Impacto Mujer

11 Dec 2021 - 2:00 a. m.

Revoltosas: mujeres que exigen verdad y no repetición

Las mujeres buscadoras de desaparecidos forzadamente trabajan para evitar ser revictimizadas y violentadas durante su búsqueda.
Laura Alejandra Moreno Urriaga

Laura Alejandra Moreno Urriaga

Redactora - Impacto Mujer
Cada 30 de agosto, las mujeres de la fundación se manifiestan en el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada para exigir respuestas sobre sus familiares.  / Fundación Nydia Erika Bautista
Cada 30 de agosto, las mujeres de la fundación se manifiestan en el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada para exigir respuestas sobre sus familiares. / Fundación Nydia Erika Bautista

Cuando Pilar tenía cuatro años, su padre, William Hernando Murad Sánchez, de 51, fue desaparecido forzadamente el 28 de julio de 2001 en Cabuyaro, Meta, a manos de las Autodefensas Campesinas de Casanare. Desde entonces su familia se ha dedicado a buscar respuestas que hasta hoy siguen sin encontrar.

Sus abuelos, Elías Murad Ruiz y Teresa Sánchez, buscaron pistas para encontrarlo vivo, acudieron a la Fiscalía incontables veces, pero fallecieron en 2014 sin haber obtenido respuesta. Las hijas de William heredaron de sus abuelos el trabajo de buscar a su familiar.

A sus doce años, Pilar Murad ingresó a la escuela de liderazgo de la Fundación Nydia Erika Bautista y a los 18 se vinculó formalmente para trabajar en los proyectos de esta organización y continuar con la búsqueda de su padre. “La negligencia que ha habido para encontrarlo ha sido tremenda, han pasado 19 años y no han dado con el cuerpo ni nos dan explicaciones”, reclama.

Ella y su familia hacen parte de las 185.422 víctimas de desaparición forzada reconocidas en el Registro Único de Víctimas, pero no de las 12.490 que han recibido algún tipo de reparación. Y aunque una compensación económica no habría resuelto su caso, sí pudo haber ayudado a los seis hijos de William Murad a crecer sin tantas necesidades.

Murad agradece el acompañamiento que ha tenido por parte de la fundación, pues, en sus palabras, “esto me ayudó a crecer sin odios, a entender el problema y querer trabajar para ayudar a otras víctimas”. La joven trabaja documentando casos de desaparición forzada con esta organización, no solo en bases de datos, sino visibilizando cada caso por medio de redes sociales y en las actividades que realizan.

La fundación de la que hoy hace parte surgió con la historia de Nydia Erika Bautista, quien era militante del M-19 y trabajaba en la organización política del movimiento. El 30 de agosto de 1987 fue desaparecida forzadamente en Bogotá por hombres vestidos de civil, que, según investigaciones de la Procuraduría, pertenecían a la Brigada XX de Inteligencia Militar Charry Solano del Ejército, dirigida por el exgeneral Álvaro Velandia Hurtado. Desde entonces, la búsqueda que emprendió su familia los hizo blanco de una serie de amenazas que los llevaron a exiliarse en Alemania y desde allí crear la fundación en 1997.

“Vivir en el exilio es muy difícil, es como una muerte en vida. Para no morir políticamente creamos la fundación en Alemania y empezamos a ayudar a familiares de desaparición en distintas partes del mundo", cuenta Yanette Bautista, hermana de Nydia Erika Bautista, quien lidera las acciones de la fundación.

Durante el exilio, Bautista trabajó haciendo acompañamiento a víctimas de desaparición forzada en Turquía, Yugoslavia y México, en este último país trabajó con Amnistía Internacional y se capacitó en temas de conflicto con enfoque diferencial de género. Su trabajo, que se inició en Alemania, le ha valido reconocimientos en materia de derechos humanos. En 1999, recibió el Premio Shalom de la Universidad Católica de Eichstätt, de Alemania, y el Premio de Derechos Humanos de la Sección Alemana de Amnistía Internacional, ambos en retribución a su trabajo por los desaparecidos en América Latina.

