Colombia al Sundance

Perro come perro es la primera cinta ciento por ciento colombiana que entra a la selección del festival de cine independiente más importante del mundo. Cali será nuevamente la protagonista.

Yo nací en Nueva York, en el condado de Manhattan, donde perro come perro y por un peso te matan... 

Así dice un verso del salsero Henry Fiol. De ahí, precisamente, el director caleño Carlos Moreno sacó el título de su ópera prima, que acaba de ser seleccionada para participar en la selección oficial del World Dramatic Competition del festival estadounidense de Sundance, considerado el más importante del cine independiente en el mundo.

María, llena eres de gracia también participó en el festival, pero esta cinta fue producida en Estados Unidos y rodada en Ecuador. Perro come perro es el primer largometraje producido en el país que llega al festival de Salt Lake City, Utah.

El certamen, fundado por el actor Robert Redford, llega el próximo 17 de enero a la versión número 28.

Y ya que la salsa bautizó la película, esta cinta no podría discurrir en una ciudad colombiana diferente a Cali. Es allí donde Víctor Peñaranda —interpretado por Marlon Moreno, de Soñar no cuesta nada y El rey— y Eusebio Benítez —Óscar Borda— tienen que someterse a las órdenes de El Orejón —el fallecido Blas Jaramillo, de Satanás—, un poderoso empresario devoto de la brujería, deseoso de vengar la muerte de un ahijado y obsesionado por encontrar un dinero que se le ha perdido.

Esta película, basada en la novela corta Los malditos, de Alonso Torres, según su director bien podría ser un “thriller tropical”, un género perdido entre el negro, el gánster y la canícula caleña, en el que se destacan los crímenes, las subtramas, las resoluciones tardías y los finales abiertos.

Peñaranda y Benítez son los principales sospechosos de la pérdida del dinero de El Orejón, dos hombres del bajo mundo protagonistas de una historia de codicia y traición.

Esta historia de héroes de dudoso actuar se suma a una lista de personajes de la reciente ola de la cinematografía colombiana. Bluff, El rey, La gente de la universal son algunas de las cintas precedentes en las que, según la óptica moral desde donde se mire, los protagonistas bien podrían ser también los villanos.

En Perro come perro, además, se puede sentir el palpitar caliente de la capital vallecaucana y un interesante toque místico que le agrega singularidad a la cinta: Benítez sufre ataques de pánico por cuenta de la brujería de uno de los muertos que lleva en sus hombros.

Carlos Moreno está convencido de que aunque lo que más le gusta de su película es el clima, el retrato de la ciudad que él bien conoce, esta es una historia universal que se cuenta en Cali por su capricho, por su deseo. En palabras de Moreno: “Una ciudad desahuciada, una región en disputa que en este momento es el cruce de caminos de la guerra que sufre este país”.

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