El pasado dice: ‘presente’

Treinta anticuarios y coleccionistas se dan cita en el evento más importante de las artes decorativas en nuestro país. Los objetos antiguos  resumen buena parte de la historia desde la época colonial hasta 1950.

Tienen el ojo bien educado y son capaces de identificar las diferencias entre una antigüedad y un objeto viejo. Llevan toda una vida dedicada a la colección, preservación y conservación del patrimonio artístico de la humanidad, en el que se incluyen los muebles, las pinturas, los tapetes y demás piezas que hacen parte de las tradiciones decorativas que siempre han caracterizado al hombre.

Sus casas y locales comerciales están atiborrados de elementos llamativos, vistosos y muy valiosos. Allí se pueden encontrar imágenes religiosas de diversas épocas, así como también porcelanas, cristales, espejos, mesas y sillas, sin olvidar las colecciones completas de vajillas y cubiertos. Lo único que tienen todos estos objetos en común, según sus poseedores, es que se concibieron con buen gusto, y hoy, muchos años después de su creación, tienen la gran virtud de resumir y contar una parte de nuestra historia como especie.

“Estamos en un tiempo en el que las personas están aprendiendo a asimilar su patrimonio artístico y cultural, mientras les otorgan un valor justo a los objetos que las rodean. Por eso, vemos a muchos jóvenes asistiendo a museos para aprender un poco más de su historia. El patrimonio artístico de una nación está representado por los objetos de arte, que por fortuna ahora no es permitido destruir ni exportar de manera ilegal y eso ha sido muy positivo para nosotros”, afirma Alfonso Guzmán Pinto, presidente de la Asociación de Anticuarios de Colombia, entidad que agrupa a aquellas personas que están muy comprometidas con el coleccionismo.

Para Alfonso y más de treinta expertos en el oficio de identificar y evaluar antigüedades, el coleccionismo es una pasión incurable. Es un descubrimiento continuo, además de un aprendizaje, porque se reconocen piezas de herencia y también se logra establecer, a través de los objetos, algunos fenómenos de tipo sociológico. Por ejemplo, en Bogotá a muchas personas les tocó mudarse de grandes y confortables casas a diminutos apartamentos y se vieron obligadas a deshacerse de miles de piezas significativas para las familias. Por esto, el trabajo para los anticuarios en los últimos años se ha multiplicado y ya se habla de la profesionalización de esta labor, que en Colombia está a la par con países de inmensa tradición en este arte, como Argentina, Ecuador y Perú.

“Lo primero que debe tener un coleccionista es un gran conocimiento y eso implica la visita a museos y exposiciones de arte en el mundo, y con ese ejercicio se empieza uno a educar y a tratar de familiarizarse con los objetos. La persona no se puede dar el lujo de tener cosas banales en su anticuario, aunque una pieza artesanal o rústica puede ser interesante, pero hay que


saberla reconocer, y lo que diferencia al aficionado del coleccionista es, precisamente, el criterio”, comenta con conocimiento de causa Carla Sigismund, italiana de nacimiento, que llegó a nuestro país guiada por el amor y en Cartagena y Bogotá ha logrado consolidarse como anticuaria hasta convertirse en la secretaria de la Asociación de Anticuarios de Colombia.

Un coleccionista es, ante todo, un apasionado por los objetos antiguos, porque hay que sentir las piezas y tener el buen gusto para saber adquirirlas y disfrutar de las satisfacciones que producen. Y es que esta profesión, entre clásica por el objeto de estudio y actual por el boom de la decoración, tiene una forma maravillosa de alegrarles la vida a las personas y resulta toda una inversión, ya que está comprobado que el arte nunca pasa de moda y se valoriza cada día más.

¿Por qué ir?

Y para posicionar el oficio, la Asociación de Anticuarios de Colombia al celebrar sus diez años de funcionamiento, desarrolla desde el jueves pasado y hasta el domingo 27 de abril la versión número 18 de la Feria de Antigüedades. Este evento se lleva a cabo en las instalaciones del Centro de Estudios Pastorales Cardenal Aníbal Muñoz –Cepcam.

“La idea de la feria es que los coleccionistas podamos exponer una o dos veces al año, porque en Colombia no tenemos otra oportunidad. No se trata de un hecho económico, sino que deseamos mostrar nuestra labor para que las personas se acostumbren a ver estilos diferentes ”, cuenta Carla Sigismund.

Dentro de la programación de la Feria se destacan las charlas sobre restauración, pero lo más importante es que el evento ofrece la posibilidad de diferenciar diversos estilos, desde la época colonial hasta 1950.

“Otra característica de nuestro encuentro es la subasta en la que cada expositor pone a consideración del público una pieza. Esta año una de nuestras socias, Cecilia Fisher de Cárdenas, dictará una charla sobre la importancia del cristal”, añade Alfonso Guzmán.

La invitación de las personas que por herencia, sabiduría o compromiso se han dedicado a la conservación y protección de objetos patrimoniales, es clara: “Conozca y viva con pasión el mundo de las antigüedades y aproveche para comprarlas a precio de feria”.

Centro de Estudios Pastorales Cardenal Aníbal Muñoz –Cepcam–. Carrera 6ª N° 118-60. Usaquén. Tel. 619 7366.

 

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