Luciano Villa: “Al Medellín lo querían los obreros”

Por las venas de Luciano Villa corre la sangre más roja y más intensa. Su vida está totalmente ligada al Medellín, el mismo que aprendiera a querer hace siete décadas, y que además le viene por herencia familiar.

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-Mi tío Enrique Villa Restrepo nació en la calle Colombia. Jugó en las canchas de los belgas, ahí al lado de otros amigos como el médico Samuel Uribe Escobar. Participó de la Copa Jiménez en los años 20. Mi tío fue unos de los fundadores del “Medellín de los ricos”.

Lo dice don Luciano, economista, que, entre otros asuntos, se siente orgulloso de haberse graduado en 1952, en la Universidad de Antioquia, donde “salía el que debería salir: el que estudiaba; no era por dinero ni apellido”.

Es una cálida mañana de septiembre y nos encontramos en una mesa del Centro Comercial Oviedo, casi su oficina desde que se jubiló y donde a cada día viene a tascar nostalgias con viejos amigos, a hablar de los temas de gobierno, de asuntos de economía. Claro que su predilecto fue, es y seguirá siendo el fútbol, del que dice estar al tanto, y que basta escuchar un momento para entender que no es en vano:

-Yo conozco el fútbol desde antes del profesionalismo en Antioquia. Lo conozco porque mi pasión fue el fútbol. Iba a verlo desde Los Libertadores, al frente de Tejicondor… en la América. Recuerdo que me daban cinco pesos para el tranvía y cinco pesos para la Frescola.

Se volvió una rutina de cada domingo en esos años cuarenta en que combinaba sus tareas académicas con la naciente afición por el balompié:

-Era estupendo ir al fútbol. Mucha gente, en promedio, 500 o mil personas. Incluso en tribuna especial había palcos, un señor De Bedout había alquilado indefinidamente uno e iba siempre con la familia. También había empresarios personales que traían equipos de Perú, el mejor Alianza Lima.

Pese a su cuna noble, o también por eso, Luciano se sintió atraído por el equipo Medellín Fútbol Club que era el principal animador de esas dominicales mañanas futboleras:

-Yo he sido irreverente. No me gustan los presumidos ni por plata ni por nada, y le cogí molestia al Unión Indulana, que lo manejaba un señor Cano, vendedor de paños, eran más pinchaditos. Ahí jugaba Osorio Vargas. Qué jugador. Fuimos compañeros del colegio. Jugábamos en el equipo del colegio. Pero me gustó el Medellín por eso: por ser popular. Mientras los otros tenían jugadores de familias ricas, al Medellín lo querían los obreros, creo que por los jugadores que tenían, que eran de oficios humildes como ellos…

Claro que le tenía que gustar el Medellín, fundado por su tío Enrique, a quien considera su “segundo padre”, un hombre apacible, sencillo en su vivir, a pesar de su valor intelectual y de ser presidente del BIC, caminaba del banco que gerenciaba hasta la casa, pues no le gustaban los carros.

Pero hubo otros asuntos que quizá influyeron en su amor por el equipo:

-Lo del Rojo también importaba por el renacer del liberalismo… es posible.

“¡Viva el gran partido Liberal, Viva el gran partido Liberal, Viva el gran partido Liberal! (Lo decíamos tres veces como Pumarejo)…

…y viva el Medellín… Y vivan las putas-termina y sonríe a carcajadas”.

Tenía si acaso 12 años, recuerda, cuando le tocó vivir una época de esplendor de nuestro fútbol donde usualmente se aparecían por la ciudad equipos internacionales, principalmente de Perú: aún comenta con gusto jugadas y goles de aquellos tempraneros años cuando en la ciudad estuvieron el Alianza Lima, el Chancay, el Sport Boys, disputando copas con los equipos de la ciudad.

-Con el Atlético Chalcao surgió una fantasía de la gente: nos ganaban 1-0 y terminando, el “Mico Zapata” pateó y rompió la malla y decían que era por su fortaleza…

Le gustó el Medallo desde esos años en que la gente se tornaba “apasionada”, y estuvo el día de los desórdenes, (abril del 44) en el clásico con Huracán, cuando la Policía disparó y hubo muertos y heridos.

-Recuerdo la primera vez que perdimos goleados, con Victoria: casi me muero ese día.

Llegó el campeonato profesional. Cambiaron muchos asuntos en nuestro fútbol, pero no el amor por el equipo. De hecho, Luciano Villa aún se pregunta la razón por la cual, el “Cura” Burgos, fundador del Medellín y de la Dimayor se dedicó a atacar desde su revista La Cátedra al que había sido su equipo como también todo lo relacionado con el profesionalismo de nuestro deporte.

-Y pensar que el Cura fundó la Dimayor… y ese Victoria, con goleada 5-1 le quitó la racha ganadora al Medellín en los cuarenta. Tenía un jugador, el Pato, centro delantero, grande; se frustró porque tuvo lesión y no pudo volver.

