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Misterios en el platanal

Nunca tuve entre mis cuentas sentarme a descifrar los enigmas de un producto alimenticio aparentemente tan común como el plátano. Lo comemos a diario y literalmente nos lo encontramos hasta en la sopa. Valga la analogía. Pero algunos comentarios de amigos y colegas —sin relación entre sí— me llevaron a concluir que era justificable quitarle la cáscara al entresijo.

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Hugo Sabogal
04 de octubre de 2020 - 02:00 a. m.
El plátano y banano son dos manifestaciones de la familia de las musáceas.
El plátano y banano son dos manifestaciones de la familia de las musáceas.
Foto: Cortesía
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Hernán Vanegas, hotelero y trotamundos, escribió recientemente una nota en su cuenta de LinkedIn sobre la historia y diferencias entre plátano y banano, dos manifestaciones de la familia de las musáceas.

No lo hizo solo por el placer de referirse magistralmente al tema, sino porque uno de los alojamientos de lujo a su cargo, el Hotel Casas de Huéspedes La Herencia, en Armenia, ha decidido alojar en la propiedad un nuevo platanal como eje de experiencias. Sin duda es una justificación válida, porque el plátano y el café representan para Quindío un factor de identidad, aparte de ser fuentes de ingreso y empleo. Por otro lado, y durante una conversación de cafés con Jaime Duque, ingeniero agrónomo y promotor del reconocido proyecto Catación Pública, salió a relucir una reciente visita hecha a su local por el actual gobernador de Quindío, Roberto Jairo Jaramillo, a quien Duque le comentó que estos cultivos deberían convertirse en temas de apreciación para coterráneos y turistas. Su origen y misterios dan mucho para sorprender y pensar.

¿Qué tanto es, entonces, lo que las musáceas tienen por revelarnos? Para empezar, constituyen un producto inexplicable de la biología, y eso ya es suficientemente motivo para interesarse. Las musáceas son originales del sureste asiático, en lo que hoy es Malasia e Indonesia, y surgieron hace 2.500 años. Con el correr de los siglos, y con Alejandro Magno de por medio, llegaron a nosotros gracias al intercambio entre pueblos y culturas. En esencia, son hierbas (sí, hierbas) cuyas hojas forman un tallo. Sus frutos no tienen semillas. La raíz se abre paso dentro del tallo hasta llegar a la superficie en forma de flor y racimo. Tras la cosecha, la planta se destruye. Su reproducción depende de un hijo o vástago que surge en la base de la planta madre. Y el ciclo se repite. La variedad comercial más consumida durante décadas fue la Gros Michel, que estuvo a punto de ser aniquilada por un hongo llamado Fusarium. La sustituyó otra variedad conocida como Cavendish, introducida en Vietnam.

Las hojas han servido y aún sirven para envolver numerosas preparaciones culinarias, como los tamales. Y, por encima de todo, plátano y banano son alimentos altamente saludables. Son ricos en potasio y ayudan al funcionamiento del sistema nervioso, permitiendo, asimismo, regular la presión arterial. Su carga de antioxidantes ayuda a evitar las enfermedades cardiovasculares. De igual modo, promueven la reducción del colesterol.También anida otros minerales como magnesio, zinc, fósforo y calcio, vitales para los sistemas óseo y muscular. Los frutos son igualmente ricos en vitaminas B6, ácido fólico y vitamina C. Son fuente de fibra y funcionan como sustento para las bacterias benéficas del intestino, favoreciendo así los sistemas digestivo e inmunológico. Y los azúcares y almidones presentes en el plátano maduro brindan energía inmediata y de corto plazo. Esto de abrir los ojos y observar lo que hay alrededor es un estímulo para los sentidos.

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