Coleccionando colombianos

Amigo íntimo de Juan Rulfo, Fernando del Paso, ganador del Premio de la FIL 2007, dedicó su discurso, durante la entrega del Premio, a un escritor bogotano y reveló secretos de su amistad con García Márquez y Álvaro Mutis.

Dicen que no se dedican los discursos, pero Fernando del Paso decidió dedicar el suyo, al recibir el Premio de la FIL 2007, que antes era el  Premio Juan Rulfo. Lo dedicó a dos de sus amigos, con quienes guarda una deuda literaria: el español José de la Colina, exiliado en México después de la Guerra Civil, y el escritor colombiano Antonio Montaña.

Hubo sorpresa entre los colombianos que escuchaban atentos el discurso en aquel salón tenso y milimétricamente vigilado por hombres de seguridad del Estado Mayor Presidencial, y del que minutos antes habían desalojado a una mujer que aprovechó el silencio para gritar: ¡Felipe Calderón, presidente espurio!

Una breve muestra de las fracturas que provocaron las últimas elecciones entre los mexicanos. De hecho, el mismo homenajeado, quien se preparaba para recibir de manos del presidente Felipe Calderón el premio, hace menos de un año escribió un artículo titulado “Sí hubo fraude”, que se publicó en el periódico La Jornada.

Pero en aquella sala, lo cierto era que tampoco los mexicanos tenían noticia de ese escritor colombiano, quien según Del Paso, además de autor de espléndidas novelas, hombre de teatro y pensador brillante, fue quien hace más de 50 años lo inició en los misterios de la literatura al presentarle sonetos del español Miguel Hernández. Sonetos que detonaron su vocación literaria y lo desviaron poco a poco de la medicina, ruta que había escogido, al igual que su esposa Socorro.

El editor Benjamín Villegas, sentado entre aquel público, sí sabía con precisión a quién se refería del Paso. Meses atrás, había publicado Aguas bravías, la última novela de Montaña. Impresionado por el gesto del escritor mexicano, marcó desde su celular a la casa de Montaña en Chía, Cundinamarca, y le contó emocionado lo que estaba sucediendo.

No sería la única sorpresa de la tarde. Fernando del Paso revelaría algunos otros secretos sobre la promiscua relación literaria que por décadas han alimentado México y Colombia, esta vez país invitado de honor a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

“¿Por qué quiero tanto a Colombia? Déjenme decirles que yo gozo un ajiaco con sus guascas y su buena variedad de papas. Que lamento el Bogotazo y el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, tanto como cualquier colombiano que se respete, y que me encantan las traducciones de Saint-John Perce que hizo el poeta colombiano Jorge Zalamea, tanto o más de lo que le gustaron al propio Saint-John Perce”. El discurso, unas veces interrumpido por aplausos, otras por risas, muchas más por un flujo nasal secuela de su reciente paso por los quirófanos de una clínica en Guadalajara, iba revelando que Colombia es en verdad otra patria para el autor de José Trigo, Noticias del imperio y Palinuro de México, tres novelas emblemáticas de la literatura mexicana contemporánea.

Con la amistad de Antonio Montaña llegó la de otros colombianos, que por aquella época arribaban a México y ahora lo acompañaban en el homenaje: Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez. También Fernando Botero. Luego vendrían Nicolás Suescún, Fernando Arbeláez, Juan Gustavo Cobo Borda, R.H. Moreno Durán, Bernardo Hoyos y Héctor Abad, quien bautizó Palinuro a una librería en Medellín. “Mi esposa y yo seguimos coleccionando colombianos”, dijo Del Paso.

