¿Futuro negro para el Amazonas?

Según un informe de la red amazónica Raisg, de no tomar medidas contra las actuales amenazas de esta región el “pulmón del mundo” se reduciría a la mitad en 2050. Colombia es el país que ha demarcado el mayor número de lotes para la exploración y explotación de hidrocarburos.

La Región Amazónica cubre una extensión de 7,8 millones de km2 sobre Brasil, Colombia, Bolivia, Ecuador, Guyana, Surinam, Venezuela y Guyana Francesa.
La Región Amazónica cubre una extensión de 7,8 millones de km2 sobre Brasil, Colombia, Bolivia, Ecuador, Guyana, Surinam, Venezuela y Guyana Francesa.

Entre 2000 y 2010 se suprimieron cerca de 240.000 km2 de bosque amazónico, el equivalente al doble del territorio amazónico ecuatoriano o al territorio completo del Reino Unido. Esta es la conclusión de un informe presentado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (Raisg) titulado “Amazonia bajo presión”.

Según el estudio, de continuar el ritmo de las actuales amenazas –principalmente la construcción de carreteras, la producción de hidrocarburos, la actividad minera y de hidroeléctricas– en 2050 podría desaparecer hasta la mitad del bosque amazónico actual.

“Si todos los intereses económicos que se superponen en los próximos años se concretizan, la Amazonia se convertirá en una sabana con islas de bosque”, dijo el coordinador general de Raisg, Beto Ricardo.

Martín Von Hildebrand, director de la Fundación Gaia, que representó a Colombia en la elaboración de este atlas, manifestó que de ocurrir esto aumentarían las temperaturas, se reduciría la posibilidad de encontrar plantas medicinales y se agudizaría la transmisión de epidemias por el aumento de temperaturas y la consecuente reproducción de insectos; todo esto mientras la Tierra perdería su capacidad de adaptación, lo que “costaría una fortuna y solo podrían recuperarla países con una economía muy fuerte”, sostuvo.

Según el director, el ritmo vertiginoso con el que acecha el cambio climático y con el que se degrada el Amazonas podría precipitar los pronósticos y generar graves secuelas en un tiempo mucho más cercano.

La Región Amazónica cubre una extensión de 7,8 millones de km2 sobre Brasil, Colombia, Bolivia, Ecuador, Guyana, Surinam, Venezuela y Guyana Francesa. En ella viven 33 millones de habitantes, incluyendo 385 pueblos indígenas.

Su intercambio de gases con la atmósfera libera el 50% del oxígeno necesario para la vida, es la generadora de las corrientes de calor que consiguen templar el clima del planeta y por sus entrañas corre el mayor sistema hidrográfico del mundo, el cual contiene las dos terceras partes del agua dulce disponible.

En la actualidad, de acuerdo al estudio de Raisg, las amenazas que pesan sobre la región muestran que los entornos de selva, diversidad y agua dulce están siendo reemplazados por paisajes degradados, sabanizados, erosionados y homogéneos. Además, los investigadores han observado una gran área de deforestación que se extiende desde Brasil hasta Bolivia, una zona de presión hídrica y explotación petrolera en la Amazonia Andina y un anillo minero en las periferias.

La apertura de caminos en medio del bosque amazónico, principalmente en Ecuador para la exploración de petróleo, obliga a una gran tala de árboles y pone en peligro el bienestar de las especies y el equilibrio climático. Los planes para conectar al Atlántico con el Pacífico aceleran esta presión.

El atlas también informa que Colombia es el país que ha demarcado el mayor número de lotes (102) para la exploración y explotación de hidrocarburos, mientras Perú tiene la superficie más extensa destinada al petróleo (84% de su Amazonía).
De otro lado, las zonas con intereses mineros suman 1,6 millones de km2 (el 21% del territorio amazónico), mientras existen 171 hidroeléctricas en operación o en desarrollo y 246 planificadas a punto de aprobarse.

En el estudio no fue posible incluir el análisis sobre los efectos de la minería ilegal y la extracción maderera y agropecuaria, sin embargo, según Martín Von Hildebrand, si estos factores se incluyeran, el panorama sería más adverso.
Según el director de Gaia, la importancia del atlas radica en que ofrece un panorama del Amazonas en todo su conjunto y esto permite la búsqueda de estrategias globales para su conservación, ya que “los ecosistemas, ríos y comunidades de un país como Colombia afectan a otros territorios y viceversa, por eso la solución no es de escritorio, ni de científicos, la solución es de todos”, explicó.