Una escritora de antología

Para la poeta y autora de Siempre fue Invierno, su última novela, abril no llega con la lluvia sino con un homenaje en el V Encuentro de Mujeres Escritoras y una antología de su poesía publicada por el Fondo de Cultura Económica que se lanza a final de este mes.

Piedad Bonnett es una escritora rigurosa y minuciosa. Se dedica a su oficio todos los días y salta de un libro a otro entre los que se encuentran apilados en su estudio. Aunque es una mujer en la madurez, aún es joven. Pero después de seis libros de poesía, de tres novelas y cuatro antologías y de 20 años como escritora y académica, le llegó la hora de un homenaje. Además, el Fondo de Cultura Económica publicará una antología de sus poemas prologada por José Watanabe, la cual pertenece a una prestigiosa colección de poesía internacional y nacional.

Entre la novela, el teatro y la poesía. ¿qué le genera cada uno? ¿En dónde se siente más cómoda y por qué?

Cómoda con ninguno. Escribir es una tarea muy difícil y mientras uno más escribe, más difícil es. Así como dice Vargas Llosa, para un escritor lo más importante es el proceso, es donde verdaderamente disfruta, ya lo demás viene por añadidura. Cuando uno está escribiendo una novela, necesita escribir todos los días para conservar el tono, el ritmo, para que no se escapen los detalles. Cuando escribo un poema puede ser en un día y el otro puede demorarse en llegar quince días. Lo que transitoriamente me produce más felicidad mientras lo hago es definitivamente la poesía.

¿Qué significa para usted ser la homenajeada en el V Encuentro de Mujeres Escritoras?

Agradezco muchísimo ese gesto, lo tomo como un reconocimiento a mi trabajo, que ha sido muy largo no sólo como escritora, sino como una mujer que ha dedicado su vida a la literatura. Eso me llena de gratitud. Al mismo tiempo, confieso que les tengo un poco de miedo a los homenajes porque se los conceden a la gente cuando está entrando a cierta edad y eso me inquieta. Por otro lado, no quiero que un homenaje me haga pensar que he llegado a una cima de logro, sino por el contrario, sigo metida en un territorio de incertidumbre. No quiero que se vea como una consagración.

¿Así como Virginia Woolf y Simone de Beauvoir, cree usted que las mujeres deben evitar escribir sobre las realidades interiores? ¿Evitar escribir conscientemente como mujeres?

Me parece difícil extraerse de esa condición. Sin embargo, no busco alinearme en un territorio feminista. Pienso que la literatura no es el terreno para dar esa pelea, porque el escritor es un ser humano que se encarga de problematizar el mundo y a mí no me interesa mostrar ni mujeres triunfadoras ni dar lecciones de virtud femenina desde ahí, sino mostrar que hombres y mujeres somos igualmente frágiles, conflictivos, en dubitación, y que vivir es muy difícil para todo el mundo.

La eterna pugna: ¿existe la literatura femenina?

Claro que sí. También me parece que ha sido una idea editorial. Hubo un boom femenino que trajo consecuencias no tan positivas. Muchas, escudadas en esta corriente, publicaron una falsa y mediocre literatura femenina.

¿Qué escritora contemporánea admira y por qué?

Hay muchas. Admiro a Blanca Varela, una poeta peruana que tiene un universo extraordinario. XXXAmélie Nothomb debió ser una niña prodigio. Tiene una obra muy interesante y prolífica.

¿Y en el panorama colombiano?

Hay gente joven produciendo muchas cosas interesantes, pero es mejor no dar nombres porque no quiero herir susceptibilidades. Dentro de las veteranas están Matilde Espinosa y Meira Delmar, que son unas voces muy interesantes.

En sus novelas se siente el amor como una vía de acceso al otro, pero en realidad el otro queda como un perfecto desconocido. ¿Por qué esta alteridad del compañero de amor?

