes.

Natalia Restrepo, estudiante colombiana del Polytechnique Montreal, contó su experiencia a este diario. “La primera semana aquí estábamos en invierno y a las cuatro ya no había sol. Salí de mi casa a las 12 del día, me fui a un centro comercial y de pronto ya era de noche. Entonces salí corriendo a mi casa porque en Medellín tenemos esa costumbre. Ahora, en el verano, voy con el celular, a las 3 de la mañana, caminando a mi casa y nunca me ha pasado nada”.

Además, agrega: “Me acuerdo que una vez vi que en el metro un señor le tocó la nalga a una señora y pararon el metro y entró la policía. Se lo toman muy en serio”.

Actividades culturales para todos

Durante el tiempo que estuve en la ciudad encontré de todo para hacer. Hay más de 6.000 restaurantes con comida de todo el mundo y tours gastronómicos que logran mostrar la variedad cultural de una forma diferente. Los fines de semana se puede hacer ejercicio hasta llegar al Mont Royale, una enorme reserva natural incrustada en la ciudad, que durante el verano, la primavera o el otoño sirve para todo tipo de actividades: picnics, caminatas, paseos o rutas de ciclismo. Todo esto con un sistema de metro fácil de entender, cómodo y seguro.

Además, la oferta de hospedaje es inmensa. Hay más de 170 hoteles que oscilan en promedio entre los CAD$30 y los CAD$145. Lo más recomendable es quedarse en barrios que permitan desplazarse fácil a las actividades turísticas. El centro, Plateau Mont-Royal, el viejo Montreal, Mile End, Village -el barrio gay más grande de Norteamérica son algunos de ellos.

Caminar por el Puerto Viejo, visitar Mile End, el barrio bohemio de la ciudad, andar por las estrechas calles del centro, probar el poutine, un plato típico de la ciudad a base de papas fritas, queso en grano fresco y salsa de carne, o visitar la réplica de la catedral de Notre Dame, donde a veces se realizan exposiciones y espectáculos, son algunos de los imperdibles. Además, Montreal está llena de pequeños locales, restaurantes, tiendas, museos y cafés para todo tipo de personas.

 
Poutine, plato típico de Montreal
Getty Images.

Carlos Augusto Marín Villegas, luego de varios años en la ciudad, aseguró: “En Montreal hay infinidad de actividades. Si a uno le gusta algo específico, seguro hay un festival gigante de eso. De lo que me he podido dar cuenta es que hay una oferta y un público para todo”.

Viaje por invitación de Montreal International

883803

2019-10-02T13:04:58-05:00

article

2019-10-07T14:41:19-05:00

[email protected]

none

Nicolás Marín Navas

Mundo Destinos

Montreal, una ciudad abierta a las diferencias

46

9616

9662