La idea de una tercera fuerza política

Desde los tiempos de hegemonía de los partidos tradicionales, siempre surgió como una expectativa nacional la creación de una tercera fuerza política.

Con los resultados electorales de este domingo, si bien declinó la posibilidad de que esa alternativa sea el Polo Democrático que venía siendo la opción a la vista, sí surgieron varias expresiones alrededor de las cuales podría consolidarse ese camino distinto a las colectividades históricas.

El primero que dejó ver que procurará darle a su organización local un carácter de movimiento nacional fue el electo alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, quien anunció que su grupo Progresistas que alcanzó el poder de la capital de la República se convertirá en una corriente nacional. Igual postura adoptó la candidata Gina Parody, quien de la misma manera expuso que la tarea ahora es darle a su plataforma política una estructura nacional.

Gina Parody terminó siendo heredera del caudal político que en los últimos años detentó en Bogotá el exalcalde Antanas Mockus y su grupo Visionarios. Aunque esta fuerza mayoritaria en Bogotá, desde mediados de los años 90 hasta épocas recientes, se dispersó en distintas vertientes, hoy apunta a convertirse en un movimiento estructurado con la renovación de la excongresista, quien alcanzó la tercera votación en la capital de la República.

Sin embargo, en la búsqueda de esa tercera fuerza capaz de enfrentar a los partidos tradicionales, hoy atomizados en diversas expresiones, tampoco puede descartarse el llamado Partido Verde. Aunque el trance de los comicios electorales dejó ver profundas fisuras en su organización, algo puede surgir del movimiento que en 2010 aglutinó los esfuerzos políticos de los exalcaldes de Bogotá Enrique Peñalosa, Antanas Mockus y Luis Eduardo Garzón.

De hecho, en las elecciones de ayer, al margen del caso Petro, el gran elector a nivel nacional fue el exalcalde de Medellín y hoy electo gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo. Sus 909.000 votos son un punto de partida válido para cualquier movimiento. Sin embargo, tendría que conciliar sus intereses con su excompañeros de plataforma política que o se dispersaron para esta coyuntura electoral o no tuvieron los mismos resultados que alcanzó Fajardo, literalmente arrasando con sus rivales.

La búsqueda de la tercera fuerza, alterna a los partidos tradicionales, ha sido un objetivo histórico marcado por los obstáculos. En los años 60, la Alianza Nacional Popular (Anapo), inspirada en las ideas del expresidente Gustavo Rojas Pinilla, llegó a consolidar un movimiento de características nacionales que estuvo a punto de acceder al poder en las accidentadas elecciones de abril de 1970. No obstante, después de esta coyuntura electoral, se desvaneció hasta convertirse en una fuerza minoritaria, casi de carácter familiar.

En los años 80, producto de los acuerdos de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las Farc, surgió el movimiento político llamado Unión Patriótica, que en las elecciones parlamentarias de marzo de 1986 llegó a alcanzar 17 curules y que obtuvo una significativa votación en las presidenciales del mismo año con Jaime Pardo Leal. Sin embargo, se precipitó la guerra sucia del paramilitarismo que la emprendió a sangre y fuego contra la UP hasta diezmar a sus principales líderes y activistas en todo el país.

En medio de la crisis de la segunda mitad de los años 80, surgió una nueva alternativa, esta vez de la mano de varios grupos desmovilizados que firmaron procesos de paz. Dicho movimiento llevó el nombre de Alianza Democrática M-19 y, como su nombre lo indica, concentró exguerrilleros del M-19, del EPL y de otras organizaciones, logrando hacer mayoría en la Asamblea Constituyente de 1991 y con una buena participación en las justas parlamentarias del mismo año, en octubre de 1991.

No obstante, para 1994, este movimiento hizo crisis, sus militantes se dispersaron y en medio del escándalo del Proceso 8000 o la aventura de la zona de distensión para el accidentado proceso de paz entre el gobierno Pastrana y las Farc, se desintegró del todo. La mayoría de sus líderes optaron por acceder a curules en las corporaciones legislativas o en mandatos municipales, pero la cohesión de esta tercera fuerza se deshizo con el tiempo.

Después vino la era Uribe y como una réplica de oposición a su mandato, surgió la estructura del Polo Democrático Alternativo, que logró integrar movimientos distintos tales como los exguerrilleros de distintas organizaciones, la fuerza tradicional de la izquierda democrática, las diferentes vertientes del sindicalismo, el Moir y la antigua Anapo. En 2003, lograron un avance significativo con la victoria de Luis Eduardo Garzón en Bogotá y llegó a pensarse en que ahí estaba la tercera fuerza.

Lo demás es historia reciente y conocida. A pesar de que las elecciones de 2007 le otorgaron al Polo estabilidad en sus cuotas de poder, a raíz del escándalo del Carrusel de la Contratación en Bogotá, se acentuaron las divisiones internas, que no sólo llevaron a la debacle de la organización este domingo, sino a que surgiera de su seno el movimiento Progresistas que logró arrebatarle el electorado al Polo. A nivel nacional, no ocurrió algo distinto. En fortines como Valle y Antioquia, también seriamente disminuido y obligado quizás a buscar otro toldo político.

En estas condiciones, la pelea ahora es saber si Progresistas de Petro, exvisionarios de Mockus y Gina Parody, o los verdes, serán capaces de consolidar una sola fuerza que sea capaz de enfrentar a los partidos tradicionales que, en el espíritu del gobierno de unidad nacional, desarrollado por el presidente Santos, apunta a la reunificación de las colectividades tradicionales del país. En tal sentido, las próximas elecciones dejarán ver hacía dónde puede orientarse la tercera fuerza contra los partidos tradicionales.