Altares de la memoria

Adriana Sanmartín presenta su exposición ‘Mi vida en una caja’ en la galería Lalocalidad hasta el 12 de agosto.

Una figurilla plástica que venía en una mantequilla alemana a finales de los 50, una mujercita de plomo comprada en un mercado de las pulgas y un buda en miniatura encontrado en el río Mekong son los tesoros más preciados de Adriana Sanmartín, con los que puebla sus cajas. Estos objetos, que han sido buscados en anticuarios, en mercados de segunda mano o han llegado por casualidad, son con los que cuenta historias y hala recuerdos, reunidos bajo cuatro paredes.

Sanmartín llegó a Alemania por amor y desde hace 25 años este país es su casa adoptiva. Empezó a estudiar historia del arte pero las manualidades y las ganas de crear terminaron por cansarla de la teoría, así que culminó la carrera como ilustradora. Revistas como Vogue y Cosmopolitan compraban sus ilustraciones, la industria de los dibujos animados también se sirvió de sus dibujos, y ahora trabaja de manera libre para los arquitectos de interiores a los que le diseña papeles de colgadura. Pero las miniaturas y los figurines se fueron acumulando con el tiempo en su taller y hace 10 años empezó a montarles altares, a encontrarles una casa o un paisaje para habitar.

Así surgieron las cajas, también como una necesidad de expresarse con firma y de hacer un trabajo más personal lejos del anonimato de la ilustración. “He sido una coleccionista y visitante asidua de los mercados de pulgas, me obsesiona todo lo pequeño. Sin embargo, la primera obsesión es la de la caja. Me gusta sentarme en una esquina, tengo que tener la cama en un lugar donde me sienta abarcada, acogida. La cajita es un poco eso, una limitación muy favorable, una sensación de protección”, confiesa la artista.

Además de este trabajo íntimo, tan ligado al territorio de los recuerdos, de las historias románticas de damiselas perdidas en paisajes arbóreos, también exhibirá unos retablos decorativos que recogen su trabajo gráfico en el diseño de los papeles de colgadura. Llama la atención la recurrencia de los pájaros que recorren esta especie de afiches, donde un colibrí o un copetón se mueven por las ramas. “Soy ornitóloga de afición, me la paso con un binóculo en el bosque”, admite Sanmartín.

Su intención de que su trabajo se quede en alguna parte y le huya a lo efímero ha sido lograda. Estas cajas resultan entrañables porque de alguna manera conectan al espectador con un lugar remoto, como si fueran remembranzas de infancia.

 Lalocalidad. Calle 118 N° 5-33. Usaquén. Tel.: 620 62 46. www.lalocalidad.com