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El ron vio la luz en América en el soleado y festivo Caribe como resultado de la explotación de la caña de azúcar, uno de los productos más transados y apetecidos a mediados del siglo XVII. En el pasado, la planta ya era valorada en Asia, su zona en de origen, y luego en India, Egipto y el Mediterráneo, adonde fue introducida por exploradores como Alejandro Magno.
Las primeras plantas fueron traídas a América por Cristóbal Colón en su segundo viaje (1493), y ya para 1600 su producción se había extendido por todas las Antillas, atrayendo a mercaderes españoles, ingleses, franceses y holandeses.
Dependiendo de imperio gobernante en un determinado lugar, la elaboración del ron tomó caminos propios, aún vigentes.
Por ejemplo, el ron de estilo inglés (de lugares como Jamaica, Guyana y Barbados) utiliza para su elaboración un residuo de la fabricación del azúcar llamado melaza, sustancia viscosa, de color pardo oscuro y sabor muy dulce. La melaza se fermenta para facilitar su destilación. En el caso del ron inglés, este paso se lleva a cabo en alambiques de cobre (los hay de columna, que utiliza la competencia). ¿El resultado? Sabores marcados y profundos, y una sensación robusta.
El ron de estilo español –promovido en islas y territorios colonizados como Puerto Rico, Cuba, República Dominicana, Venezuela, Panamá. Guatemala y Colombia, entre otros– también recurre a la melaza como materia prima, pero emplea en su proceso de destilación el alambique de columna, dando lugar a una bebida de sabores menos pesados y fáciles de apreciar.
El de estilo francés, en cambio (surgido en Martinica, Guadalupe y Haití), utiliza directamente el jugo de la caña de azúcar, que, tras fermentarse, se destila en alambiques de columna. Es, por ende, más puro y cercano a la fuente. Para diferenciarlo de los rones más industriales, se le denomina Rhum Agricole o Ron Agrícola, muy perseguido por quienes buscan variedad en un mercado dominado por rones oscuros, añejados y, en muchos casos, acaramelados.
Asimismo, y en un entorno global donde generalmente no hay reglas claras, el Ron Agrícola se elabora bajo estrictos códigos de producción durante todo el proceso: variedades específicas de caña de azúcar, límtes de producción por hectárea, volúmenes de alcohol controlados, nada de irrigación o uso de fertilizantes, y estrictos códigos de añejamiento. Desde 1975, posee denominación protegida.
El resultado final es un espirituoso blanco, ámbar y/o envejecido en barricas de roble francés. Entrega aromas complejos, integrados y diferenciados del tipo floral, frutal, herbal y ligeramente especiados.
Los bartenders lo consideran el ron de rigor para la coctelería de alta gama.Debido a sus bajos volúmenes de producción, su disponibilidad es reducida. Pero ya saben qué ordenar en sus próximas incursiones por las Antillas francesas.