Con la experiencia adquirida y como ella dice “el llamado de la tierra de uno”, en 2007 volvió con su familia a Colombia y estableció la fundación en Bogotá. “Yo andaba con mis archivos de desaparición forzada por todo el mundo, porque no quería separarme de ellos, era mi motivación para seguir viviendo. Con la soledad tan grande que sentíamos estando afuera decidimos que era tiempo de regresar y centrar el trabajo de la fundación aquí”, recuerda Bautista.

El trabajo previo que habían realizado en el exterior les sirvió para que en su regreso ya tuvieran contacto con víctimas. Empezaron a hacer acompañamiento psicosocial a familiares de desaparecidos de Casanare, Bogotá, norte del Valle del Cauca y Buenaventura. Ahora están presentes en siete regiones del país, trabajando con cerca de 600 víctimas y documentando 900 casos. Bautista cuenta que también apoyan a las buscadoras en un resguardo indígena en San Marcelino, Putumayo.

Aunque según el informe “Hasta encontrarlos: el drama de la desaparición forzada en Colombia”, presentado por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), de las 120.000 personas desaparecidas la mayoría fueron hombres campesinos, estudiantes, defensores de derechos humanos o incluso los militares y guerrilleros protagonistas de la guerra, las mujeres han tenido una revictimización marcada por el género y Bautista es consciente de esto.

La cifra de hombres desaparecidos supera los 88.000 y la de mujeres se acerca a las 12.000. Sin embargo, en el proceso de búsqueda de sus familiares son las madres, esposas, compañeras, amigas o hijas quienes han emprendido este camino que las enfrentan no solo a la revictimización, sino a agresiones, violencia sexual y discriminación por parte de los actores armados que perpetraron estos hechos y que ahora obstaculizan su búsqueda.

A pesar de que los grupos paramilitares fueron responsables del 46,1 % de los casos registrados de desaparición forzada entre 1970 y el 2015, otros grupos también son responsables: las guerrillas (19,9 %), los grupos posdesmovilización (8,8 %) y los agentes del Estado (8 %), de acuerdo con el CNMH. En cuanto a la acción revictimizante contra las buscadoras, Bautista explica que la mayoría de los casos que ha recibido también provienen de paramilitares.

“Empezamos a trabajar el tema de violencia sexual, lo incorporamos en nuestro quehacer para identificar ese tipo de vulneraciones en las mujeres buscadoras y encontramos que son muchas las que han sido víctimas de violencia sexual”, explica Bautista. Ante esta problemática, la violencia sexual se convirtió en un tema transversal en la fundación para capacitar a las buscadoras y empoderarlas, en palabras de Bautista, “para que ellas pasen de ser objetos de la violencia a sujetos sociales y políticos”.

Con sus prioridades definidas, esta organización, financiada con donaciones del extranjero y de su proyecto productivo Revoltosas, se enfocó en brindarles a las mujeres un apoyo integral y participativo con espacios de capacitación que les ayuden a proteger sus derechos y los de sus familiares víctimas de la desaparición forzada. Bautista espera que todo esto resulte en mujeres que desde sus experiencias contribuyan a la construcción de un país en paz y sin esta problemática.

El proceso se inicia con la escuela de liderazgo, donde participó Murad, un espacio colectivo donde, además de capacitarse en derechos humanos, también encaminan su trabajo en la organización. Algunas trabajan en el área de memoria y documentación, como Pilar, otras en administración, asesoría jurídica o en el proyecto Revoltosas.

El equipo de la fundación Nydia Erika Bautista está conformado por familiares de víctimas que fungen de capacitadoras en derechos humanos desde sus experiencias y estudiantes pasantes de la Universidad Nacional, estos últimos vinculados desde hace dos años, con quienes crearon la Comunidad Esperanza dentro de la fundación. “Este grupo surge con la entrada de pasantes y tiene como objetivo unir la escuela de liderazgo y el trabajo de la academia para fortalecer los saberes, la documentación y la caracterización de los lugares donde pueden estar los desaparecidos”, explica Murad.

