Negocios de familia

Se trata de una iniciativa del Distrito y la Universidad de La Salle. Ha beneficiado este año a 120 hogares, que se encontraban ubicados en zonas de alto riesgo.

Durante muchos años, Jannet Parra vivió en el barrio Corinto, ubicado en la localidad de San Cristóbal, uno de los 304 barrios ilegales que existen en Bogotá y que se encuentra en zona de alto riesgo. Por esto, ella junto con sus cuatro hijas fue reubicada por el programa de reasentamientos de la Caja de Vivienda Popular en una casa de interés social en el barrio Caracol.

A pocos días de cumplir un año en su nueva casa, la mujer se encuentra en el proceso de trasladar su lugar de trabajo, que queda en la calle 20 con carrera 9ª, donde vende y arregla todo tipo de controles para diversos aparatos electrónicos. Este cambio le ayudará a estar más pendiente de sus hijas y a ahorrarse tiempo y dinero, ya que no tendrá que salir de su casa, ni pagar transporte.

Parra hizo un curso de electrónica en el Sena y se dedica a este oficio desde hace varios años. Pero ahora siente que tiene nuevas herramientas, como su casa, para hacer crecer su negocio. Después de ser reubicada, Jannet entró al programa Proyectos Productivos junto con otras 119 familias que fueron reasentadas.

Este proyecto consistió en formar a las familias trasladadas para que aprendieran a crear empresa o mejorar las ya existentes, por medio de un convenio entre la Caja de Vivienda Popular y los estudiantes que están en último semestre de las carreras de contaduría y administración de empresas de la Universidad de la Salle. Convenio que es aceptado como requisito de grado para la Universidad.

Lindsay Benítez, miembro de apoyo a la coordinación del área de posreasentamientos, explica que las capacitaciones incluyeron dos etapas: “Una tenía que ver con tenderos o con los que ya tenían negocios consolidados o muy incipientes y que necesitaban apoyo para hacer los consensos, para mirar el tema de contabilidad, administración y manejo de recursos; y dos, incentivar ideas productivas a personas que tengan algún proyecto para mirar cómo los desarrollábamos o cómo lo producíamos”.

En todas las comunidades (la iniciativa se desarrolló en Ciudad Bolívar, Soacha, Kennedy, Usme y Bosa), la Caja de Vivienda Popular inició este proceso de participación y de acompañamiento, en el que la entidad —que pertenece a la Secretaría de Hábitat— conducía a los estudiantes, dirigidos por el profesor de La Salle Dagoberto Castillo, para que conocieran a las familias.

Las capacitaciones se hicieron los sábados y los domingos porque eran los únicos días en que las familias podían atender a los estudiantes. Para éstas se utilizaron los salones comunales de los barrios y las viviendas de algunos reasentados.

Se trató de ayudar a las familias no sólo con charlas, sino también con otro tipo de alternativas, como el caso de una que recibió clases de cocina con chefs del Sena para aprender a preparar pizzas, ya que ellos tenían el horno pero no sabían hacerlas.

El proceso de formación empresarial duró aproximadamente siete meses, desde enero de este año hasta el 10 de julio, cuando se graduaron 120 familias, a las cuales recibieron el diploma que los acredita como participantes del programa.

El resultado fue la consolidación y el inicio de algunos proyectos productivos, como el de María Fernanda Hurtado, quien apenas llegó a su nueva casa pidió un préstamo en el banco por $700 mil para poner su propia tienda. “Gracias a este proyecto los tenderos hemos logrado llevar una contabilidad para hacer crecer el negocio, que lo que entre no sea para el diario”, agrega.

En San Cristóbal hay cuatro madres cabezas de hogar que producen chocolates y semanalmente venden entre 100 y 200 unidades e incluso están tratando de tener un convenio con la cadena de Almacenes Éxito para vender masivamente.

“La idea es que ellos vendan sus productos, puerta a puerta o en sus casas; son familias que por falta de educación no pueden acceder a un trabajo y que por este medio subsisten. Se trata de que fortalezcan sus negocios y sean una unidad en un sitio y no en la calle”, explica Lindsay Benítez.

El Distrito lidera la iniciativa, pero no invierte recursos en ella, pues se trata de una tarea voluntaria de los estudiantes.

 

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