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La historia detrás del mercado de Bazurto en Cartagena

Su encanto radica en la improvisación, pero también refleja los retos de la informalidad. Trasladarlo es uno de los objetivos para mantenerlo vigente, mientras tanto se siguen buscando métodos que fomenten el diálogo, la cohesión y el sentido de pertenencia entre quienes obtienen su sustento de allí para mirar hacia el futuro.

Tatiana Gómez Fuentes

21 de marzo de 2025 - 12:06 p. m.
Mercado público tradicional de Cartagena.
Foto: Valentina Santiago García
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Para hablar de Bazurto hay que conocer la historia de Cartagena, que comienza mucho antes de la llegada de los españoles, cuando era reconocida como la isla de Calamarí habitada por los indígenas de la región. Estos pueblos, que ya vivían en el área mucho antes de la llegada de los europeos, fueron los primeros en darle un nombre a la zona. No obstante, cuando llegaron los españoles en 1501, lo primero que hicieron fue cambiarle el nombre a la ciudad. Los primeros años recibió varias denominaciones, pero finalmente se quedó con el nombre que se conoce hoy en día, que además tiene un origen interesante, porque significa “Puerto Nuevo”, un lugar donde los colonizadores españoles encontraron una similitud entre la Cartagena de la Región de Murcia en España.

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El “de Indias” en su composición hace referencia a Cristóbal Colón cuando creyó en uno de sus viajes que había llegado a la India, cuando en realidad había zarpado a América. En sus inicios, la ciudad solo cambió de nombre, pero el proceso de fundarla no fue inmediato por un problema esencial: la obtención de agua dulce. Aunque la ciudad estaba rodeada de agua por todos lados, la mayoría era salada. Los indígenas de la región ya tenían sistemas para recolectar agua de lluvia, y también intercambiaban con los pueblos cercanos de Turbaco, en Bolívar, que sí tenían acceso a agua dulce.

Sin embargo, los españoles temían adentrarse en esta zona, ya que circulaba el rumor de que los Yurbacos, los indígenas de esa área, eran caníbales. Este miedo se intensificó cuando Juan de la Cosa, un conquistador español, desapareció misteriosamente después de visitar esa población, lo que alimentó la leyenda de que esa comunidad lo había devorado, así que los españoles decidieron buscar otras alternativas, y fue cuando se dieron cuenta de que Cartagena tenía condiciones favorables para la fundación de una ciudad.

Agua, oro y esclavitud

Después de fundar Santa Marta el 29 de julio de 1525, los españoles empezaron a explorar otras áreas para encontrar fuentes de agua dulce, lo que los llevó a Cartagena. En 1533, Pedro de Heredia trajo una innovación que cambiaría la historia: los aljibes. Este sistema, que ya se usaba en Europa, consistía en hacer excavaciones profundas que filtraban el agua del mar, transformándola en agua potable. También construyeron sistemas de recolección de agua de lluvia a mayor escala, lo que permitió que la ciudad finalmente pudiera ser fundada el 1 de junio de 1533.

Con este suceso, Cartagena se convirtió rápidamente en una ciudad de gran importancia para los españoles porque en esa época,, estaban en busca de oro, plata y esmeraldas. Aunque al principio no sabían exactamente lo que buscaban, su objetivo inicial era llegar a la India para obtener especias. Cartagena no era rica en minas de oro ni de esmeraldas; a pesar de esto, el puerto se convirtió en su principal atractivo. Esta fue más que una ciudad; era un punto estratégico que facilitaba el comercio, especialmente de metales preciosos.

Esta riqueza hizo de ella un blanco fácil para los ataques de piratas y corsarios de otras naciones como Inglaterra, Francia y Holanda, razón por la cual los españoles decidieron construir un sistema de fortificaciones para proteger la ciudad. Durante sus primeros años, las casas de Cartagena eran construcciones de bareques, es decir, de madera, lo que las hacía vulnerables a los incendios. Los piratas aprovechaban esto quemando la ciudad en repetidas ocasiones. Ante esta amenaza, los conquistadores idearon un sistema que incluyó murallas alrededor de la ciudad, que también se utilizó en otras colonias españolas del Caribe, como Cuba, Puerto Rico y República Dominicana.

