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La mayor parte de las veces el resultado es desastroso, pues termina siendo una mezcla de todos los sabores que le gustan al joven cocinero sin ningún balance ni armonía. Se toma un pedazo de carne, pollo, pescado o cerdo, se asa, se baña en una salsa de jugo de frutas agridulce, en algunos extremos, se le agrega un poco de jengibre y ya está. En Dar Papaya se pretende una “fusión de comida asiática con Caribe”, con resultados no muy afortunados.
La carta cuenta con once entradas con precios alrededor de $15.000, más ocho cebiches y seis tiraditos con salsas que hacen gala de imaginación (no puede uno dejar de pensar que lo que hace maravilloso al cebiche peruano es su sencillez y frescura). Tres sopas, ensaladas. Trece platos fuertes, siete de ellos pescados y mariscos, cinco entre carnes de res, pollo y cerdo, con precios alrededor de $25.000. Cinco postres.
De entrada pedimos “chicharrón enroscado al horno con salsa de piña, jengibre y cilantro”, ciertamente es toda una creación, muy bien hecho, buen sabor y textura, y abundante. Otra entrada fue “taquitos de camarones con 3 salsas”, fue un pedido desafortunado: las tortillas pequeñas de maíz se quebraban fácilmente y carecían del perfume y encanto de una buena tortilla mexicana. El relleno consistente en camarones desabridos, fríjoles refritos buenos, guacamole regular y salsa de tomate fresca. Estos tres últimos rellenos, en cantidades mínimas. Las salsas aceptables.
Como plato fuerte pedimos “Lomo con salsa de tamarindo” y “Bondiola de Cerdo”. El lomo asado un poco pasado del punto pedido, bañado con una salsa de tamarindo sin ninguna gracia y montado sobre papas criollas y maíz tierno, realmente no levantaba entusiasmos. La Bondiola (corte muy sápido de cerdo encima de las paletas y detrás del cuello que los españoles y argentinos suelen curar con sal y especies, como algunos jamones) no era el plato curado, venía asado, bañado con salsa de cítricos (limón, naranja y mandarina) con tan poca gracia como la anterior, encima de un puré de papa criolla y con unos tallarines de arroz tiesos, sin la “crocancia” anunciada, e insípidos. Nos fue mal en platos fuertes. Como característica común de ambos platos estaba la sustitución de la culinaria por la “arquitectura” como en el Gourmet Club. Carne sobre papas, tallarines sobre carne. Lo cual no me parece apropiado para cualquier plato.
De cinco postres, tres con helados de vainilla, escogimos el “Torta de chocolate sin harina” con helado de vainilla. Era un fudge de chocolate, el postre americano, o al menos muy parecido. Estaba sabroso sin alcanzar las alturas que alcanza el buen fudge en los Estados Unidos.
En definitiva Dar Papaya está de moda entre la gente joven que sigue más la moda que la buena cocina. Estaba lleno, pero no se come bien… Pero si estaba lleno, por algo será.
Calle 69A N° 4-78