El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El costo de la desnutrición infantil: menos aprendizaje, menos oportunidades

La desnutrición crónica infantil sigue siendo uno de los desafíos más complejos para Colombia. Ese fue el eje del conversatorio Nutrición transforma vidas, moderado por Fernanda Hernández, editora de Salud de Noticias Caracol, y que contó con la participación de Claudia Sánchez, directora de Asuntos Médicos de Abbott, y Viviana Fernández, de United Way Colombia.

Redacción foros

02 de junio de 2026 - 01:34 p. m.
Las panelistas coincidieron en que los programas más exitosos para enfrentar todo esto son aquellos que parten de las capacidades locales y convierten a las propias comunidades en protagonistas de las soluciones.
Foto: Cortesia
PUBLICIDAD

Cuando se habla de desnutrición infantil, es habitual pensar en niños con bajo peso. Durante años, las imágenes que llegaron a la televisión mostraron principalmente cuerpos extremadamente delgados, convirtiendo la balanza en el principal símbolo de esta problemática. Sin embargo, especialistas y organizaciones sociales han advertido desde hace algunos años que la desnutrición es un fenómeno mucho más complejo y que sus consecuencias no siempre son visibles a simple vista. Hoy, la preocupación también está puesta en una forma silenciosa de malnutrición que puede pasar inadvertida durante años: la desnutrición crónica. En estos casos, el problema no solo se refleja en el peso, sino también en el crecimiento, el desarrollo cognitivo y las oportunidades futuras de los niños.

Ese fue uno de los principales mensajes del conversatorio Nutrición transforma vidas, en el que participaron la pediatra y gastroenteróloga Claudia Sánchez, directora de Asuntos Médicos de Abbott, y Viviana Fernández, representante de United Way Colombia. El espacio estuvo moderado por Fernanda Hernández, editora de salud de Noticias Caracol.

“La desnutrición crónica está en nuestros niños, los impacta en el corto y en el largo plazo y esto significa un impacto también para nuestro capital humano en el presente y en el futuro”, afirmó Sánchez. Por su parte, Fernández recordó que la alimentación no debe entenderse únicamente como una necesidad biológica, sino también como un factor que influye en el bienestar integral de las personas. “¿Con qué estoy nutriendo mi cuerpo? Mi cuerpo me da la posibilidad de desarrollar mi potencial, de tener un bienestar emocional, de ser feliz”.

Para comprender la dimensión del problema es necesario empezar por una aclaración básica: la desnutrición es solo una de las formas de malnutrición. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), este concepto engloba tanto las carencias como los excesos y desequilibrios en la ingesta de nutrientes. Incluye la desnutrición, las deficiencias de vitaminas y minerales, así como el sobrepeso, la obesidad y otras enfermedades relacionadas con la alimentación. La desnutrición, a su vez, puede manifestarse como emaciación, insuficiencia ponderal o retraso del crecimiento, este último, por ejemplo, es considerado una de las principales expresiones de la desnutrición crónica.

Según la OMS, en 2022 alrededor de 149 millones de niños menores de cinco años en el mundo presentaban retraso del crecimiento, es decir, tenían una talla inferior a la esperada para su edad. La organización advierte que esta condición suele estar asociada a una desnutrición crónica o recurrente, así como a condiciones socioeconómicas precarias, problemas de salud materna, enfermedades frecuentes y prácticas inadecuadas de alimentación y cuidado durante la primera infancia. Además, señala que el retraso del crecimiento impide que los niños desarrollen plenamente su potencial físico y cognitivo.

Es más complejo de lo que parece

Durante el encuentro, las expertas insistieron en que la desnutrición crónica es un fenómeno mucho más complejo de lo que parece. Su origen puede rastrearse incluso antes del nacimiento y está estrechamente relacionado con factores biológicos, sociales, económicos, educativos y ambientales. “La adecuada nutrición materna es muy importante desde la gestación”, explicó Sánchez. No es un asunto menor. Según UNICEF, el embarazo es un periodo decisivo para prevenir la malnutrición, pues una mujer que presenta desnutrición durante la gestación tiene mayores probabilidades de dar a luz a un bebé con bajo peso, una condición asociada a múltiples riesgos para su desarrollo.

