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¿Por qué el tomate no va en la nevera? El error que le quita el sabor

¿Usted también guarda los tomates en la nevera apenas llega del mercado? Ese hábito tan común podría estar cambiando más que su temperatura: el frío puede afectar el sabor, el aroma y la textura del tomate.

24 de septiembre de 2026 - 12:00 p. m.
Tomate
Foto: Getty Images/iStockphoto - Vlad Antonov
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Si usted acostumbra guardar los tomates en la nevera apenas llega del mercado, puede que esté protegiéndolos de una cosa y quitándoles otra: sabor. La idea de que el frío “daña” el tomate circula desde hace años, pero la respuesta no es tan sencilla como meterlos o dejarlos por fuera.

¿Entonces qué pasa realmente cuando un tomate entra en la nevera? La respuesta cambia según si está entero, cortado o ya maduro, y también según lo que usted priorice: conservar su sabor y textura o mantenerlo en condiciones seguras para consumir.

¿El tomate cambia de sabor?

El frío sí puede cambiar la forma en que percibimos el sabor, el aroma y la textura de un tomate. Y no se trata únicamente de una cuestión de temperatura al momento de comerlo: cuando el tomate permanece varios días a bajas temperaturas, se producen cambios en algunos de los procesos que intervienen en su maduración y en la formación de sus compuestos aromáticos.

Un estudio publicado en PNAS analizó precisamente qué ocurre con los tomates almacenados en frío y encontró una disminución de varios compuestos volátiles relacionados con su aroma y sabor. Los investigadores observaron, además, que las bajas temperaturas reducen la expresión de enzimas y factores relacionados con la maduración. Estos cambios ayudan a explicar por qué un tomate que ha pasado por la nevera puede resultar menos aromático y con un sabor diferente.

La División de Agricultura del Sistema Universitario de Arkansas también advierte sobre este efecto. Según Lida Araghi, profesora asistente y especialista en nutrición y alimentación de extensión, las temperaturas inferiores a unos 13 °C pueden perjudicar tanto la textura como el sabor del tomate. El frío puede inhibir las enzimas relacionadas con el desarrollo del sabor y afectar las membranas celulares, lo que puede dar lugar a esa textura más harinosa que muchas personas perciben después de refrigerarlo.

Entonces, ¿qué hacer con los tomates? Si están maduros, pero todavía en buen estado, lo ideal es mantenerlos a temperatura ambiente y consumirlos pronto. El frigorífico puede ser útil cuando ya están muy maduros y existe riesgo de que se deterioren antes de poder comerlos. En ese caso, refrigerarlos durante un periodo corto puede ayudar a conservarlos, aunque con el posible coste de perder parte de sus cualidades sensoriales.

Y hay un último detalle: no todos los tomates reaccionan exactamente igual al frío. La variedad, el grado de maduración y el tiempo que permanezcan refrigerados también influyen.

Entonces, ¿nunca hay que guardar los tomates en la nevera?

La respuesta no es un sí o no. Para un tomate entero, firme y que todavía está madurando, la recomendación es mantenerlo a temperatura ambiente, en un lugar fresco y protegido del sol.

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Pero hay una excepción: un tomate muy maduro también puede deteriorarse rápidamente fuera de la nevera, especialmente si la temperatura ambiente es alta. En ese caso, refrigerarlo durante un periodo corto puede ayudar a conservarlo por más tiempo, aunque con una posible pérdida de calidad sensorial.

Eso sí, si lo guarda en frío, lo recomendable es sacarlo media hora antes de consumirlo y dejar que alcance nuevamente la temperatura ambiente.

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¿Y cuándo sí debe ir a la nevera?

Hay una diferencia importante entre conservar un tomate para que mantenga su mejor sabor y hacerlo por seguridad alimentaria. Según el Institute of Food and Agriculture Sciences (IFAS) de la Universidad de Florida, los tomates enteros no necesitan refrigeración inmediata, pero cuando se cortan, pelan o preparan, deben mantenerse refrigerados. Esto también aplica a los restos que hayan quedado después de una comida.

Antes de consumirlos, además, conviene lavarlos con agua potable y evitar el contacto con carnes u otros alimentos crudos para reducir el riesgo de contaminación cruzada. Los alimentos frescos que ya fueron cortados tampoco deberían permanecer durante horas a temperatura ambiente: como regla general, deben refrigerarse dentro de las dos horas siguientes.

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Si te gusta la cocina y eres de los que crea recetas en busca de nuevos sabores, escríbenos al correo de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com) para conocer tu propuesta gastronómica. 😊🥦🥩🥧

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