Movimientos de precisión

Interpretando los aires del tiempo desde 1875, Audemars Piguet se ha ganado un espacio en la respetada cofradía de la alta relojería suiza. FranÇois-Henry Bennahmias, presidente de la compañía para Norteamérica, echa un vistazo al presente y el futuro de la marca.

Ser atendido como nadie más en el mundo es la máxima de lujo para François-Henry Bennahmias. Y ese, asegura, es el tipo de servicio que ofrece Audemars Piguet. Bennahmias nació en París y llegó a ser golfista profesional. Ocupó la posición 25 en el ranking del tour francés de golf y desde ahí tejió una red de contactos que lo llevaron a desempeñar cargos en firmas como Giorgio Armani, Les Copains y Vilebrequin. En 1994 inició su carrera en Audemars Piguet y fue responsable de la marca en Francia, Alemania, España, Italia, Australia, Malasia y Singapur. En 1999 fue promovido como presidente para Norteamérica y a sus responsabilidades se ha sumado la dirección de mercadeo para América Latina.

Vive en Nueva York, una ciudad en la que dice “no hay un final para nada; ni para una noche, ni para un negocio y en la que todo es posible”. Aunque recuerda sus años como golfista, lo suyo ahora es el póker. Lleva dos años participando en el campeonato mundial y sueña con ser algún día el campeón. Mientras lo logra, analiza los vaivenes del mercado y no descuida ni un detalle de su estrategia para que la operación de Audemars Piguet en el continente siga funcionando con la precisión de un reloj suizo.

¿Qué lo ha sorprendido de la operación de Audemars Piguet en América Latina?

Mi primer viaje a Latinoamérica me hizo caer en la cuenta de cuánto se aprecia la marca en la región. No sabía que fuera así; me llevé una gran sorpresa.

¿Cuál es el desafío más grande en tiempos de crisis?

Enfrentarnos a la tormenta lo mejor que podamos. Entender que hemos sido afectados, como todos los demás. Mientras tanto lo que podemos hacer es asegurarnos de ofrecer el mejor servicio posible y mantener nuestra creatividad. Es por esto último que la gente nos adora. En marketing, tenemos que mantener nuestra diferencia porque somos una compañía orientada al estilo de vida, presente en los deportes, en el mundo del entretenimiento y en la cultura.

Audemars Piguet ha sido reconocida por utilizar e ingeniar nuevos materiales...

Sí, y en el futuro veremos aún más innovación. En estos momentos estamos trabajando, por ejemplo, en un nuevo material que no se raya. Otro –que nunca se ha usado– saldrá en los próximos tres años. Aún no podemos revelarlo pero promete mucha calidad y un mejor diseño. Siempre estamos a la caza de innovaciones.

¿El mercado americano es más difícil que el europeo?

Sin duda alguna. Pero lo es para toda la industria. Las exportaciones de la relojería suiza a este mercado han disminuido en un 54 por ciento. Estamos trabajando en un presupuesto para el mercado americano que bajará en un 20 por ciento en comparación con el año pasado. Todavía tenemos una gran labor de educar a la gente sobre la cultura del reloj y creemos que hay mucho campo para crecer en este mercado.


¿A qué tipo de persona están dirigidos sus relojes, a quién le gustaría ver portando uno de ellos?

Es difícil identificarlo, el rango es bastante amplio. Estamos vendiendo en nuestra tienda en Nueva York regalos para los nietos, lo que significa que estos jóvenes están pidiendo de regalo de grado, por ejemplo, un reloj de nuestra marca. Audemars Piguet se está volviendo más joven, lo que es muy importante para nosotros. Pero si hablamos de personalidades, sería una persona de carácter fuerte que trabaja y juega duro, que consigue sus metas, que tiene una fuerte pasión por la vida y la quiere celebrar. Otra marca muy conocida, dice que uno nunca tiene un reloj sino que lo hereda, y se pasa de generación en generación. Nuestros clientes lo compran para satisfacerse porque trabajan duro y se merecen disfrutarlo. Quizá después piensen en darlo a sus nietos.

Si pudiera escoger un producto que representara a la marca, ¿cuál elegiría?

Sería nuestro próximo reloj que hace parte de la colección ‘Royal Oak Offshore’. Estos son cronógrafos de talla supergrande con los que hemos sacado ediciones limitadas como el Alinghi, el Rubens Barrichello o el Survivor. Representan la audacia que tenemos al buscar siempre nuevos materiales, nuevos diseños y nuevas formas que nos ubican en un lugar aparte de la competencia.

Por otra parte está la colección clásica ‘Jules Audemars Equation of Time’, que representa todo lo que somos. Cada pequeño detalle de ese reloj hace sentir al dueño como si fuera un único producto por el nivel de personalización. Pueden por ejemplo ajustar el amanecer y el atardecer en cualquier parte del mundo, las iníciales se pueden grabar (trabajo preciso porque se calcula el peso de las letras pues una L es menos pesada que una H para asegurarse de que el reloj esté perfectamente balanceado). Es lo último en personalización.

¿Cuál otra marca sería su mayor competencia?

Patek Philippe sería esa marca. Sin embargo, es muy conservadora, ellos hacen cosas que nunca haríamos y viceversa. Podemos estar equiparados en precios, en calidad, en oficio. Es como una carrera de ventas, unos por el lado derecho, los otros por el izquierdo para llegar al mismo lugar al final. Pero hoy en día la competencia puede ser cualquier cosa y no necesariamente tiene que ser una compañía relojera. Puede ser un viaje, un auto, un bote o una joya teniendo en cuenta que el valor de un reloj puede equipararse a muchas de esas cosas.

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