De acuerdo con la directora médica de Abbott, tras el nacimiento existe otra ventana crítica: los primeros 1.000 días de vida, que abarcan desde la concepción hasta los dos años de edad. Es una etapa determinante porque allí ocurre el crecimiento más acelerado del ser humano. “Es el momento donde más crece un niño. Cuando uno dice que más crece, siempre se imagina el peso y la talla, pero es incluso cuando más crece su cerebro, cuando más redes neuronales se hacen, cuando más sinapsis se generan”, señaló. Por esa razón, una nutrición insuficiente durante este periodo puede dejar secuelas que van más allá de la estatura. Puede afectar, por ejemplo, el desarrollo cognitivo, el aprendizaje, el lenguaje, las habilidades sociales e incluso las oportunidades futuras de los niños.

Sin embargo, la alimentación es apenas una parte de la ecuación. Fernández, de United Way Colombia, explicó que las condiciones en las que crecen los menores suelen ser igual de determinantes. El acceso a agua potable, energía eléctrica, servicios de salud, educación, conectividad y condiciones económicas adecuadas influye directamente en los resultados nutricionales, especialmente en las zonas rurales y rurales dispersas. “Alrededor de la nutrición hay temas emocionales, de protección con las familias, de saberes familiares, pero también temas estructurales”, afirmó. Se trata de entender la alimentación con una visión integral, como un proceso que involucra salud, educación, acceso a servicios básicos, acompañamiento familiar, protección social y oportunidades de desarrollo.

No ad for you

Las panelistas coincidieron en que el entorno familiar desempeña en esa línea un papel fundamental. La educación de madres, padres y cuidadores influye en las decisiones relacionadas con la alimentación, la estimulación temprana y el desarrollo infantil. “Depende cuáles van a ser las intervenciones que va a recibir ese niño, no solo desde el punto de vista nutricional, sino también de estímulo y desarrollo”, explicó Sánchez. A ello se suman otros factores menos visibles. Las infecciones recurrentes, por ejemplo, pueden agravar los problemas nutricionales. Según la especialista, cuando un niño se enferma con frecuencia necesita un mayor gasto energético para recuperarse. Si al mismo tiempo no recibe los nutrientes suficientes, el déficit se profundiza y se crea un círculo difícil de romper.

Por eso, las expertas insistieron en que combatir la desnutrición crónica exige una mirada integral. Además de garantizar una alimentación adecuada, es necesario fortalecer la educación de las familias, mejorar el acceso a servicios básicos, promover entornos protectores y generar condiciones que favorezcan el desarrollo infantil. Fernández recordó que la relación con los alimentos también tiene una dimensión emocional y social. “La alimentación también tiene una base emocional importante”. Comer no solo permite cubrir necesidades biológicas, sino que también influye en el bienestar, el aprendizaje, las relaciones con los demás y la posibilidad de desarrollar el potencial de cada persona.

No ad for you

La desnutrición también afecta el futuro económico

No actuar a tiempo tiene consecuencias individuales y también colectivas. Las expertas advirtieron que los efectos de la desnutrición infantil no terminan en la infancia ni afectan únicamente a quienes la padecen. Sus impactos se extienden durante décadas y terminan impactando a las familias, las comunidades e incluso a la economía de los países.

“Cuando uno impacta a muchos niños, impacta también a la comunidad y a lo que significa ese niño en su crecimiento, en el capital humano que significa para el país”, explicó Sánchez durante el conversatorio. La especialista recordó que la desnutrición crónica no solo limita el crecimiento físico, sino también el desarrollo cognitivo y el desempeño escolar. Esas dificultades pueden traducirse más adelante en menores oportunidades educativas y laborales. Según explicó, estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han encontrado que una persona que sufrió desnutrición crónica durante la infancia puede llegar a percibir hasta un 20 % menos de ingresos (salario) en la adultez. “ Por eso, esto tiene impacto en la productividad, en aspectos laborales y en el desarrollo del país”, señaló.

No ad for you

La relación, explicó, no es directa ni automática, sino el resultado de una cadena de efectos acumulados. Un menor desarrollo cognitivo puede afectar el rendimiento académico, limitar el acceso a estudios superiores o formación técnica y, en consecuencia, reducir las oportunidades laborales futuras. “Esta barrera que se le pone desde el punto de vista cognitivo va a impactar a cada individuo, pero también a su familia, a su comunidad y, por supuesto, al país”, afirmó la directora de Asuntos Médicos de Abbott Nutrición.

Fernández, de United Way, complementó que los efectos no se limitan al ámbito educativo o económico. Una nutrición deficiente durante la infancia también puede afectar el aprendizaje, la memoria, el sueño y otros procesos esenciales para el desarrollo. Citó estudios que han encontrado una estrecha relación entre la alimentación y la capacidad de aprendizaje de niños y niñas. A ello se suma un riesgo menos conocido: el de desarrollar enfermedades crónicas en la adultez. Cuando un niño enfrenta durante largos periodos una carencia de nutrientes, su organismo puede adaptarse a sobrevivir con muy poco. Ese fenómeno, conocido como “reprogramación metabólica”, hace que el cuerpo se vuelva más eficiente almacenando energía aún cuando después tenga acceso a más alimentos.