Bautista considera importante la acción de crear memoria no solo desde las cifras, sino con cada caso de las víctimas. “Muchas mujeres que llegan a la fundación quieren documentar sus propios casos. Es un proceso muy duro, porque lo que encuentran en los expedientes es difícil: encuentran cómo se los llevaron, qué les hicieron en cautiverio, cómo los violentaron”, por eso, parte de su trabajo es ayudarlas en este proceso y trabajar con los pasantes para hacer el registro en los casos en los que los familiares prefieran no hacerlo de primera mano.

Paralelo al acompañamiento, la fundación también ha trabajado en temas de incidencia, presentando informes y recomendaciones a la Comisión de la Verdad. Bautista fue una de las mujeres que viajaron a La Habana para construir y exigir que el Acuerdo de Paz entre el Gobierno colombiano y las Farc tuviera un enfoque de género y dedicara un espacio a la búsqueda de personas dadas por desaparecidas.

Bautista espera que las recomendaciones que hicieron a la Comisión de la Verdad sean tenidas en cuenta y no se limiten a un homenaje. “Lo que esperamos es que ellos nos devuelvan en el informe final las cosas que les planteamos, como las vulneraciones que han sufrido las mujeres buscadoras, el desplazamiento forzado que han vivido, la violencia sexual, los secuestros... Esperamos que las experiencias de las mujeres sean retratadas en el informe”, reclama.

Revoltosas

Desde hace siete años, la fundación se dio a la tarea de crear un proyecto productivo donde las mujeres familiares de víctimas de desaparición forzada pudieran expresarse mediante el arte y también generar ingresos que les ayuden a cubrir los gastos de la operación de la fundación.

Revoltosas es una tienda de ropa y accesorios ubicada en la localidad de Teusaquillo, para ser más precisos, en la carrera 20 con calle 35. Allí está su local, que se ambienta con flores, música, fotos e historias de las víctimas que por años han buscado.

Murad comenta que más del 50 % de los artículos que venden son elaborados por mujeres buscadoras de varias partes del país. A la entrada de la tienda está un perchero con bolsos de colores tejidos a mano. Paulina Mahecha es la mujer que teje cada uno de los bolsos y quien desde el 2004, cuando su hija, la enfermera María Cristina Cobo Mahecha, fue desaparecida por paramilitares, lidera la búsqueda de personas dadas por desaparecidas en los Llanos.

En su tienda, las mujeres que hacen parte de Revoltosas también diseñan bisutería y agendas, hacen tejidos en lana y en hilo, crean manualidades con técnicas de reciclaje e intervienen prendas para darles una segunda vida. Por ejemplo, Jennifer Santos, una joven que ya hacía parte de la fundación, pero desde hace poco se vinculó al proyecto Revoltosas, está aprendiendo y diseñando bisutería: anillos, collares y aretes que están a la venta en la tienda.

Desde hace poco realizan ferias en su tienda, donde no solo venden los productos que producen, sino que crean espacios colectivos y artísticos para que los familiares de las víctimas pueden expresarse y recordar a sus seres queridos a través del arte. Dedican parte de estas ferias a contar sus historias de vida, Murad canta y a la entrada de la tienda, en las rejas y mesas comparten cartas, fotos e historias de sus familiares a la espera de que sean visibilizadas y puedan al fin encontrar respuestas sobre el paradero de los suyos.

Laura Alejandra Moreno Urriaga

Por Laura Alejandra Moreno Urriaga

Comunicadora y periodista de la U. Javeriana. Hago parte del equipo editorial de Impacto Mujer en El Espectador. He trabajado como periodista en temas de género, verdad y conflicto. También en coordinación de proyectos de innovación social y estrategias de contenidos multimedia.@lamorenourlamoreno@elespectador.com
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