Conflicto armado en Colombia: antiguos enemigos hablan sobre la verdad de la guerra

hace 1 hora
Por: Augusto Trujillo Muñoz

Explosiones sociales

Manuel Castells, el conocido científico social español, estuvo hace pocos días en Chile. Se refirió a lo que él llama crisis global de la democracia liberal, que se manifiesta en las explosiones sociales que se producen en distintas partes del mundo y muestran “una ruptura fundamental del vínculo que ha existido entre gobernantes y gobernados”.

Según informe del Pnud citado por Castells, el 83% de los latinoamericanos piensa que sus gobernantes no les representan. Pero ese es un fenómeno global. Menciona el caso de Islandia, la primavera árabe, los sucesos de Francia. “Entre 2010 y 2012 hubo explosiones sociales en más de cien países y en más de dos mil ciudades”.

Si el Estado responde con represión o, simplemente no responde, llega un momento de explosión social. Pero no necesariamente los manifestantes son violentos. Más bien, se sienten violentados. Según Castells, no tienen inspiración ideológica. En Francia, donde las ideologías han sido omnipresentes, los chalecos amarillos tienen tan diversos intereses que no cabe esa motivación. Este mundo plural vive un cambio profundo: Las redes son un espacio natural de la política.

Castells concluyó diciéndole a los chilenos: “No piensen que con medidas represivas esta situación va a resolverse. Cuando, en la percepción de quienes se movilizan, no hay respuestas justas, aparecen las explosiones sociales. Detrás de las que se han presentado en Chile hay causas profundas, que solo puede encontrar la sociedad chilena”. He comprobado, agregó, que existe una palabra común subyaciendo tras el reclamo social en todos los lugares del mundo actual: Dignidad. Por lo tanto, las respuestas policiales no bastan; exacerban el ánimo ciudadano y estimulan nuevas explosiones sociales.

En medio de la crisis de confianza aparecen, por distintas causas, explosiones sociales similares en Hong Kong o en Beirut, en África del norte o en América del sur. Unas u otras van a depender de si existe o no cultura de la democracia en los miembros de la respectiva sociedad y, sobre todo, en sus elites. Es preciso construir visiones de convivencia y adaptar los imaginarios colectivos a las nuevas realidades.

No se puede seguir midiendo el desarrollo en términos de crecimiento del PIB, del producto per cápita, de la competitividad. Según Castells ese despropósito se mantiene porque las estadísticas están así diseñadas: Los planificadores prefieren achicar el pensamiento a modificar formas de medición inadecuadas u obsoletas. Por ejemplo. la economía chilena creció, el año anterior, un 4% y la colombiana un 3.6%. Bolivia creció cerca del 4.5%. Fue el registro más alto de América del sur. ¿Cuál es el significado de esas cifras, frente a las explosiones sociales ulteriores?

Escribí estas líneas antes de que pudiera conocerse cualquier resultado de la jornada de ayer. Pero, en cualquier caso, la movilización es un síntoma, no es el problema de fondo. Por eso hay voces de especialistas, incluso ortodoxos, que aconsejan revivir elementos del Estado de bienestar. Y, sobre todo, superar la confrontación que se empeñan en estimular los mismos gobiernos de la región. Por Dios: Los países de América del sur necesitan consensos políticos adentro y afuera de sus fronteras.

@Inefable1

* Exsenador, profesor universitario.

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