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La muerte del cantante Yeison Jiménez, ocurrida el pasado sábado 10 de enero tras un accidente en una avioneta en Paipa, Boyacá, mantiene en luto a la música popular colombiana. En medio de los mensajes de despedida y los homenajes que se han multiplicado en redes sociales, también han cobrado relevancia distintas facetas de la vida del artista más allá de la música, entre ellas su estrecha relación con los caballos, una pasión que lo acompañó desde la infancia.
Más allá de los escenarios, Yeison Jiménez construyó una relación íntima con los equinos, una afición que, según contó en una entrevista emitida por el programa “La Red”, de Caracol Televisión, el 2 de octubre de 2022, nació desde su infancia en Manzanares, Caldas. En ese espacio televisivo, el cantante relató que creció observando los caballos de un vecino y que, aunque de niño nunca pudo montar uno, soñaba con tener un ejemplar propio. Incluso recordó cómo, con apenas ocho años, se sentaba en el parque del municipio a hojear revistas de criaderos que conseguía prestadas.
Con el paso de los años y tras consolidar su carrera musical, Yeison Jiménez logró materializar ese sueño. De acuerdo con lo contado en “La Red”, el artista llegó a tener un criadero conocido como “Criadero la Cumbre YJ” con más de 28 caballos, en el que reunía ejemplares considerados “muy clásicos” y representativos de las mejores razas del país. La raza predominante en su criadero era el Paso Fino Colombiano, reconocida por la elegancia y precisión de su andar y muy valorada en competencias y exposiciones.
Durante la entrevista, el cantante explicó que conocía a cada uno de sus caballos y que identificaba con claridad su personalidad. Mencionó, por ejemplo, a Junior Jiménez, un potro que nació el 26 de julio, misma fecha de su cumpleaños. También habló de una yegua a la que describió como “La creída”, en alusión a su porte y carácter.
El vínculo con cada uno de estos animales era profundo. En esa misma entrevista, Yeison Jiménez confesó que la muerte de algunos de sus caballos lo afectó de manera intensa. Recordó que la pérdida del primer ejemplar lo llevó a llorar durante días y que otra muerte, justo cuando una potranca iba a debutar en pista, fue especialmente dolorosa. También explicó cómo, junto con los cuidadores, estaban atentos a cualquier señal de enfermedad, desde la falta de apetito hasta cambios en el comportamiento.
Para Jiménez, su criadero representaba un espacio íntimo y personal. Allí, según contó en el programa “La Red”, dejaba de lado su faceta como artista para reconectarse con el niño que soñaba con tener su propio caballo. “Cada quien tiene lo que lo llena, lo que lo hace sentir feliz. A mí, la verdad, son los caballos”, expresó entonces.
Hoy, tras su fallecimiento, ese lado menos visible de Yeison Jiménez cobra un nuevo significado para sus seguidores. Mientras el país lamenta su partida y Manzanares declaró tres días de duelo en honor al cantante y a Jefferson Osorio, su booking manager también fallecido en el accidente, la historia de sus caballos permanece como parte del legado íntimo de un artista que encontró en los equinos una de sus mayores fuentes de alegría y conexión personal.
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