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Altanza, un capricho español

En 1998, varios viñateros tradicionales de Rioja Alta, en el norte de España, decidieron desafiar las tradiciones con las cuales se habían formado, apuntándole a la creación de una bodega de características desafiantes.

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Hugo Sabogal
15 de octubre de 2023 - 02:00 a. m.
Altanza, el nombre elegido, ha logrado, en los últimos 25 años, abrirse camino en un ambiente de alta competitividad, logrando una cota de producción de 1,5 millones de botellas, lo que no impide que la crítica los aplauda.
Altanza, el nombre elegido, ha logrado, en los últimos 25 años, abrirse camino en un ambiente de alta competitividad, logrando una cota de producción de 1,5 millones de botellas, lo que no impide que la crítica los aplauda.
Foto: Cortesía
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Se enfocarían (primer reto) en producir vinos de gran calidad, pero no orientados a los segmentos altos, sino accesibles a todo tipo de consumidor. Y en vez de comprar uvas a viticultores locales (segundo reto), adquirirían tierras propias para controlar todos los peldaños del proceso. Hoy, el 75 % de los viñedos es propiedad de los fundadores. Compran el 25 % restante de uvas provenientes de cultivos viejos, en Rioja Alta y Rioja Alavesa.

Contrariando la tradición de mezclar el Tempranillo con variedades riojanas, como Garnacha, Graciano y Mazuelo, se inclinaron (tercer reto) por el Tempranillo como único protagonista. De hecho, es el estandarte de sus siete tintos.

Además, en contraposición con la tendencia de utilizar barricas de roble americano para la crianza de los vinos (cuarto reto), optaron por el roble francés, el cual eleva el potencial de guarda de la Tempranillo, que permite elaborar vinos elegantes y respetuosos del terruño y del carácter frutado de la uva.

Como corolario, eligieron vender primero sus productos en el mundo en vez de concentrarse en el apretado mercado local. Hoy llegan a más de 50 mercados, con importantes avances en Asia, Canadá, Estados Unidos y Colombia, entre otros. Por último, ligar los vinos a la culinaria los ha convertido en favoritos de la hostelería.

Altanza, el nombre elegido, ha logrado, en los últimos 25 años, abrirse camino en un ambiente de alta competitividad, logrando una cota de producción de 1,5 millones de botellas, lo que no impide que la crítica los aplauda.

Su vino insignia es Altanza Colección de Artistas Reserva, un Tempranillo ciento por ciento, con 20 meses de crianza en barricas nuevas de roble francés. Este ejemplar exhibe un color violeta intenso y un abanico de aromas oscuros y terrosos, con notas ahumadas, balsámicas y minerales. Sus etiquetas se han dedicado a artistas españoles como Miró, Dalí, Gaudí, Goya, Sorolla y Velázquez, tres de cuyas pinturas adornan la última serie. “El tremendismo de Velázquez hizo armonía inmediata con este vino oscuro, profundo, complejo y estructurado”, ilustra Lucía Christensen, directora de exportaciones. “Nunca dudamos de que este estilo era la esencia de Velázquez”. Luminosidad vs. oscuridad. Las obras elegidas fueron Las Meninas, El triunfo de Baco y La Venus del espejo.

En los peldaños inferiores figuran Altanza Familia, discreto, potente y elegante; Club Altanza, aromático y expresivo; Altanza Reserva, seductor, equilibrado y elegante; Altanza Único, aromático, complejo y sedoso, y los Crianza, en los que el toque de roble nunca enmascara la fruta. Además, hay un Sauvignon Blanc que rompe paradigmas en Rioja, así como dos rosados y el revelador vermut Amillo, confeccionado con variedades y vinos de Jerez. Altanza es uno de esos casos donde marchar a contracorriente trae sus réditos.

* Importado por Grupo Éxito.

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