No ad for you

“Se vuelve ahorrador”, resumió Sánchez. Como consecuencia, algunas personas que sufrieron desnutrición en la infancia pueden tener un mayor riesgo de desarrollar enfermedades como obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedad coronaria y otras afecciones crónicas no transmisibles durante la adultez. Esto genera un nuevo círculo de impacto social y económico. Además de las pérdidas asociadas al aprendizaje y la productividad, suben los costos de atención en salud y la carga para los sistemas sanitarios.

Por eso, las panelistas insistieron en que la nutrición debe verse como una inversión y no únicamente como una necesidad básica. Garantizar una alimentación adecuada durante la infancia fortalece el desarrollo social, económico y humano de los países.

No ad for you

Entonces, ¿qué hacer?

Si hubo una idea que se repitió a lo largo del conversatorio fue que todo este panorama no puede abordarse con fórmulas únicas. Aunque existen lineamientos y políticas generales, las estrategias más efectivas son aquellas que entienden las particularidades de cada territorio y se construyen junto a las comunidades. Fernández explicó que las necesidades y desafíos pueden variar enormemente entre una ciudad, una zona rural o un resguardo indígena. Factores como la conectividad, las distancias para acceder a servicios de salud, las condiciones económicas, la disponibilidad de alimentos y las propias concepciones culturales sobre la alimentación influyen en la manera como debe abordarse el problema.

“No podemos llegar con respuestas homogéneas a todos los lugares”, afirmó. En el caso de las comunidades indígenas, por ejemplo, incluso la relación con los alimentos, la naturaleza y el cuidado de la salud responde a saberes ancestrales que deben ser reconocidos e incorporados en cualquier intervención. “Si llegamos desde afuera con otras perspectivas sin partir de ese conocimiento ancestral, no vamos a lograr sostenibilidad”, señaló.

No ad for you

Por eso, las panelistas coincidieron en que los programas más exitosos para enfrentar todo esto son aquellos que parten de las capacidades locales y convierten a las propias comunidades en protagonistas de las soluciones. Más que llevar respuestas prefabricadas en Bogotá, el reto consiste en construirlas de manera conjunta y lograr que permanezcan en el tiempo, incluso cuando las organizaciones que las impulsaron ya no estén presentes.

La educación ocupa un lugar central dentro de ese proceso. Sánchez, de Abbott, explicó que no basta con ofrecer apoyo nutricional si las familias y cuidadores no cuentan con herramientas para identificar señales de alerta o para adoptar prácticas que puedan mantenerse a largo plazo. En su concepto, la educación debe ser práctica, adaptada a las realidades de cada comunidad y acompañada de procesos de seguimiento que permitan evaluar qué tan efectivas están siendo las intervenciones. Ese seguimiento resulta especialmente importante porque la desnutrición crónica suele pasar desapercibida.

No ad for you

A diferencia de la desnutrición aguda, no siempre se manifiesta con una delgadez extrema visible. Muchas veces el principal signo de alerta es que el niño no alcanza la talla esperada para su edad. “Hay niños que se están pasando invisibles sin la intervención adecuada”, advirtió la especialista, quien insistió en la importancia de fortalecer los programas de tamizaje, control de crecimiento y desarrollo, y medición periódica de peso y talla.

Las expertas también coincidieron en que la respuesta al problema requiere la participación coordinada de múltiples actores. Estado, academia, organizaciones sociales, empresas privadas y comunidades tienen un papel que desempeñar tanto en la prevención como en la identificación temprana y el acompañamiento de los casos. “El trabajo intersectorial es lo que realmente puede cambiar el futuro de estos niños”, afirmó Sánchez. Fernández añadió que uno de los grandes desafíos para Colombia es lograr que las políticas públicas se traduzcan en acciones concretas y sostenibles en los territorios. “Hay que llevar la política a la cotidianidad de los territorios, al niño y a la familia de una manera práctica”, sostuvo.

No ad for you

Al cierre, todas coincidieron en que la nutrición infantil no puede entenderse como un problema aislado ni como una responsabilidad exclusiva del sector salud. Se trata de un desafío que atraviesa la educación, el desarrollo social y la economía. Por eso, la moderadora resumió el mensaje central de la jornada en una frase que condensó buena parte de la discusión: “El desarrollo y el futuro de un país se mide en centímetros”.

Por Redacción foros

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.