Eso me intriga mucho. Finalmente uno no conoce a nadie. En una amistad, es la suma de los años y lo que la vida va haciendo con el otro lo que le permite muy tarde comenzar a entender a esa persona. En el terreno del amor y el matrimonio es aún más difícil. Los seres humanos somos tremendos enigmas. Por eso existen los escritores, porque el enigma del otro es siempre impresionante. Pero jamás el enigma es tan grande como cuando uno está enamorado.

Cuando se está en este estado, una de las cosas que enamora es no poder llegar al núcleo fundamental de ese otro, hay como una cosa paradójica. Uno de los acercamientos más íntimos que puede haber es el de la desnudez y el del acto sexual. Y sin embargo, ese conocimiento último que todo amante quiere del otro, nunca se da.

¿Escribe sobre sí misma o sobre posibles vertientes de sí misma a través de sus personajes?

Es totalmente inevitable. Las intimidades se pueden preservar. Hay escritores más impúdicos que otros, que entregan más su intimidad. Pero el juego del escritor es el del camuflaje. Un escritor se mueve siempre en esa


frontera, en que pone mucho de sus verdades y de sus secretos más tremendos, pero siempre hay algo velado. Como dijo Pessoa: el poeta es un fingidor.

¿Cuáles son sus temas recurrentes, sus obsesiones?

Yo tuve una gran obsesión que espero la haya superado, que es el tema de la infancia, de ese mundo perdido y de ese mundo definitivo. De la infancia me interesaban los miedos y la relación con el padre. Las relaciones con los hombres y las jerárquicas siempre me han inquietado mucho. En mis obras de teatro yo evidencié mucho mi resistencia al autoritarismo del padre, del maestro y la imagen de un dios castigador. Un presidente autoritario también me parece espantoso.

¿Cuál ha sido su aporte a la literatura colombiana?

Preferiría que otros respondieran por mí. Sin embargo, siento que he trabajado en territorios donde no demasiada gente se ha aventurado, sobre todo en mis novelas. He escrito novelas que se mueven en un mundo de una clase media alta, intelectual; me he metido en los terrenos de la universidad y en un mundo de relaciones humanas que tiende hacia lo íntimo. En la poesía está la presencia de lo cotidiano. No es que yo sea pionera, pero sí me muevo en un mundo donde la temática de esas cosas es escasa. La literatura colombiana está volcada sobre otras realidades, de otra naturaleza. Una voz femenina es siempre importante, dada la escasez de escritoras publicando y circulando.

Miserias de la palabra

Cuando

irremediablemente debo detenerme

en tu umbral,

allí donde comienzas, donde acabas,

donde quiere

sembrar mi fuego un incendio indomable,

la palabra es apenas una muleta rota,

una pobre agonía aleteando.

Y si en la plana miseria de los días

entra a saco la muerte,

abrupta siempre, como un toque a la puerta

en una madrugada,

y sin embargo

el sol cumple su cita sin hacer aspavientos

y el estornino canta sobre el árbol,


como un puño que pega a una pared

inútil nace la palabra, y sorda.

Y si de pronto

un viejo olor inaugura la tarde

y ese niño que eras te saluda

azul desde su eterno paraíso,

y no logras saber cómo era el rostro

de tu padre, en su siesta o en su hora,

la palabra

cómo tartamudea, cómo tiembla

como una brújula que ha perdido el norte.

Si la luna es tan luna

que sube la marea del corazón,

naufraga la palabra.

Si la mirada

roza la piel y hace nacer el deseo,

se quema la palabra.

Si Dios tira sus ases,

trampea alegremente en tus narices,

escapa la palabra.

Y sin embargo,

para llamar la luna,

para hablar del deseo,

para llorar a Dios,

como una vieja meretriz desnuda

impúdica se ofrece la palabra.

* V Encuentro de Escritoras Colombianas.

Homenaje a Piedad Bonnett

29 de abril. 10:00a.m.-12:30p.m

Feria del Libro, Sala José Asunción Silva.

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