Anatomistas del Tercer Reich

Seminario organizado en Alemania sobre el pacto entre médicos y oficiales del régimen nazi reabre debate sobre oscuro episodio de la historia de la medicina.

El Atlas de anatomía del alemán Eduard Pernkopf, con sus imágenes impecables y exactas, sirvió durante varias décadas a miles de estudiantes de medicina para memorizar cada detalle del cuerpo humano. Lo que desconocía la mayoría de ellos es que había sido preparado en jornadas de 18 horas de trabajo por Pernkopf y su grupo de dibujantes teniendo por modelos los cuerpos de hombres, mujeres y niños judíos ejecutados por los nazis.

Pernkopf no fue el único que aceptó el macabro pacto. Se cree que a cada escuela de medicina alemana se le asignó una prisión durante el Tercer Reich para abastecerse de cadáveres. Más de medio siglo después de aquellos horrores, esa página de la historia de la medicina apenas se está escribiendo.

Heather Pringle, periodista y escritora canadiense, autora del libro El plan maestro (2006), en el cual narra la relación entre científicos y oficiales nazis, ahora va tras los secretos de los anatomistas alemanes. Por otra parte, la Sociedad Anatómica de Alemania tiene previsto realizar el seminario “Anatomistas del Tercer Reich” para reabrir el debate ético sobre la herencia científica que nos dejaron los nazis.

¿Qué tipo de investigación está realizando sobre este tema?

Quiero ampliar la investigación que realicé para el libro El plan maestro. Mientras lo escribía me enteré de un macabro proyecto de investigación conocido como la Colección de Esqueletos Judíos, diseñada por el anatomista Dr. August Hirt. Con la ayuda del antropólogo Bruno Beger, Hirt logró un arreglo para obtener los esqueletos de 86 judíos, hombres, mujeres y niños, para su investigación.

¿Por qué comenzó a escribir sobre los anatomistas alemanes?

Estoy extremadamente interesada en la influencia de la política en la ciencia. Muchas personas piensan de manera naïf que la ciencia es imparcial.

¿Qué la ha sorprendido de esta historia?

Me sorprendió mucho encontrar que cada escuela de anatomía en Alemania aceptó los cuerpos de prisioneros ejecutados. Ningún instituto declinó usar estos cuerpos. Al hacerlo, se convirtieron en cómplices.

¿Cómo adquirían los cuerpos las escuelas de medicina?

Las prisiones informaban la hora de las ejecuciones y los anatomistas enviaban a sus asistentes, que esperaban en alguna sala el fin de la ejecución y recogían los cadáveres aún tibios.

¿Qué tipo de conocimiento se obtuvo de estos experimentos?

Algunos anatomistas usaron los cuerpos para investigación. Uno de ellos, Max Clara, en la Universidad de Leipzig, usó los cuerpos para estudiar un tipo particular de célula en las vías respiratorias. Esa célula es conocida como la célula Clara.

¿Por qué cree que los médicos aceptaron este pacto?

Antes los anatomistas tenían una gran cantidad de problemas para obtener los cadáveres que necesitaban. El régimen nazi de repente comenzó a ejecutar un gran número de personas y la mayoría de anatomistas se sintieron tentados a usarlos.

¿De qué manera esta discusión sigue vigente?

Hoy algunos países mantienen la pena de muerte como China y Estados Unidos. Los anatomistas en estos países se ven tentados a usar los cuerpos de prisioneros ejecutados. Creo que es importante desarrollar claras directrices. Un aspecto central es si realmente existe el libre consentimiento cuando un prisionero se encuentra en el corredor de la muerte.

¿Qué hacer con información como la del atlas de Pernkopf?

Es una pregunta muy difícil. Creo que lo deberían usar en los cursos de ética médica.

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