"Si vamos a decidir sobre la vida y la muerte, vamos a hacerlo juntos": Claudia López

hace 9 horas
Por: Fernando Araújo Vélez
El Caminante

Estar haciendo

Le propongo a usted un recorrido, no un fin. Un transcurrir, no una meta. Un ir en busca de, no una victoria, aunque sepa muy bien que llevo las de perder, pues voy de derrota en derrota, eso es cierto, pero precisamente por esas derrotas, continúo. Como decían por ahí, Ya no tengo nada que perder y, sobre todo, no tengo nada que perder de este perder humano, dado por humanos, definido por paradigmas creados en oficinas de marketing o publicidad por mercenarios de la moda que deciden e imponen lo que es perder y ganar, lo que es el éxito y el fracaso, con la robótica anuencia de una sociedad que hace tiempo, mucho tiempo, dejó de pensar en realidad lo que son el éxito y el fracaso, y peor aún, en lo que son Su éxito y Su fracaso. Por eso le propongo un recorrido, un simple recorrido en el que no haya ni vencedores ni vencidos.

Un simple recorrido en el que lo que importe sea hacer, o estar haciendo. Crear y estar creando. Descubrir y estar descubriendo. Un ir con pasos cortos y lentos para escuchar nuestros pasos, nuestras voces si es que hablamos, para ver las piedras y los tréboles de cuatro hojas, para ser conscientes de que en el movimiento todo se transforma, comenzando por nosotros mismos. Un seguir yendo y un seguir creando y detenernos de cuando en cuando en la mitad del camino para grabarnos lo que hemos hecho y poder recordarlo siempre, desentrañando la plenitud de cada momento, convenciéndonos de que cada una de las líneas de un dibujo, o cada una de las palabras de un texto son esenciales en el instante en el que las plasmamos, y luego, en el desarrollo de la obra, y más luego, en la obra completa. Cada línea y cada palabra son parte de lo que somos, aunque lo dudemos. Cada paso, también.

Le propongo ignorar las metas, la producción, los horarios, los premios, las mediciones, los turnos, los cargos, las calificaciones, las reglas, las prohibiciones, y volver a elegir por nosotros mismos si cruzamos hacia la izquierda o hacia la derecha, si nos metemos a ver una película de cine continuado, como decía una canción, si nos sentamos en la banca de un parque a mirar la tarde o si leemos a dos voces un poema de Huidobro. Le propongo, en últimas y en síntesis, que seamos capaces de armar pequeñas revoluciones a partir de nuestras decisiones y nuestros actos, no desde las sugerencias de las máquinas y sus promotores.

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