El milagro de Spyker

Elaborando autos artesanalmente, Victor Muller resucitó Spyker 74 años después de que la compañía entrara en quiebra.

Los pocos carros que fabrica cada año van a los garajes de los coleccionistas, y con su último modelo, el C8 Aileron, pretende mantener viva una de las marcas más tradicionales de Holanda.

Victor Muller siempre quiso ser biólogo, por eso se divierte tanto observando aves en las inmediaciones de su cuartel general en Zeewolde, Holanda, o en cualquier país del mundo. Aunque se graduó como abogado de la Universidad de Leiden, buena parte de su carrera la ha dedicado a la reestructuración y rescate de compañías en problemas, como lo hizo en la década de 1990 con el grupo de moda holandés McGregor y el resurgimiento de Spyker.

Spyker fue fundada hacia 1890 por los hermanos Hendrik y Jacobus Spijker, quienes iniciaron su carrera como fabricantes de carruajes de lujo. El más ostentoso, bañado en oro, fue construido para la reina
Wilhelmina de los Países Bajos y aún es utilizado en ocasiones especiales por la realeza holandesa. En 1898 tuvieron su primer acercamiento con los automóviles y fabricaron una carrocería a la que le instalaron un motor alemán Benz.

En 1903, Spyker introdujo el modelo 60/80 HP, el primer automóvil de la época con un motor de seis cilindros y frenos y tracción permanente en las cuatro ruedas. Para 1907, pese a la muerte de Hendrik Spijker, los autos ya habían alcanzado el éxito en Gran Bretaña y las colonias holandesas del este. Su reputación se hizo mayor después de que ese mismo año el modelo 14/18HP Tourer, piloteado por el francés Charles Godard, obtuviera el segundo lugar en el famoso Rally Pekín-París, una competencia que sólo finalizaron cuatro coches y que fue ganada, con 20 días de diferencia, por el príncipe Scipione Borghese, a bordo de un Itala 35/45 hp.

Poco antes de iniciarse la Primera Guerra Mundial, el mercado de autos de lujo entró en depresión. Spyker empezó a cambiar de manos y, al igual que otras marcas, terminó produciendo aviones. Entre 1914 y 1918, junto con la Fábrica de Aviones Holandesa, la compañía construyó alrededor de 100 aviones de combate y 200 motores. Después de la guerra, la firma reinició la producción de automóviles y sus modelos, como el Spyker Aerocoque de 1919, terminaron pareciéndose más a un aeroplano que a un automóvil.

El modelo más famoso de Spyker vino entrada la década de 1920 y fue bautizado como C4. Tenía un motor poderoso construido por el ingeniero alemán Wilhelm Maybach y en 1921 alcanzó un récord al ser conducido constantemente durante 36 días y cubrir una distancia de 30.000 kilómetros. El famoso piloto británico Selwyn Edge también subió a él y obtuvo otra marca al lograr una velocidad promedio de 119 km/h en la Brookland’s Double Twelve de Gran Bretaña.

Pero Spyker siempre falló al requerir grandes inversiones y producir pocos y muy costosos automóviles. En 1925, después de haber fabricado unos 2.000 vehículos, entró en quiebra, hasta que 74 años más tarde Maarten de Bruijn y Victor Muller compraron la marca para construir vehículos deportivos de altas prestaciones fabricados a mano con los mejores materiales.

En octubre de 2000 presentaron el Spyker C8 Spyder en el Motor Show de Birmingham y en febrero de 2001, con el C8 Spyder Laviolette, un cupé con aires de jet, captaron la atención en el Motor Show de Amsterdam. En 2002, la marca ingresó a competir en el campeonato GT2 y en 2004 Spyker realizó una oferta pública de acciones. Un año más tarde Bruijn abandonó la compañía.

Además de lanzar varias versiones de su C8, Spyker presentó en 2005 el C12 LaTurbie, con un motor de 6 litros y 12 cilindros provisto por Audi. En 2007 vendría el C12 Zagato y más recientemente el C8 Aileron, presentado en marzo pasado, con un costo de 190.000 euros la unidad.

Actualmente, Spyker, que produjo 43 carros en 2008, es una compañía pública que cotiza en la bolsa de valores de Amsterdam pero sus mayores accionistas son el millonario ruso de 35 años Vladimir Antonov (30%); la firma Mubadala, perteneciente al gobierno de Abu Dhabi (20%); el fondo de inversión Gemini (10%) y Victor Muller (10%).

En la nueva era, la compañía también ha atravesado por problemas financieros. El más reciente, en 2006, fue producto de la compra del equipo Midland F1 Racing Limited. Muller logró su sueño de entrar a la Fórmula 1 pero la decisión le costó más de 100 millones de dólares y la liquidez de la compañía. Afortunadamente encontró un comprador, Orange India Holding, del empresario indio Vijay Mallya y el holandés Michiel Mol, con quienes cerró la venta en septiembre de 2008 y recuperó buena parte del dinero.

Después de la crisis, Muller regresó a lo que mejor sabe hacer: construir algunos de los automóviles artesanales más fascinantes de los últimos tiempos.


Victor Muller en siete preguntas

¿Quiénes compran sus carros?

Nuestros compradores son empresarios independientes, todos millonarios, y últimamente celebridades del deporte y los medios.

¿Qué hace a los modelos de Spyker tan apetecidos por los coleccionistas?

Los Spyker simplemente son diferentes. Su producción es limitada, realizada totalmente a mano y sus acabados son exquisitos. Estos nos ponen en otro nivel frente a las marcas de superdeportivos fabricados en serie. Nuestros clientes quieren algo diferente, personalizado y más exclusivo.

¿Han dejado de vender vehículos debido a la crisis económica mundial?

La crisis de crédito que estamos experimentando hasta ahora ha tenido poco efecto sobre Spyker. Calculamos que la mayoría de nuestros clientes poseen fortunas promedio de 50 millones de dólares. Las ventas no se han quedado dormidas considerablemente. Incluso muchos de nuestros distribuidores se quedaron sin autos a finales del año pasado. Sin embargo, no estamos tan confiados, una baja en ventas todavía puede ocurrir.

¿Cuál es la estrategia de Spyker?

Básicamente, lo que buscamos es tener coches exclusivos y deseables. La producción en serie está fuera de nuestra imaginación y se llevaría por delante nuestra imagen convirtiéndonos en una alternativa más del establecimiento como Ferrari, Aston Martin, Bentley y Lamborghini. Nosotros no competimos con ellos.

Buena parte de su vida estuvo dedicado a industrias diferentes a la automotriz. ¿Qué aprendió de ellas?

Aprendí que el principio básico de los negocios siempre es el mismo: ventas menos gastos, igual beneficios. La industria automotriz no es la excepción.

Fabricar autos deportivos exóticos no es un negocio fácil. ¿Dónde encuentra el placer en un reto de esta magnitud?

El placer está en crear precisamente eso: autos exóticos con una belleza que es internacionalmente aclamada y que además es deseable y apreciada por personas con buen gusto. Amaré este negocio hasta la muerte.

¿Qué autos no pueden faltar en una buena colección?

Para que sea una buena colección siempre debe tener un Alfa Romeo 8C de los años 30, un Bugatti Type 57 Supercharger, un Ferrari de competición, como el 250 Monza de los 50, y por supuesto un auto moderno y artesanal, como el Spyker C8.

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