“Escogí la actuación por idiota”

El actor Andrés Felipe Martínez dice que su mayor logro es haber sobrevivido como payaso.

¿Le gusta más ser el bueno o el malo del paseo?

Ni lo uno ni lo otro, siempre soy el pegote de los paseos.

¿A quién odia?

A nadie.

¿Y a quién ama?

A mi hijo en primer lugar.

¿Cree que del odio al amor hay un paso?

No, del odio sólo puede haber más odio u olvido.

¿Se queda con el teatro, el cine o la televisión?

Con los tres.

¿Por qué escogió la actuación?

Por idiota.

Lo más difícil de ser actor.

Ser creíble.

¿Qué sensación le despierta la ópera?

Me encanta.

¿Qué extraña de Cali?

A mi mamá.

¿En dónde dejó la ingeniería civil?

En el olvido, ¡qué mal!

Su primer papel.

Como profesional, Víctor, en la película Con su música a otra parte, de Camila Loboguerrero.

El papel que más recuerda.

Celes, en El caballito del diablo, una obra en el T.P.B.

¿Qué le dejó su actuación como Malcom, en ‘Pasión de gavilanes’?

El gozo de hacer un personaje perverso, la dicha de trabajar al lado de Clemencia.

¿Qué le ha dejado la fama?

No soy famoso.

Si no fuera actor, ¿a qué se dedicaría?

Cantante de ópera, pero no sé si tengo el talento.

¿Al lado de quién le gustaría actuar?

De cualquier actriz o actor colombiano.

El mejor compañero de escena que ha tenido.

Todos con los que he actuado.

El mejor actor colombiano.

Hay muchos buenos, nombrar a uno sería injusto.

La más churra.

María Cecilia Botero, lejos...

El mejor director.

Todos los que me han dirigido.

La novela que más recuerda.

Vendaval, pero no trabajé en ella.

La que lo hizo llorar.

Esmeralda.

Un ‘hobby’.

Cocinar.

Hincha de qué equipo.

El mejor, la amenaza verde. El glorioso Deportivo Cali.

Su maestro.

Dos. Mi primer director en serio, Sandro Romero Rey, y Ricardo Camacho.

Su mejor amigo.

Mi hijo.

¿Qué tiene su hijo Pablo de usted?

Mmm... el gusto por la música. Canta hermoso.

¿Le gustaría que él se dedicara a la actuación?

No, nunca.

Lo que no soporta.


La mezquindad.

¿Tímido, callado o creído?

Bobo.

¿Qué lo saca de casillas?

Que una persona justifique sus embarradas culpando a otra.

Lo que no perdonaría.

No creo ni en la culpa, ni en el pecado y por lo tanto tampoco en el perdón.

Una mujer despampanante.

Una caleña caminando por pleno centro a las cuatro de la tarde.

Un lugar.

Cali, por supuesto.

Un sueño.

Morir lúcido hasta el final.

¿Qué hace en sus tiempos libres?

Ver fútbol, ¿para qué más?

Una profesión que hubiera querido ejercer.

Serenatero de trío.

Su mayor frustración.

No haber sido mejor matemático.

Su más grande logro.

Haber sobrevivido como payaso.

¿Qué lo avergüenza?

Nada.

¿Cree en Dios?

Creer o no, no me parece importante.

¿Cuándo fue la última vez que fue a misa?

A misa como tal hace siglos, pero me gusta visitar templos de cualquier credo y agradecerle a la vida estar vivo.

Una embarrada.

No haberle hecho caso a mi papá cuando me dijo que estudiara otra carrera aparte de la actuación.

Una anécdota.

Que yo esté vivo es una simple anécdota.

Su peor pesadilla.

Volver al colegio.

De qué no le gusta hablar.

Me gusta hablar de lo que sea.

Lo mejor que tiene Colombia.

Su optimismo.

¿Qué le falta a la actuación en el país?

Que los que manejan la televisión reconozcan que los actores colombianos son excelentes.

Le ofrecen más trabajo acá o en el exterior.

Aquí.

Un personaje admirable.

Nadie es admirable.

Qué música le gusta.

Desde música para planchar, pasando por salsa, jazz, clásica, de comedias musicales, cumbias, hasta música religiosa.

La canción que siempre canta.

Soy pan, soy paz, soy más, de Piero.

¿Y la que siempre baila?

Cualquier salsa.

Cómo se divierte.

Estando en mi casa.

¿Cómo se relaja?

Durmiendo.

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