Una mirada profunda

Está en la lista de las 40 cosas que hay que hacer en la vida. Quien lo ha practicado se enamora de la actividad, porque es un deporte de aventura que ofrece adrenalina y contemplación. Colombia tiene uno de los cinco destinos favoritos para su práctica, según la National Geographic. Con cada inmersión se descubren nuevas facetas de una palabra que encierra todo un universo misterioso: el Buceo.

Quizás una de las mayores aspiraciones del hombre, además de volar, ha sido la conquista de los fondos marinos.

Fueron los pescadores de coral, perlas y esponjas del Mediterráneo y del mar Rojo quienes se dedicaron, como pioneros, al buceo profesional gozando de una especial distinción. Pronto se trasladaría al terreno bélico, y las guerras del Peloponeso fueron el escenario de las singulares hazañas de los combatientes subacuáticos que ya poseían un tubo respirador.

En el Renacimiento encontramos bocetos de Leonardo Da Vinci que muestran ingenios para la práctica del buceo, como un tubo respirador idéntico a los actuales y unas aletas que el genio planeó fueran usadas en las manos y no en los pies.

Para la Segunda Guerra Mundial los ingleses crearon los famosos “Frog-man”, hombres rana, denominación que quedó arraigada para los buceadores de combate.

En 1944 el ingeniero Emile Gagan y el afamado precursor del buceo Jacques-Yves Custeau desarrollaron el primer regulador de demanda eficaz y seguro que le permite al hombre moverse en las profundidades con absoluta libertad.

Pero es en la década de los 60 cuando se lograron avances impresionantes en la fisiología y la técnica que posibilitan la respiración y le ofrecen al practicante la oportunidad de alcanzar límites hasta el momento insospechados. Estos avances se los debemos a Custeau, quien apasionó a millones de buceadores en todo el mundo que se maravillaron con las travesías del Calypso por todo el mundo.


En la actualidad, el buceo se ha convertido en una de las actividades deportivas y contemplativas preferidas entre los amantes de la aventura. Cientos de nuevos buzos son certificados cada año por las diferentes asociaciones gubernamentales o privadas que se encargan de garantizar estos procesos y que son reconocidas mundialmente. Algunas de estas entidades son: SSI (Escuela Internacional de Buceo) PADI (Asociación Profesional de Instructores Subacuáticos) y NAUI (Asociación Americana de Instructores Subacuáticos). Estos organismos son los garantes del conocimiento de los estándares mínimos de formación para cada nivel de competencia de sus alumnos afiliados.

La edad recomendada para iniciar el primer nivel de certificación, conocido como Open Water Diver, es de 12 años. El alumno recibirá cierta cantidad de horas de preparación en teoría y prácticas en piscina antes de enfrentarse a su primera aventura subacuática en aguas abiertas.

Colombia es un territorio privilegiado para la actividad del buceo, porque cuenta con dos océanos ricos en formaciones coralinas que permiten la vida de millones de especies subacuáticas que decoran un paisaje fantástico.

Algunos de los escenarios recomendados para practicar el buceo en Colombia son: Gorgona, que se encuentra ubicada en el Pacífico colombiano, a 27 km del municipio de Guapi, en el departamento del Cauca, el cual se ha convertido en uno de los paraísos para los buzos. Allí se puede encontrar una gran variedad de tortugas marinas, mantas, arrecifes de coral, tiburones y delfines. Si la visita se realiza durante los meses de julio y octubre el espectáculo está garantizado por las ballenas jorobadas.

Nuestro segundo recomendado en el Pacífico colombiano es la isla de Malpelo. A unos 506 kilómetros al occidente del puerto de Buenaventura se levanta la única isla oceánica que posee Colombia y que sirve de hábitat para especies subacuáticas, como tiburones martillo, ballenas y mantas, que convierten al islote en un escenario ideal para la práctica del buceo. Este lugar está catalogado por la prestigiosa revista de la National Geographic como uno de los cinco mejores destinos para realizar esta actividad.

Sin embargo, el mar Caribe no se queda atrás, ya que tiene a Taganga e Isla Fuerte. El primero es una bellísima bahía y pueblo de pescadores que se encuentra a tan sólo diez minutos del centro de la ciudad de Santa Marta. Su universo subacuático cada día tiene más adeptos y se ha convertido en uno de los destinos preferidos para certificar a buceadores Open Water.


Isla Fuerte, por su parte, está apartada del archipiélago de San Bernardo, que pertenece a Cartagena, en donde el buceo es una de las actividades más prolijas. Su carta de presentación es el punto de buceo denominado Bushnell, que con su increíble visibilidad (más de 100 pies) y sus hermosos arrecifes de coral se ha convertido en una atracción para propios y extraños.

Ser buzo es cada vez una posibilidad más accesible, pues los costos entre curso, salida al mar y certificación oscilan entre uno y dos millones de pesos, sin incluir el equipo básico que está conformado por careta, snorkel, lastre y aletas. Todos estos elementos deben ser personales y su valor no supera los $300.000.

Sin embargo, en Bogotá hay excelentes centros de enseñanza y práctica del buceo.

Con todas estas posibilidades no resulta tan complicado explorar uno de los grandes enigmas de nuestro planeta y ser parte del grupo de quienes aman, conocen y preservan una de las maravillas naturales del universo: el agua.

PARA TENER EN CUENTA:

— Chequeo médico antes de iniciar el curso.

— Los minicursos no certifican como buzo.

— Llevar al día la bitácora de inmersiones.

NI SE LE OCURRA:

— Botar basura en nuestros mares.

— Bucear sin estar certificado.

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