Con el Medallo comenzó a vivir el profesionalismo. Le correspondió en suerte ver a las figuras del Dorado que venían a enfrentar a los equipos de la ciudad. También le tocó ver que el Medellín, el equipo de sus amores, no pudo salir al campeonato del 53, y ese hecho habría de cambiar el rumbo del Medallo y un poco los ritmos de su vida. Con Luciano Villa comenzaron a escribirse páginas poderosas de nuestro equipo:

-Un día me llamó Alfonso Arriola y me dijo: Me acabande ofrecer la ficha del Medellín. Yo no tengo plata. ¡Yo tampoco! Llamamos a Luis Carlos Bravo que siempre desde Croydon ayudó el deporte, a Ignacio Gómez y a Javier Arriola, a Londoño y Cía, que eran agentes de bolsa. Ellos invirtieron. Yo les dije que entraba, pero con poquito pues no tenía con qué. Nos sugirieron al entrenador uruguayo Delfín Benítez que andaba por Colombia; jugador de Boca Juniors y ahora en Sporting de Barranquilla… trajimos a Toja.

De esta forma se hicieron al equipo más viejo y representativo de la ciudad. Comenzaba una nueva etapa donde el Medellín estaría de tú a tú con los encopetados Millonarios, Santa Fe y los equipos de Cali. Muy pronto tendría la fortuna de ver en el equipo a quien es considerado la máxima figura que ha vestido los colores rojo y azul de la capital antioqueña:

-El “Charro Moreno” llegó gracias al locutor Jaime Tobón de la Roche: en Ecuador hubo un cuadrangular y en la Universidad de Chile jugaba el Charro, cuando regresó Jaime de transmitir, nos contó que había visto a un gran jugador; “tiene sus años, pero no se le notan”, nos dijo. “Eso no se ha visto nunca en la vida”. Lo llamé, me presenté. Sabía de nuestro fútbol. Le hablé de la formación del equipo y le sonó. Llegó a los pocos días con vestido largo al Olaya Herrera, era un dandi.

Con el “Charro” en la nómina se dieron a la tarea de terminar de confeccionarlo:

-Con Delfín se armó el equipo. Toja que venía de Cúcuta, un caballero. Venegas, volante de Santa Fe, extraordinarios; de Cúcuta trajimos otro moreno… izquierdo, menudo. El Chema Méndez, precursor de los volantes jugando como alero, pero al ataque. Me acuerdo que nos ganamos una Copa Colombia; nos reforzamos con jugadores del Cali.

Cambiaron los nombres y no únicamente los de los jugadores.

-Hubo que ponerlo Deportivo Independiente Medellín porque no podíamos dejarlo como estaba por todas las deudas que traía. Nueva personería jurídica. En una gira por Centroamérica, creo que en Guatemala, abreviaron y lo dejaron DIM…

Luciano Villa considera que el mejor Medellín que ha visto es el de 1954:

-Fuimos a jugar con Alianza en Lima: Contratamos como refuerzo a los aleros Servino y a Vilarino, del Cali. La gente se moría por vernos. El “Charro” jugó hasta sin dormir, por petición del público. “Dame esa camiseta”, aunque ya había dicho que no jugaba. Alianza ganó Copa del Pacífico, nos ofrecieron plata para jugar y nos dieron mucho.

Luciano Villa es quizá uno de los testigos más fehacientes de la leyenda que se formó en torno al Charro, al “Fanfa” en su paso por el fútbol colombiano:

-Una vez vino un director de cine argentino y Luis Carlos Bravo nos invitó a comer, con el Charro y otros. Terminamos a medianoche. Y ese Charro nos hizo ir para Guayaquil, cuando Guayaco era bohemio y se conseguían músicos baratísimos y comenzó a tomar y a cantar.

Sostiene Villa que en Buenos Aires dicen que él acabó con la vida de muchos jugadores porque querían imitarlo en su comportamiento bohemio.

-Pero ellos no tenían el físico de él… “ninguno será como el Charro”, dijo Amadeo Carrizo.

Con el “Charro” en el DIM se escribieron las mejores páginas del equipo en aquellos años, aquellos tiempos poderosos. En su debut como Deportivo Independiente Medellín ganó el título del 55 y refrendó lo hecho en 1957, aunque el trofeo hubo que esperar hasta bien entrado el año 58 para recibirlo.

-En el 57, la Dimayor suspendió el campeonato porque le llevábamos tantos puntos al segundo que ya no era atracción para nadie.

