Utopía, un laboratorio para reinventar el campo

La Fundación Bancolombia y la Universidad de La Salle unieron esfuerzos para transformar la realidad de campesinos emprendedores que le están
demostrando a la juventud rural porqué vale la pena cultivar la tierra.

La mitad de los campesinos colombianos vive en la pobreza, el 17% no sabe leer ni escribir, solo el 42,6 % de las Unidades Productoras Agropecuarias en el país tiene acceso a servicio de acueducto, el 6% al de alcantarillado y cerca del 18 % debe funcionar sin electricidad. Cifras arrojadas por el Censo Nacional Agropecuario que evidencian la dura realidad que afrontan quienes viven de trabajar la tierra y que explican, en gran parte, porque las nuevas generaciones prefieren buscar un mejor futuro en la ciudad.
 
Sin embargo, ingenieros agrónomos como Jaime Coba están convencidos de que lo que necesitan los campesinos es un impulso, tanto económico como educativo, para seguir apostándole con entusiasmo a este sector que en lo corrido del año ha desacelerado su crecimiento, pero que es clave para la economía.
 
De hecho Jaime es uno de los beneficiarios del esfuerzo que se está haciendo desde el sector privado por fortalecer el campo y darles herramientas a quienes lo trabajan para que sueñen en grande y se conviertan en ejemplo de los jóvenes y en una motivación para quedarse en sus tierras y trabajar por ellas. Gracias al programa de la Fundación
Bancolombia Becas Sueños de Paz, y a Utopía, de la Universidad de La Salle, pudo formarse como ingeniero agrónomo y sacar adelante su empresa Clínica Agropecuaria JL S.A.S, una distribuidora de insumos agrícolas para piñas, que además brinda asesoría técnica a los productores de piña y otros cultivos.
 
Actualmente, explica Jaime, se están gestionando alianzas con otros gremios productivos y la consecución de recursos financieros para crecer la operación que en el momento cuenta con un cultivo de 50 mil piñas. “Trabajar por Colombia es una de las pasiones más grandes y no descansaremos nunca”, dice emocionado.
 
Cuando comenzó el programa Becas Sueños de Paz, la meta era beneficiar a 300 personas de 12 departamentos cada año. Hoy en día ya son más de mil los beneficiarios en 30 departamentos del país, que al igual que Jaime han encontrado en esta ayuda la posibilidad de aprender, graduarse como profesional y sacar adelante un emprendimiento que impacta la región en la que vive.
 
Para poder acceder a estas becas —las inscripciones no se encuentran abiertas para el público en general—es indispensable haber cursado el primer año del programa, tener un promedio acumulado de 3,5, estar entre los 16 y 25 años de edad, pertenecer a alguna de las universidades elegidas por la Fundación, y que esa institución promocione las convocatorias internas de la mano con la Fundación Bancolombia, entre otros requisitos.
 
Frank Isneider Fierro es otro de los beneficiarios de Becas Sueños de Paz. También se graduó como ingeniero agrónomo y hoy en día es propietario de un cultivo de plátano de una hectárea en la que crecen 1.280 plantas. Desde que entró a estudiar tenía la idea de demostrar el potencial del campo. “Colombia es un país con vocación agrícola, no tiene lógica que se está dejando el campo solo. Los jóvenes deberían quedarse como un relevo generacional, pero la realidad es que están emigrando a las grandes ciudades”.
 
Sin embargo, está convencido de que puede aportar un granito de arena para el desarrollo agrícola de su región desde su terruño, Planadas, Tolima, e inspirar a los actuales productores y a los jóvenes que vale la pena el trabajo agropecuario, pero siempre en sintonía con la protección al medio ambiente. Precisamente Utopía, el programa de la Universidad de La Salle, está enfocado en la educación superior rural y en garantizar una formación integral que favorezca la permanencia de los jóvenes en su territorio y que estos desarrollen procesos de calidad que cierren las brechas entre la ciudad y el campo.
 
De la mano con el programa Becas Sueños de Paz se han convertido en una poderosa alternativa para que los jóvenes colombianos que se encuentran en las zonas rurales tengan un futuro mejor y sientan ilusión de la labor que están adelantando y que segura- mente contribuirá a transformar la realidad del agro en el país.