En el pan caliente pueden parecer casi lo mismo: una capa que se derrite, aporta sabor y acompaña el desayuno. Pero esa similitud termina rápido cuando entran a una sartén, una salsa, una torta o unas galletas.
La mantequilla y la margarina no tienen el mismo origen ni responden igual al calor, y por eso elegir una u otra puede cambiar el sabor, la textura y el resultado final de una preparación.
La diferencia fundamental radica en su composición. Según The Kitchn, medio especializado en cocina casera, la mantequilla es un producto lácteo que se obtiene al batir leche o nata, separando la grasa del suero. Esto le otorga un perfil de sabor rico e intenso.
Por el contrario, la margarina es un producto procesado elaborado principalmente a partir de aceites vegetales. Su composición varía según la marca, pues los fabricantes ajustan los porcentajes de grasa y agua.
No se comportan igual en la cocina
En casa, la diferencia se entiende mejor por el uso. Para untar sobre pan, tostadas, arepas o galletas de sal, la elección suele depender del sabor y de qué tan fácil se esparce.
En panadería y repostería, la grasa no solo aporta sabor. También ayuda a dar suavidad, estructura y volumen. Según Aprende Institute, plataforma de formación en gastronomía y repostería, tanto la mantequilla como la margarina cumplen un papel importante en masas y preparaciones dulces.
Por ejemplo, en la preparación de una tostada, la elección puede depender sobre todo del gusto. En una galleta, una torta o una masa, en cambio, puede modificar la humedad, la firmeza o el volumen.
The Kitchn advierte que, al hornear, lo más recomendable es seguir la receta, especialmente porque las margarinas con menor contenido de grasa suelen tener más agua. Ese exceso puede hacer que algunos productos horneados queden más duros o diferentes a lo esperado.
¿Qué revisar antes de escoger?
Más allá del sabor, la Mayo Clinic de Estados Unidos ofrece una perspectiva clara: en términos generales, la margarina suele ser mejor para la salud del corazón. Al estar hecha de aceites vegetales, contiene mayoritariamente grasas no saturadas.
La mantequilla, al ser de origen animal, posee una alta concentración de grasas saturadas. Las recomendaciones sugieren:
- Revisar la etiqueta: Elija productos con menos del 10 % de la cantidad diaria recomendada de grasas saturadas.
- La regla de la consistencia: Mientras más sólida sea una margarina (como las de barra), más grasas saturadas suele tener. Es preferible optar por margarinas blandas o líquidas.
- Evitar las grasas trans: Siempre verifique que el producto no contenga aceites parcialmente hidrogenados.
¿Cuál elegir finalmente?
La decisión depende de su objetivo:
- Use mantequilla cuando el sabor sea el protagonista (salsas, tostadas, entre otras) o cuando necesite la estructura clásica de la repostería.
- Use margarina para el uso diario si busca una opción más fácil de untar o si busca una opción con menos grasas saturadas.
Si te gusta la cocina y eres de los que crea recetas en busca de nuevos sabores, escríbenos al correo de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com) para conocer tu propuesta gastronómica. 😊🥦🥩🥧