De Botero recibió, por manos de Álvaro Montaña, un “moisés” que sirvió a su primer hijo, casualmente de nombre Fernando, y un cuadro del que no sospechó que llegaría a costar tanto como una casa. Sobre Mutis, a quien menciona en su novela Palinuro, así como en Linda 67 y en otro más sobre cocina mexicana, dijo que “a pesar de sus proclividades monárquicas es uno de los seres más bellos y generosos que he conocido”. A Gabriel García Márquez le arrancó una sonrisa al revelar el apodo con que lo bautizaron recién llegó a México: Renán 21, por la primera dirección en la que se hospedó, al sur de la ciudad. También lo hizo sonreír cuando recordó que “Gabo escribía unos sketches que eran actuados por Mauricio Garcés y Silvia Pinal en un programa patrocinado por la Ginebra Oso Negro, para la cual yo hacía los comerciales. Y Álvaro se agenciaba unos centavos extra grabando la voz del locutor de Los Intocables”. Imitando la voz de Álvaro Mutis, añadió: Chicago, 1927. Elliot Ness se enfrenta al contrabando de whisky escocés más grande en la historia de la ciudad...”. Una carcajada recorrió el auditorio. “¿Te acuerdas, Gabo? ¿Te acuerdas, Álvaro?”, les preguntó con nostalgia en la voz.

Fernando del Paso se disculpó por no poder asistir a las otras actividades programadas a lo largo de la semana, en la gigantesca feria que alberga cada año más de 1.600 casas editoriales de 39 países, y recibe no menos de medio millón de visitantes.

Algunos de sus amigos, sin embargo, no faltaron a la cita y aprovecharon la ocasión para recordar la importancia de sus obras dentro de la literatura hispanoamericana. El escritor español José de la Montaña respondió a la dedicatoria del discurso diciendo que Del Paso “es un gran mentiroso, nosotros no somos sus maestros. Está bien que sea un gran mentiroso. Es la única manera de ser un gran escritor”.

Gonzalo Celorio, ex director del Fondo de Cultura Económica y jurado del concurso, resaltó la odisea que emprendió Del Paso con tan sólo 24 años y que lo llevaría a escribir José Trigo, “una de las novelas más deslumbrantes del siglo XX” y de la que Juan Rulfo dijo que era “la más formidable empresa idiomática en Iberoamérica”.

También la escritora Elena Poniatowska celebró el premio para Fernando del Paso. Advirtió que José Trigo fue una novela que asombró e irritó a la vez, mientras Noticias del imperio fue una fiesta... esa obra equivale a que los usuarios del metro lean a Joyce y a Lezama Lima sin levantar la vista pese a los apretones”. En esta novela monumental, que sobrepasa las 1.000 páginas, del Paso recreó la historia demencial de Carlota y Maximiliano de Habsburgo, protagonistas del efímero segundo Imperio Mexicano tras la intervención francesa en tierras aztecas.

Por ahora, ni los premios ni los halagos lo convencen de revocar su promesa de no volver a escribir novelas. Para este autor de 72 años, nacido en la Ciudad de México, escribir es un oficio arduo, exigente. Sus tres principales novelas le tomaron, cada una, una década entera de investigación y escritura.

Los pasos de Del Paso

Fernando del Paso nació en la Ciudad de México en 1935. Es autor de cuatro novelas: “José Trigo” (1966), que obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia; “Palinuro de México”, Premio Novela México en 1976 y Rómulo Gallegos en 1982; “Noticias del imperio”, que ganó el Premio Mazatlán, y “Linda 67”, historia de un crimen publicada en 1995.

“Memoria y olvido: Vida de Juan José Arreola”, “La cocina mexicana de Socorro y Fernando del Paso” y “Viaje alrededor del Quijote” son otros de los títulos que ha publicado este narrador y poeta, quien actualmente ejerce como director de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz de la Universidad de Guadalajara.

También se ha dedicado al teatro, el dibujo y la pintura y algunas de sus exposiciones han visitado ciudades en Europa y Estados Unidos. Entre 1955 y 1969 fue escritor de textos para agencias publicitarias. En los años setenta trabajó como productor de programas de radio y fue locutor de la BBC de Londres; desde esos micrófonos anunció la muerte de su entrañable amigo Juan Rulfo. “Carta a Juan Rulfo”, programa de radio que grabó en memoria del escritor mexicano, recibió un premio internacional.

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