Paternoster o el ángel del criollo

El que fuera “Marqués" entre otras cosas, ha hecho por estos lares algo muy criollo por cierto, la defensa de nuestro elemento nativo y la exaltación de sus méritos. Criollos que somos todos los descendientes de europeos nacidos en América

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Para Fernando Paternoster luego de doce años colombianos el problema es absolutamente claro:

-O Medellín o Buenos Aires -nos dice con la convicción de que no hay otro lugar donde gobernar la vida en la tierra.

El que fuera “Marqués" entre otras cosas, ha hecho por estos lares algo muy criollo por cierto, la defensa de nuestro elemento nativo y la exaltación de sus méritos. Criollos que somos todos los descendientes de europeos nacidos en América, no era expresión que justificara el experimento de Paternoster. Los de él, para diferenciar a los colombianos de los argentinos, uruguayos, peruanos y otros criollos de fútbol rentado de Colombia, fueron y son, y cada vez lo son más, “los criollos purísimos”, como quien dice sin gota de "gringo".

Paternoster sigue siendo un muchacho del fútbol porteño, sin posibilidad, claro está, de que se le pierda la tonada -aquí de mucho festejo- que adquirió en sus mocedades de Boedo.

-Me vine por tres meses y ya ve, son doce años me dice- El primer contrato fue para entrenar al equipo de los Juegos Bolivarianos en 1938. Me trataron muy bien. Luego me fui a Cartagena con la marina. Fui instructor de la marina y hasta estuvieron por hacerme capitán. Es decir, que querían asimilarme a ese grado.

Paternoster rodó por todos los clubes del país en los momentos duros, heroicos de este este fútbol hoy consagrado y pletórico.

-Fui fundador de Los Millonarios --me dice, Eran las épocas en que recaudábamos cinco pesos, ocho, diez cuando mucho. Había que luchar hasta imponer el fútbol como lo impusimos. Pero el comienzo fue muy duro.

En Medellín se asentó definitivamente. La ciudad donde murió Carlos Gardel es acogedora. agradable y sobre todo pujante. Tacita de plata blanca y pulcra, levantada sobre el valle del río Medellín, la riegan desde todas las colonias albas caídas de agua que las fábricas devoran en su afán de energía y progreso. Y por eso la ciudad a ratos no tiene agua.

Allí Paternoster es el "Che". y no un “che”, como que casi no hay otro. La placidez del clima, la belleza de la ciudad y la poesía de sus aledaños se han apoderado de él, aparentemente pasa siempre. Una temperatura de eterna primavera y una cancha de fútbol con mucho sol y sin fatiga es todo lo que un crack puede pedir. Eso, y los muchachos que Paternoster va tornando en estrellas. Doce años caen en vertical como las anclas, y además cuatro hijos colombianos son cuatro manojos de titánicas raíces.

La familia Paternoster, es pues, parte de Medellín.   Los "criollos purísimos” son los cracks auténticamente vernáculos del fútbol colombiano y no solo antioqueño. Los muchachos del Atlético Nacional, sin “estrellas importadas”, a “puro poncho", se han enfrentado con los grandes, el Deportivo Cali, Millonarios y otros magnates adquiridos a fuerza de certificados de cambio y de “cupo” oficial y en la lucha ha rodado algún bonete

-Al Cali le ganamos por 1 a 0. En cuanto les hicimos el gol, se acabó el partido ---nos dice Paternoster.

“Naturalmente los muchachos a veces se asustan de tener que marcar a un Di Stéfano, a un Pontoni. Son esas cosas. Pero usted sabe, el fútbol de hoy es toda marcación.

- Marcacion y trainning - Corrijo, y un poco de calidad no viene de más...

- Claro, pero con buena marcación se puede hacer mucho. Además a juventud y a correr, a los míos no les gana nadie. Lo que pasa es que son muy jóvenes ¿sabe? Ganaron en segunda, ganaron el torneo amateur y ahora la primera profesional les queda un poco grande. Pero el año que viene ya van a tener mucha experiencia.

Los "criollos purísimos” han sido una atracción especial dentro del torneo que acaba de pasar. Lo exótico es ese equipo de once colombianos, sin estrellas riverplatenses, ni "gringos” del “sistema” inglés. Un equipo sin místeres, sin "ches”, sin “ticos” --como los llaman a los costarricenses—, un equipo de purísimos criollos, pues. Todo corazón y garra.

¿Clasificación…? Últimos.

Pero el año que viene… dice Paternoster.