Desde su perspectiva

El cortometraje ‘Solecito’ muestra el reencuentro de dos jóvenes de 16 años y se presentará en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes.

Maicol y Camila son los protagonistas de ‘Solecito’, una historia que nace del fin de su relación. / Cortesía
Maicol y Camila son los protagonistas de ‘Solecito’, una historia que nace del fin de su relación. / Cortesía

Maicol está enamorado de Camila. Son caleños, los dos, y tienen 16 años. Fueron novios por un tiempo y terminaron su relación. Ya no se hablan. Ahora van a reencontrarse y Óscar Ruiz Navia, un director de cine, va a filmar el reencuentro. De ese reencuentro va a surgir un cortometraje, menos de 20 minutos de ficción. Y ese cortometraje va a terminar en Cannes, presentándose en el Théâtre Croisett de la Costa Azul francesa, en la sección Quincena de Realizadores del festival. Ese es el final real de la historia, por lo menos por ahora, de una historia que empezó por un final.

Óscar Ruiz Navia estaba buscando actores para una nueva película en el Colegio Técnico Industrial Miguel Camacho Perea, en Cali. Los muchachos entraban por turnos, llegaba uno, luego el otro, y cada uno contaba su historia. Primero entró Camila y habló de Maicol, de cómo había terminado con él. Un tiempo después entró Maicol y habló de Camila, de cómo las cosas se habían acabado. La historia era la misma, contada desde perspectivas distintas: cada uno tenía su versión de los hechos.

A Ruiz Navia le impactó la coincidencia y se quedó pensando. Él mismo estaba pasando por algo similar. “Entonces, días después, se me ocurrió la idea de proponerles que si querían reencontrarse y hacer una película sobre eso”, afirma. Y ellos aceptaron montarse en ese barco.

“El proceso de creación fue algo muy sencillo. Le propuse a Maicol: bueno, tú vas a encontrarte con ella y le vas a decir que quieres volver. Y a Camila le dije: él va a venir a buscarte, tú vas a ver si quieres regresar con él. O yo no sé”, cuenta Ruiz. Y se aseguró de dilatar el reencuentro y de que ninguno de los dos se viera ni se hablara antes de que ocurriera. Esa fue la única preparación.

—¿Qué más, ve, todo bien? ¿Qué me cuenta? Cuénteme cómo le ha ido. ¿Ya está en vacaciones?

—Bien.

—¿Bien?

—Nada fuera de lo normal.

—¿No? Mmm, ya.

—¿Y a usted?

Y empieza Maicol a contar su historia heroica, entre risas, de cómo se cortó haciendo una cometa y de cómo le tuvieron que poner dos puntos en la mano. Camila, que al principio se mostraba seria y fría, se va animando con la narración de Maicol y empieza a reírse. Se toca la cara y se acomoda el pelo. Así es como se vuelven a encontrar.

Ellos eran los actores, pero no estaban actuando. No tenían un guión. “Cuando propicié el encuentro, se creó un momento de realidad muy fuerte que quedó capturado por la cámara”, afirma Ruiz. Las sensaciones estaban ahí, latentes, no tenían que representarlas. “Yo estaba investigando algo con eso —dice—. Me interesaba encontrar la manera de dirigir a un actor no profesional que se interpreta a sí mismo. ¿Cómo enfrentarse a una historia que es muy cercana a la vida real y ficcionalizarla? Quería afianzar mis estrategias, lograr que la vida de esa persona —casi— se confundiera con el cine”.

Pero no tenía ninguna pretensión, fue algo sencillo, casi personal. Ni siquiera sabía si iba a funcionar. Por eso se sorprendió cuando lo invitaron a Cannes y experimentó una sensación similar a cuando participó en el Festival de Berlín con su largometraje El vuelco del cangrejo: “Para mí, la experiencia de El vuelco fue como un sueño, me atrapó muchísimo, y lo que acaba de pasar con Solecito me recuerda ese momento. Se hizo de manera similar, de una manera muy austera, asumiendo muchos riesgos y creyendo en una forma de aproximarse al mundo, de construir películas”, sostiene.

Ni Maicol ni Camila se imaginaron que fuera a llegar a tanto, que su relación viajara tan lejos. En su modo de aproximarse al mundo, Óscar Ruiz se detuvo en algo a lo que otros le han quitado importancia: “Estar mal con un novio o una novia, una cuestión aparentemente tan simple, es un tema muy importante para un adolescente. El tema del amor es una cuestión muy humana, y a mí me parecía chévere plantearlo en un proyecto”. Mañana viaja a Cannes, a repetir historia, a mostrar la relación de Maicol y Camila desde su perspectiva.

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