En el Valle del Cauca es una tradición, y existen diferentes versiones que explican el origen de su nombre. Unos dicen que viene de un panadero italiano que lo vendía por las calles de Cali gritando “pan del bono” (pan del bueno), o que fue nombrado porque se preparó por primera vez en un lugar llamado El Bono, entre Dagua y Cali, o porque los corteros de caña lo recibían como almuerzo a cambio de un bono. Esto pasa con los manjares populares, que terminan siendo objeto de pintorescas leyendas. De cualquier manera, la norma es que siempre se le debe agregar a la masa una buena parte de almidón de yuca agrio, que es lo que le aporta su sabor y su aroma. Esta semana presento mi pandebono favorito, como un recordatorio para que apreciemos nuestros panes tradicionales, y dejemos volar sus aromas en nuestras casas.
INGREDIENTES
1 libra de harina de maíz trillado
125 gramos de almidón de yuca agrio
2 libras de queso blanco (costeño o campesino) rallado
1 taza de cuajada fresca
2 cucharaditas de polvo de hornear
4 cucharadas de mantequilla
2 huevos batidos
3 cucharadas de azúcar
1 cucharadita de sal
PREPARACIÓN
Ponga todos los ingredientes en un recipiente, mezcle bien y luego amase. Forme bolitas y acomódelas sobre una lata engrasada con suficiente separación entre una y otra. Lleve al horno precalentado a 350° F durante 10 a 15 minutos hasta que suban y doren.
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