‘A cruzar otros mares de locura’

Con el Dúo Cantoral afloró buena parte de su inspiración romántica.

Integrando el grupo Los Tres Caballeros, logró la contundencia para no ser uno más dentro del inmenso abanico de compositores trasnochados por el bolero, aquel fenómeno pendulante entre amores y desamores. Sin embargo, fue como solista, como único responsable de sus palabras y sus silencios que Roberto Cantoral conquistó a un público que le fue fiel durante más de seis décadas de actividad en la música.

Sus seguidores, millones en el mundo de habla hispana, identificaban sus canciones interpretadas en la melodiosa voz de Joan Báez, con la rítmica extraña de Marco Antonio Solís, con la particularidad de don Pedro Vargas o la grandilocuencia de Plácido Domingo. Lo importante para su fanaticada es la letra, el sentimiento que Cantoral le imprimía a una música sensible por excelencia.

‘Dicen que la distancia es el olvido/pero yo no concibo esa razón/porque yo seguiré siendo el cautivo/de los caprichos de tu corazón’ o ‘Reloj, detén tu camino/ porque mi vida se apaga/ ella es la estrella que alumbra mi ser/ yo sin su amor no soy nada’ son frases de dos de sus canciones más memorables, inmortales. Más de cuarenta mil personas se acercaron durante la tarde del sábado al Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana para darle el último adiós a su ídolo. Durante una sentida despedida, artistas como Armando Manzanero expresaron su tristeza diciendo: “Todos sentimos mucho esta pérdida, pero su alma existe todavía en los corazones. En dondequiera que esté, todo el mundo le va a seguir amando”.

Con El reloj, La barca, Regálame esta noche, Que lo decida el cielo y El preso número nueve, Roberto Cantoral cruzó fronteras y su estilo se esparció por América para luego conquistar tierras lejanas, como Francia, Italia y Japón. Sin embargo, su labor no solamente se centró en la composición y divulgación del arte sonoro, sino que también se comprometió de tal manera con su gremio que fue presidente vitalicio y honorario del consejo directivo de la Sociedad de Autores y Compositores de México. Su gestión impulsó al bolero, el mismo estilo que hoy lo extraña.

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