Con su talante ‘real’

La venezolana es la imagen del programa ‘Wild on’ del canal E! Entertainment.

“¿Esa es una reina?”, pregunta alguien entre la multitud que la sigue con la mirada mientras cruza la estación del metro hacia la Plaza Botero de Medellín. La persiguen una docena de ojos, también sus edecanes de producción, las cámaras, Jorge Celedón y un par de acordeoneros.

Con su 1,72 de estatura, piel canela tostada por la canícula que opaca aquel lunar que flota bajo su pómulo izquierdo, su escote profundo y sus medidas canónicas, es apenas comprensible que algún transeúnte la vincule con la realeza colombiana, con esas soberanas del bien lucir “marca” Angulo a las que se ha acostumbrado el pueblo colombiano.

De origen canario, gitano y estrechamente ligado con el Caribe, la familia de Norelys Rodríguez no forma parte de casa real alguna, pero en tierras extranjeras la tratan como si perteneciera a la más distinguida monarquía de Europa. Todas las atenciones imaginables se quedan cortas, ya que durante los últimos cinco años esta venezolana se ha convertido en la imagen de uno de los programas de viajes más vistos en el mundo. Éste, por supuesto, lleva cada año miles de turistas y de dólares a los más variados destinos.

Los productores de Wild on latino decidieron dedicar su tercera visita a Colombia a la capital antioqueña y su Feria de las Flores. Ya Bogotá y Cartagena fueron escenario en temporadas anteriores de esta serie que se emite por E! Entertainment, cadena de televisión líder en la difusión del entretenimiento hollywoodense y que llega a 600 millones de hogares en todo el mundo.

Ella no es exactamente una reina, pero lo fue. Su historia es la de la señorita que logra una segunda oportunidad en el mundo del espectáculo luego de que se agotara el efímero camino de los reinados. En 2001, esta miss obtuvo el tercer lugar en el concurso nacional de belleza de Venezuela.

La noche de coronación en la que esta mujer selló por años su vida de princesa, la televisión de su país la presentó como la flor más bella del estado Vargas, ataviada para la gala con “un vestido de seda pura, bordado de cristales e incrustaciones de ondulantes transparencias”.

En medio del tumulto que se agolpa frente a ella en la Plaza Botero, ella muestra lo mucho que le queda de aquellos encantos que en 2001 le valieron el premio a la señorita simpatía y personalidad: una coquetería de adolescente que sobrevive a pesar de que ya pasa de los treinta, unos guiños de ojo que entrega con generosidad y enmarcados en unas cejas larguísimas.

Norelys Rodríguez acompaña el trabajo de UMA, una fundación para niños de la calle. De no ser porque fue voluntaria de la Cruz Roja y en 1999 hospedó en su hogar a cerca de 270 damnificados de los miles que dejó una serie de deslizamientos, habría que darles crédito a los desconfiados que tan sólo ven clichés utilizados por las bellas con corona para ganarse el cariño de la gente.

Quizá este talante “real” es la respuesta para quienes se preguntan cómo es que teniendo una agenda tan apretada por aquello de tener el “mejor trabajo del mundo” en Wild on, siendo una empresaria de la moda que debutará como actriz en el largometraje Muerte en alto contraste, además le queda tiempo para responder su cuenta de Twitter. Allí se puede leer una interminable cadena de mensajes que, en 140 caracteres, es prueba de la veracidad de esa faceta almibarada y con sentido social que suelen impostar algunas “soberanas”.

Vida sana, trabajo social y un carisma mezclado con inocencia tardía podrían describir a esta mujer que antes de ser reina o conductora de televisión soñaba con ser azafata. “Yo siempre me fijé el viajar, conocer”, dice.

El tumulto de curiosos y paparazzis aficionados cercan a Celedón y apenas dejan espacio para unas cuantas tomas apresuradas del equipo de televisión. Es momento de la retirada.

Mientras el artista, Norelys Rodríguez y su séquito huyen por entre las jardineras de la plaza,  tan a prisa que no detallan la belleza del guayacán florecido que empieza a dejar sus hojas amarillas en el pavimento, otro desprevenido peatón pregunta si aquella mujer que se aleja es una actriz. “No —le responde automáticamente uno de sus acompañantes—. Es una reina”.

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