El Medellín se consolidó como el equipo más popular de la ciudad y uno de los más importantes del país. Vinieron los años sesenta y otra historia se pretendió escribir. Historia donde Luciano Villa seguía tan presente:

-Para 1961 hicimos un equipo muy competitivo. El presidente era Alfonso Arriola, yo Vicepresidente. Un equipo carísimo. Lo manejaba “el Charro”, nos estábamos quebrando: un día le dije a Luis Carlos Bravo: aprovechemos que Alfonso se va unos días y le dimos un golpe de estado: quedo de presidente y echemos a todos esos sinvergüenzas que nos están arruinando. Y pensé que si se quedaba el Charro muy bueno, si no, conseguíamos un preparador y lo mejores jugadores de Antioquia que estuvieran en otros equipos. Y cada año, los mejores jugadores amateurs antioqueños. Y de esos 20 los dos o tres mejores… para que le muevan el corazón a la gente… “listo”, me dijo. “Hagámosle”. Se fue de vacaciones Alfonso y de una echamos un poco de gente. “El Charro” me llamó, que estaba indignado, que se iba… que renunciaba. No entendió. Se fue molestó en 1962 conmigo pese a que éramos amigos. Se molestó porque no le consultamos la echada de los jugadores.

Era una época en que se pasaba de tener en la nómina a los más grandes jugadores como el Charro Moreno, a jugadores todos de tierras antioqueñas. Cuenta Luciano que se iba a la cancha Marte y en una semana consiguió para el equipo a “Velitas” Pérez, a Oscar López, Conrado Arango… Pacho García, Pacho González, Mario Agudelo, a Moreno… Álvaro Molina.

-Qué entusiasmo en los primeros partidos, ganamos varios partidos, pero de un momento para otro, nos fuimos abajo. (Sonríe). Bueno, vino Alfonso, y lo dije: hombre yo no voy a sacrificar mi amistad con usted por esto… maneje el equipo, me fui, le vendí mi participación en 2.500 pesos, tengo escritura… y hasta luego.

Dice “hasta luego” pero sigue tan aferrado al equipo, transmitiendo ese amor por ese Poderoso:

-En mi familia todos somos del Medellín.

Si alguno resulta del Otro, ¿habrá que tomar medidas?

-Sin ninguna duda, hay que desheredar al que no lo sea.

Dice Luciano, sonríe y agrega:

-El DIM es del pueblo.

Atado que sigue a la divisa rojiazul, le queda tiempo para enumerar jugadores y momentos clave en la vida del equipo:

-Con el “Charro” Moreno, Seguinni, Ponciano, Grecco, serían los cuatro del pódium.

Dice Seguinni y a la mente de Luciano Villa llega una anécdota que hace parte especial en la vida del equipo:

-A Seguinni nos lo compró el Bologna de Italia, se fue a Europa con su señora de Medellín, y a los meses se nos apareció aquí… y esa noche jugábamos con el Racing de Argentina… llegó al camerino y entró e hizo gol… aunque era un amistoso nos iban a multar de la FIFA… él dijo que no se amañó allá por las concentraciones… demasiada disciplina.

Suena convincente dejar la férrea disciplina europea para regresar a un equipo donde imperaba la “disciplina del “Charro Moreno”, pero Luciano lo absuelve:

-El Charro como entrenador era bravo… no había mejor espectáculo que entrar al camerino y verlo… Ave María.

El Charro, Seguinni… ocupan un espacio muy importante en los recuerdos en torno al equipo rojo. Pero también enumera como si los tuviera siempre al lado, al Chonto Gaviria, al Mico Zapata, a los hermanos Irra, a Villa, A Fonnegra, al Bailarín Pirta, a Marín, a Abraham Restrepo, a Álvaro Santamaría, a la “Rata” Gallego, a Ponciano, a Mario Agudelo…

A sus ochenta largos años, el Medellín parece que le pone a borbotear más rápido y más intensa la sangre a don Luciano.

-Sigue siendo la preferencia de mi corazón. Todavía me pego mis borracheritas con mi hijo Santiago… cómo no recordar el equipo antioqueño del 63 y ese golazo de “Velitas” Pérez frente al Quindío. O los goles de Malásquez al Bucaramanga, desde la mitad de cancha o contra el Unión Magdalena: ah la Malasqueña…, Tobón Villegas me grabó el casete… qué fiesta.

Pero también recuerda el subtítulo de 1993, con gol de Carlos Castro.

-Ese campeonato fue robado porque hubo una invasión de la cancha… los goles del Júnior fueron con gente en la cancha. Faltó dirigencia…

Dice enérgico don Luciano pero pronto baja el tono:

-Igual me fui para la 70… nos quitamos zapatos y medias y nos envolvimos en banderas… la gente me conocía, me saludaba…

Pasaban los años, los títulos no llegaban, el paisaje del Atanasio fue cambiando, alejando a muchos:

-En el 2002, vi el título por televisión. Ya tenía nietos… entonces mejor wiskicito en la casa, tranquilo. El título del 2004 me costó regañó de la señora… se pasa uno de traguitos.

Dice don Luciano, tan sonriente y agrega que ningún momento tan presente como el logro del primer campeonato:

-Ave María: ese triunfo después de diseñar todo… Nunca creíamos.

Y vea.

*Este texto fue sacado del libro: Mi Medallo Una pasión cosida al alma.

*Texto de Guillermo Zuluaga Ceballos en su libro: "Mi medallo, una pasión cosida del alma".