Entre trenzas y murallas

Cartagena se convirtió en una ciudad amurallada, con una parte del Centro Histórico y Getsemaní, sumándole una muralla submarina para proteger el puerto, que era difícil de detectar para los enemigos. Durante este proceso de fortificación, también se dio la llegada de los africanos esclavizados a la ciudad. Los españoles los trajeron de África para trabajar en la construcción de las murallas y otras tareas, lo que marcó el inicio de una importante mezcla de culturas en la región que hoy en día puede verse reflejada en la diversidad de Colombia.

Aunque al principio entenderse entre ellos mismos no fue tarea fácil, fueron las trenzas las que se convirtieron en un sistema de comunicación clave entre ellos, donde se tejían mapas e incluso se escondía el oro y el arroz para que los esclavos encontraran la “oportunidad” de comercializar productos más allá de las órdenes de los españoles.

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Foto: Sistema de comunicación para comercializar en la época / Tatiana Gómez

El mercado de Getsemaní

Inaugurado en 1904, esta importante obra arquitectónica diseñada por el cartagenero Luis Felipe Jaspe celebró el centenario de la independencia de Cartagena. El mercado construido en un lugar accesible para el centro amurallado y Getsemaní, fue diseñado “en estilo neoclásico y rápidamente se convirtió en un bullicioso centro comercial”. Con el tiempo y debido al crecimiento poblacional, se añadieron pabellones para carnes y granos, sin embargo, la expansión desordenada en los alrededores de este desencadenó problemas, como la aparición de talleres y viviendas precarias. A lo largo de los años, el establecimiento sufrió varios incendios, siendo el más relevante el ocurrido en 1962, cuando una explosión de dinamita causó la destrucción de parte del edificio y la muerte de 52 personas.

En respuesta al caos que se produjo con esta eventualidad, se propuso un nuevo mercado en el barrio de El Espinal, cerca del lago de Chambacú, en una ubicación más accesible para el resto de la ciudad. La propuesta, presentada en 1962 por el arquitecto Gabriel Andrade, fue respaldada por estudios urbanos que destacaban la importancia de reubicarlo en un sitio más centralizado y con mejor infraestructura. Fueron tantos los ires y venires, y tantos los involucrados en el proceso que una columna escrita en el periódico El Universal, del 29 de septiembre de 1962, dejó en evidencia que Bazurto, sería el lugar ideal para un nuevo mercado en Cartagena, respaldado por un mapa que mostraba su ubicación central dentro del área urbana.

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El traslado del mercado en Cartagena, que en su momento parecía una idea imposible, tardó varios años en concretarse. El ingeniero Alfonso Martínez Emiliani estuvo a cargo de las obras, que se completaron en 1975, aunque el mobiliario y la pavimentación de las vías aún quedaban pendientes. Fue durante la administración del alcalde José Henrique Rizo Pombo que el mercado se mudó, abriendo sus puertas el 22 de enero de 1978 bajo el nombre de Bazurto. Aunque el cambio permitió una renovación en Getsemaní, el nuevo mercado también trajo consigo los mismos problemas que había arrastrado el anterior.

Bazurto: una receta que no termina de cocinarse

Colombia está llena de tesoros escondidos, y en Cartagena, uno de ellos es Bazurto, una central de abastos que representa una importante fuente de trabajo para la población local. En este mercado, se encuentran vegetales, frutas, mariscos, pescados, especias, cocina tradicional y hasta artistas callejeros, todos reflejando la esencia de la ciudad.

