Fútbol con apellido

Sebastián y José, los hijos de Freddy Rincón y Adolfo Valencia, visten la misma camiseta que lanzó a sus padres al profesionalismo y advierten que quieren dejar huella como ellos.

A diario, o por lo menos de martes a sábado, ambos pasan frente a la entrada del Parque La Florida, al occidente de Bogotá, sin imaginar siquiera que allí, en medio de esos gigantescos árboles, germinaron años atrás las ilusiones de dos bonaverenses que llegaron a Bogotá en busca de una oportunidad y hoy, lejos de la ciudad que les dio mucho más que eso, tienen por qué sentirse en ella.

José Adolfo Valencia y Sebastián Rincón ignoran por completo los recuerdos que encierra ese pulmón verde capitalino, tal vez porque es un punto de tantos en ese largo trayecto hacia la sede deportiva de Independiente Santa Fe en Tenjo, Cundinamarca. Casualmente, son 14 kilómetros entre un lugar y otro, el mismo número que sus padres defendieran con la roja y blanca puesta.

Entre tanta carretera, tiempo les sobra para hablar de las fotos que han montado en Facebook, las nuevas canciones que descargaron en el Ipod o los últimos guayos que están en el mercado, sin ser del todo conscientes de la responsabilidad extra que recaerá en ellos, una vez en las camisetas se estampen sus apellidos.

Esas conversaciones no las tuvieron Freddy Eusebio Rincón y Adolfo Valencia en la capital del país, porque cuando el primero alistaba el trasteo hacia Cali, el otro recién llegaba, aunque después sobraron momentos al hacer parte de esa generación que le dio a Colombia un lugar en el mundo futbolístico.

Con la selección hubo espacio para hablar de sueños y uno compartido era que algunos de sus hijos fueran futbolistas, pero ni que se lo hubiesen prometido, los mayores de cada cual se dejaron tentar por el balón y por si fuera poco, hoy patean en el mismo equipo que hiciera profesionales a los progenitores.

No todas podían ser coincidencias y la primera diferencia entre Sebastián y Freddy se nota en el biotipo como tal, porque el descendiente, al ser más liviano, prefirió ser delantero y no volante, aunque a sus 16 años cree haber heredado en parte “la técnica, la aplicación y el despliegue físico”.

“Tiene buenos movimientos, es veloz y sabe con el balón, que es lo importante”, describe ‘El Trencito’ a su nuevo compañero, que no completa aún el mes en las filas cardenales, mientras que Valencia Jr., quien cumple su segundo año como profesional, también sabe de “cómo era la relación de nuestros papás, que fueron muy unidos dentro y fuera de la cancha, y el ejemplo que nos dejaron es que para sobresalir en este país hay que ser unidos y así debemos hacerlo nosotros”.

Freddy, aparte del 14 albirrojo, le dejó muchos consejos a Adolfo y ahora la vida se encargó de invertir los papeles, porque el hijo del ‘Tren’ es quien protege y guía a Sebastián, al entender que “acá estamos para colaborarnos todos. Él resultó tres años menor que yo, pero los dos somos jóvenes y vamos a aprender juntos”.

De hecho, José ya es preseleccionado de Eduardo Lara en la juvenil tricolor y acaba de salir campeón en Paraguay, un ejemplo para Rincón, al que le insiste en que “toca pensar en el equipo, en hacer historia como la hicieron nuestros padres en este club y seguro que así podremos estar juntos en la selección también”.

Sebastián, formado en las inferiores del Cali, acepta además que portar el apellido Rincón le obliga a “seguir el camino que mi papá trazó y aprender de él. Tengo una carga muy grande por enfrentar en el futuro, pero sé que él va a estar respaldándome”.

Hace cuatro años y medio se radicó en Miami con su familia, donde continuó jugando en el Weston Fury, pero hace un mes decidió volver solo a Colombia para probarse en Santa Fe y, al igual que el padre en su momento, convenció de entrada. Y por más duro que le resulte estar lejos de la “mamá, mis dos hermanitos y mi padrastro, desde pequeño he tenido claro que si quiero ser jugador profesional, debo hacer sacrificios”.

José Adolfo sí tiene a los suyos cerca, pero al igual que Sebastián, crecieron en circunstancias distintas a las de sus padres, al punto que el fútbol, por más prioridad que sea en ambos, no es la única opción y la regla innegociable en el hogar de Rincón es que “si uno no estudia, no juega, por eso acá voy a continuar la secundaria, porque ya hice décimo en Estados Unidos”.

Freddy también apoya tal iniciativa y desde Belo Horizonte le contó a El Espectador que “para hablar de mi hijo, puede que no sea el más objetivo, pero si está entrenando con la profesional de Santa Fe es porque tiene cualidades y así sea muy temprano para opinar, debo confesar que desde niño fue muy aficionado al fútbol”.

Pero el que sí tiene autoridad para opinar de Sebastián, como también de José Adolfo, es Diego Barragán, actual asistente técnico cardenal, quien al haber tenido también bajo su mando a los padres de ambos en la selección, puede encontrar similitudes y diferencias: “Valencia, al igual que el papá, tiene esa rapidez en espacio corto, mientras Rincón, así no juegue de volante, es un jugador que sabe con el balón, aunque los dos todavía tienen mucho que aprender”.

Ya aprendieron, por ejemplo, a crecer sin la figura paterna al lado, ya que hasta la separación familiar terminó siendo otro factor común y así charlen muy de vez en cuando con los que les heredaron más que un apellido, siempre les reconocerán, porque antes que genes, les dejaron balones en la sangre.