Un sueño en marcha

Hace 30 años, con apenas 40 alumnos, nació la universidad con la que soñaron dos grandes amigos: el líder conservador Álvaro Gómez y el abogado Rodrigo Noguera Laborde.

/ Archivo particular

El dirigente conservador Álvaro Gómez soñaba con fundar una revista al estilo La Quincena Política. Pero su amigo Rodrigo Noguera Laborde lo convenció, cuando ambos rondaban los 65 años, de que el país no necesitaba otra tribuna de papel para las ideas, sino una universidad. Corrían los turbulentos años ochenta y ambos cargaban bastantes batallas políticas y académicas sobre los hombros. La idea muy pronto comenzó a materializarse.

Con el apoyo de líderes políticos (entre ellos el presidente Julio César Turbay) y luego de superar algunos obstáculos burocráticos, inauguraron con 40 alumnos la primera facultad de la Universidad Sergio Arboleda, en 1985.
Rodrigo Noguera Calderón, hoy rector de la institución, recuerda a su papá repitiendo una vez tras otra que Colombia necesitaba formar a los abogados y a otros profesionales en las ideas del humanismo, de la cultura y la historia. Se quejaba de la formación excesivamente técnica que recibían en otras instituciones. Le resultaba inconcebible que un profesional desconociera el pasado de su sociedad. ¿Cómo iba un abogado a entender la lógica oculta en las normas si no conocía las raíces culturales de sus gentes?

“Para que un abogado pueda servir a la sociedad tiene que conocer su cultura”, es lo que escuchaba el actual rector decir a su padre una y otra vez. De ahí que la carrera de derecho naciera con un fuerte complemento de filosofía e historia en el pénsum. Tampoco se concebía que no dominaran las reglas básicas de la gramática y que no cultivaran la lectura.
Tras esa primera etapa de crecimiento y consolidación, y cuando la universidad comenzaba a destacarse como un centro académico de buena reputación entre los jóvenes colombianos, comenzó una segunda etapa: la internacionalización.

“Fuimos una de las primeras universidades que comenzaron a ver qué pasaba en el resto del mundo. Nos fuimos a Estados Unidos, a Europa y a Australia”, recuerda Noguera. Inauguraron los programas de doble titulación con diferentes instituciones. Hoy figuran en la lista de alianzas internacionales de centros académicos tan importantes como las universidades de Chicago, de Michigan y de Singapur. “Al año traemos alrededor de 200 profesores extranjeros a la universidad”, dice su rector.

Por supuesto, sufrieron traspiés. Uno de ellos cuando impusieron a los alumnos la obligación de completar cursos de inglés y garantizar con un examen el aprendizaje básico de un segundo idioma. Ese año, unos 200 alumnos molestos con la nueva exigencia se retiraron de la universidad.
Pero el mundo va de prisa y las universidades aprendieron que la única forma de seguir ese compás global es una constante innovación. Luego de repesar el legado de su padre, Rodrigo Noguera se acomoda en la silla de una sala de juntas y piensa en lo que viene para la universidad, que hoy cuenta con 8.000 estudiantes distribuidos en 3 escuelas, 16 programas de pregrado, 23 especializaciones, 5 maestrías y un doctorado.

“La innovación no es sólo en tecnología”, dice, “también tiene que darse en derecho y en ciencias sociales. El abogado de hoy ejerce en cualquier parte del mundo. La forma del ejercicio profesional es distinta y permite que el abogado antes condenado a su propio Estado ahora pueda ejercer en otras partes”. Esa imposición de un mundo globalizado llevó a los directivos de la institución a rediseñar todos los currículos y la estructura de la universidad pensando en formar “un profesional global”.

El sueño de su padre y de Álvaro Gómez ya está cumplido. El reto, sabe bien, es mantenerlo vivo. Y trabajar para que siga creciendo y haciendo realidad los sueños de cientos de jóvenes colombianos.