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Al caminar por sus pasillos, se puede descubrir la tradición culinaria cartagenera, donde cocineras oriundas de la región, desde muy temprano, preparan platos como pescados, sopas, langostas, arroces, camarones y yuca, despertando el apetito con los aromas que emanan de sus ollas y cacerolas. Ingredientes como el tamarindo, el níspero, el borojó, los limones y la “mano de plátano” dan la bienvenida a una tierra rica en diversidad y sabor.

Aunque este espacio suele ser “desconocido” para muchos lugareños y turistas, es un epicentro de sabor donde predomina una cultura alimenticia digna de rescatar y conservar. Además de ser un motor económico, el mercado refleja la cultura de Cartagena. En él se congregan personas de distintas comunidades que, a través del intercambio, mantienen vigentes sus raíces, siendo un símbolo de la vitalidad del comercio popular y una pieza fundamental en la identidad cartagenera.

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Cocina tradicional en el mercado popular de Cartagena.
Foto: Valentina Santiago García

Para Julia Londoño Bozzi, periodista gastronómica, “Bazurto es un mercado que refleja el sabor cartagenero, aunque históricamente ha sido objeto de debate y no siempre se ha considerado un orgullo para la ciudad. Es un mercado relativamente joven que, aunque se organizó rápidamente para satisfacer las necesidades de la ciudad, no fue muy planificado. Su encanto radica en esa improvisación, pero también refleja los retos de la informalidad”.

Y es que es justo esa improvisación por la que el icónico lugar también ha enfrentado problemas de orden urbano, seguridad y sanidad. Aunque la Alcaldía Mayor de Cartagena, a través de la Secretaría General, “adelanta la caracterización de los 1.600 locales comerciales que posee el Distrito en el mercado de Bazurto, así como la identificación de sus adjudicatarios, con el propósito de analizar la problemática actual del mercado de Bazurto y apuntar con acciones concretas hacia la implementación de un rediseño administrativo orientando a la modernización institucional de esta importante plaza de abastecimiento”, quienes ganan su sustento diario allí, no están de acuerdo con trasladarse a otro espacio para seguir con tales fines.

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Belkin Chico Martínez, quien se desempeña como guía turística de Cartagena y lleva a cabo recorridos para turistas por Bazurto, manifiesta que “en cuanto al tema de la reubicación del mercado, las razones principales por las que sus trabajadores no quieren mover de ahí son en primer lugar, el tema de la movilidad. Las personas llegan en su carro, compran sus vegetales y otros productos sin necesidad de entrar al parqueadero del mercado, lo que genera caos vehicular. Además, no hay control sobre las carretillas, que andan por todos lados. Otra razón es la preocupación que tienen porque han escuchado que quieren trasladarlos a unos terrenos baldíos que están bastante alejados, hacia la zona de la terminal. El temor de los vendedores es que, si los mueven tan lejos, la gente no vaya. La alcaldía asegura que será mejor para todos, que la gente se motivará a ir, que estará más limpio, organizado y controlado, pero ellos mejor que nadie saben cómo es la cultura: la gente prefiere lo fácil, lo cercano, lo inmediato”.

Mujer arreglando pescado en el mercado popular cartagenero.
Foto: Valentina Santiago García

En términos de sanidad, se dice que moviéndolos habrá un mayor control, mejor infraestructura y que ya no se verá a los vendedores de pescado “limpiando los peces, botando las tripas y demás desechos en el mismo lugar. Eso genera un olor fétido, especialmente en el área de pescados y carnes. A menudo, esos residuos terminan en la bahía, contaminando el agua. Aunque realizan jornadas de limpieza, el olor persiste. Esa también es una de las principales razones por las que quieren reubicar el mercado”, cuenta Chico Martínez.

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¿Comer o comprar en el mercado?

