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Valles floridos, tupidas colinas y omnipresentes montañas dan vida allí a una asombrosa vegetación, que justifica el apelativo de il cuore verde d’Italia.
Esta comarca, habitada inicialmente por los umbros, pasó luego a control de los etruscos, cuyo bastión principal ha sido la región de la Toscana.
Además de clima, topografía, olivos y cultura, Umbría ha compartido con la Toscana su fogosidad por el vino, aunque en menor escala. Con lo que los umbros sí dominan es con la codiciada trufa negra (45 por ciento del total nacional) y con sus embutidos de Nursia y sus lentejas de Castellucio.
En el frente arquitectónico, sus iglesias y catedrales góticas y sus palacios y construcciones de estilo románico son patrimonio de la humanidad.
Pese a ser superada en tamaño e influencia por la Toscana, la vitivinicultura umbra y sus zonas de Torgiano, Montefalco y Ovieto son hoy por hoy las más interesantes del centro de Italia. Atraen a aficionados y compradores, e, Incluso, a afamados bodegueros toscanos como el Marqués Piero Antinori, quien dio vida en Orvieto a Castello della Sala, un proyecto enfocado en llevar a la uva blanca Grechetto a nuevas alturas. Otro protagonista es el magnate textil Armaldo Caprai, promotor, a rienda suelta, del histórico y bravío cepaje local Sagrantino.
Los más arraigados productores umbros, sin embargo, son los Lungarotti, dueños de la bodega del mismo nombre, caracterizada por sus sólidos principios vitícolas y vinícolas, establecidos por Giorgio, su fundador, descendiente de agricultores centenarios. Francesco Zaganelli, nieto de Giorgio, me comentó en un reciente viaje a Bogotá que, además de calidad, variedad de producto, respeto por la tradición y visión innovadora, Bodega Lungarotti practica una agricultura sostenible y orgánica. La familia, además, desempeña un liderazgo cultural sin precedentes con sus museos y sus acciones en favor del vino y del aceite de oliva.
Las variedades habituales en Umbria incluyen Sangiovese, Sagrantino, Barbera y Merlot (en los tintos) y Grechetto, Trebbiano y Verdello (en los blancos). En Torgiano predomina la Sangiovese, mezclada, en ocasiones, con Cabernet Sauvignon. En Montefalco reina la Sagrantino, gracias al trabajo de los Caprai y los Lungarotti, quienes se han dedicado a suavizar sus rústicos matices para convertirlo en un vino firme y crujiente. Hoy, el Sagrantino di Montefalco es uno de los orígenes más buscados por consumidores y coleccionistas, pues su concentración natural y sus densos taninos permiten una longevidad prolongada.
A Colombia llegan seis vinos de Lungarotti: Rubesco Vigna Monticchio Torgiano Rosso Riserva DOCG, San Giorgio Umbria IGT, Umbria Sangiovese, Umbria Grechetto, Umbria Pinot Grigio y Umbria Cadetto Rosso.Todos manifiestan esencia de lugar, frescor, elegancia y complicidad en la mesa. Datos sobre disponibilidad y precios, con Maestri Milano, su importador oficial.
