Una especie enigmática, fina y exótica. El azafrán ha sido, desde el antiguo Egipto, una de las plantas más codiciadas de la humanidad. Desde entonces, se le atribuyen poderes especiales para curar, aliviar dolores, rejuvenecer y otorgar inteligencia. Su misticismo llevó a Cleopatra, por ejemplo, a tomar baños seguidos de flor de Crocus (como también se llama al azafrán) para mantener intacta su belleza. Alejandro Magno lo usaba para sanar sus heridas después de cada batalla. Las calles de Roma también eran rociadas con su delicada fragancia cuando Nerón llegaba a la ciudad.
Como planta medicinal y especia, el azafrán se ha convertido en uno de los productos más fascinantes y costosos del mundo. Los expertos dicen que su peso vale en oro, porque su cultivo y su cosecha son difíciles, y requiere mano de obra intensa. Aunque Irán es el mayor productor de azafrán, países como España, Marruecos, India y Grecia también se encargan de que aquella delicada flor púrpura brote en sus tierras. Su siembra tiene lugar entre junio y julio. Su recolección se da entre octubre y noviembre y solo puede hacerse al amanecer, cuando la planta florece. Para producir un kilo de azafrán se necesitan cerca de 150 mil flores.
Su sabor y aroma penetrantes lo han convertido en la especia reina de la cocina mediterránea. Arroces, postres, pescados y hasta la icónica bullabesa francesa, se llenan de gracia y espíritu con el llamado oro rojo. Hasta los cocineros más experimentados creen que el azafrán es el toque secreto del éxito, pues ha hecho que platos, como la paella y la fideuá sigan siendo de talla mundial.
Otros datos
- Los fenicios utilizaban el azafrán para teñir los velos de las novias. Hoy, la costumbre no desaparece. En el Tíbet, por ejemplo, los monjes budistas lo usan para darles color a sus togas.
- Como condimento, los expertos recomiendan nunca ponerlo en el refrigerador, sellarlo bien y alejarlo de la luz.
Foto: Fher Valderrama.