Bazurto continúa siendo un reflejo de los desafíos y dinámicas sociales de la ciudad, una muestra evidente de ello es que la gente a menudo evita visitarlo. La percepción del lugar no es la más positiva hacia afuera, se habla de caos, de infraestructura deficiente y de normas de higiene e inocuidad casi que nulas para la elaboración y distribución de alimentos, factores que preocupan a los lugareños y turistas porque no garantizan la calidad y seguridad de sus preparaciones a la hora de consumirlos.

Hace un tiempo, el chef cartagenero Charlie Otero, sostuvo que “al día de hoy es inevitable la desaparición de Bazurto, el mercado perece porque a las autoridades del caso les parece mejor mover los problemas y no arreglarlos. Si bien es cierto que a su interior hay un problema sanitario y a sus afuera uno que afecta la movilidad de la ciudad, el reto debería ser para un buen gobierno darle solución a esto y no terminar con otro icono de Cartagena, así como hicieron hace un tiempo con los kioscos del Muelle de los Pegasos, que en vez de capacitar a quienes trabajaban ahí y arreglarlos como hacen en muchas ciudades, prefirieron quitarlos como si nunca hubieran existido o deleitado con sus jugos y patacones a miles de paladares”.

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Vendedores informales en el mercado público en Cartagena.
Foto: Valentina Santiago García

¿El mercado se está perdiendo en el camino? Con todo lo expuesto podría decirse que sí, sin embargo, opiniones como la de Juan Pablo Isaza, cocinero y apasionado por la gastronomía dan matices de esperanza. Para él, este lugar “es la esencia pura de la cocina cartagenera. Mientras uno lo recorre, los sentidos se activan a través de la champeta que se escucha de fondo y el aroma de las frituras y los caldos de pescado. En Bazurto la comida sabe diferente, no solo por el ahumado de las parrillas de leña y carbón, también porque es hecha con el amor por la tradición y la comida de casa, es un lugar donde uno se siente querido por las cocineras que tienen el sabor del caribe colombiano en su sangre exponiéndolo en sus fogones”. Para Isaza este es un espacio que merece ser intervenido para ofrecer una mejor experiencia, siendo lo más importante reforzar la esencia que lo caracteriza con pescados frescos, frutas traídas de las cercanías y la calidez de su gente.

El alcalde actual de Cartagena, Dumek Turbay, quien desde su elección mencionó que trabajaría para darle solución a los retos y desafíos que existen en Bazurto, siendo el traslado del lugar una de las vías a contemplar, aseguró que la ”Alcaldía Mayor de Cartagena y la Cámara de Comercio están buscando inversión nacional e internacional para transformar el mercado en un polo de desarrollo”, reconociendo a su vez la complejidad del asunto, según informó RCN Radio.

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El proyecto sigue en papel y la historia no ha sido diferente durante estos 47 años, al menos por ahora no se ve una realidad tangible que hable del futuro de este mercado. Lo que sí está claro es que sigue existiendo una oportunidad para resaltar su relevancia y crear un entorno donde se fomente el diálogo, la cohesión y el sentido de pertenencia entre quienes obtienen su sustento de allí. Bazurto es un bocado grande de sabor que necesita ser revalorizado para mantenerse vivo y en pie.

¿Cuál será el futuro de este espacio que busca promover la gastronomía y los productos locales de Cartagena?
Foto: Valentina Santiago García

¿La reubicación del mercado de Bazurto solucionaría los problemas de movilidad, salubridad y orden urbano, o terminaría afectando la accesibilidad y el comercio local de Cartagena? Los leemos en los comentarios.

Si te gusta la cocina y eres de los que crea recetas en busca de nuevos sabores, escríbenos al correo de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com) o al de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) para conocer tu propuesta gastronómica. 😊🥦🥩🥧

Por Tatiana Gómez Fuentes

Comunicadora Social - periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana de Bucaramanga, con maestría en gestión y dirección comercial con énfasis en comunicación, publicidad y ecommerce de la Universidad Complutense de Madrid.@tagy_petustgomez@elespectador.com

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