Reingeniería presidencial

Con su estilo el Jefe de Estado ha conseguido resultados, ha tenido un tono conciliador, ha permitido la figuración de sus ministros y a su alrededor prevalece el protocolo.

El pasado 20 de junio, al celebrar su triunfo como Presidente de la República, Juan Manuel Santos apareció en un escenario con luces, pantallas gigantes, confeti y serpentina en el coliseo El Campín. Esa primera escena moderna, ágil y visual del electo mandatario anticipaba grandes cambios del estilo del Ejecutivo en adelante, no sólo en la forma, sino en el fondo.

Esa misma noche, Santos sentenció en un tono conciliador: “El llamado que he hecho a la unidad nacional supone dejar atrás confrontaciones estériles, pendencieras, desprovistas de contenido, y superar los odios sin sentido entre ciudadanos de una misma nación”.

Y desde el 7 de agosto, como Jefe de Estado, no ha hecho otra cosa que ponerle su sello al gobierno. El primer punto de su agenda como Presidente fue recibir a los magistrados de las altas cortes en la Casa de Nariño para mostrarle al país su deseo de terminar con los choques que tuvieron Ejecutivo y Poder Judicial en la era de Álvaro Uribe. También dejó en claro el papel de sus ministros. Fue el del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, quien salió a anunciar el compromiso: “Nunca más escucharán a ningún funcionario del Gobierno controvertir decisiones jurisdiccionales”.

En su tercer día, Santos se reunió con el mandatario venezolano, Hugo Chávez, para recomponer las relaciones de los dos países. En tiempo récord logró la conformación de cinco comisiones de trabajo para resolver los asuntos económicos y de seguridad. Las conclusiones fueron leídas por su vocera internacional, una figura nueva, en la que nombraron a la periodista Adriana Vargas.

Dos días después, el recién posesionado Jefe de Estado se enfrentó al primer reto de orden público de su gobierno, cuando estalló un carro bomba en Bogotá frente a las instalaciones de Caracol Radio y de la agencia de noticias EFE. Santos no se apresuró a lanzar acusaciones, como tampoco lo hicieron sus ministros.

Esta semana, cuando la Corte Constitucional le dijo ‘no’ al acuerdo militar entre Estado Unidos y Colombia, el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, se pronunció en el sentido de acatar la decisión, mientras que el Primer Mandatario dijo que iba a estudiar si “vale la pena o no someter el acuerdo al Congreso”.

Así las cosas, la cadena de resultados, el tono conciliador, la figuración de los ministros, el protocolo, la no improvisación y la esmerada organización revelan que los primeros días del gobierno corresponden al estilo estratégico de Santos, que su equipo ha sabido interpretar. Para resumirlo en palabras del propio mandatario: “Gobernar es comunicar”.

Una alta fuente de la Casa de Nariño cuenta que esta semana el Gobierno se dedicó a los temas de pobreza y empleo. Y ahora están trabajando en poner a rodar todas las iniciativas y reformas planteadas en otros asuntos.

“El esquema es que se vea que el Presidente está, pero que hay una presencia muy importante y marcada de los ministros, que deben liderar cada iniciativa. Al fin y al cabo, son funcionarios de muy alto perfil, que el país debe reconocer, y el Presidente no tiene un estilo de abarcarlo todo, sino que aparece cuando tenga que aparecer y desaparece cuando lo tenga que hacer. Estamos intentando crear ese tema de coordinación de las comunicaciones para prevenir los cruces de versiones entre los ministros”, dice el funcionario.

La designada ministra de Medio Ambiente, Sandra Bessudo, asegura que el Presidente es una persona conciliadora, que escucha a su equipo: “Tenemos claro que la relación entre los ministros es muy importante, porque la coordinación interinstitucional es fundamental. Un buen equipo podrá avanzar en las metas en que el Gobierno Nacional trabaja”.

Y sobre los lineamientos que les han dado, Bessudo explicó que lo primero es que cada ministro es experto en su tema y que no se trata de “hablar por hablar”, sino de tener las cosas claras.

Pero no sólo son directrices en cuanto a comportamiento. Después de ocho años, los colombianos no volverán a escuchar hablar de los consejos comunales. ¿La razón? Pensando en el estilo del presidente Santos, el consejero para las regiones, Miguel Peñaloza, creó los “Acuerdos para la Prosperidad”, que en sus propias palabras significan que los colombianos “también podrán ver al Presidente todos los sábados en contacto con la gente, excepto cuando esté por fuera del país, en cuyo caso es muy probable que se comunique por vía satelital”.

Y aunque bien pueda compararse con lo que hacía Uribe, no se trata de lo mismo. Dichos “Acuerdos” estarán enfocados en temas de generación de empleo, los problemas particulares darán para soluciones generales y comenzarán desde los viernes para que el sábado, cuando el Mandatario llegue, se le presenten las conclusiones y posibles soluciones.

Peñaloza definió esta nueva estrategia tras analizar la personalidad del Presidente y concluir que había que hacer un proyecto gerencial. “Me inspiré en lo que yo conocía de Santos, en su trayectoria como ministro de Comercio, Hacienda y Defensa. Lo había visto muy organizado, preparado, que no improvisa, que llega con todo listo. Me empeñé en hacer una propuesta a la medida de ese talante”, revela.

Hasta en la oposición, el ex candidato presidencial Gustavo Petro reconoce que Juan Manuel Santos es “un buen jugador”. En su concepto, tiene “audacia” y eso podría permitirle las dos opciones, porque “lo pone en el filo de navaja del éxito y también del fracaso”.

Para la experta en imagen política de la Universidad del Rosario Bibiana Andrea Clavijo, la estrategia que hasta ahora ha mostrado el Jefe de Estado en sus primeros 16 días obedece a que él y sus asesores han entendido que los grandes retos de un gobernante son la legitimidad y proyectar una imagen positiva: “Uribe le apostaba a un trato más cercano y un lenguaje más próximo a la ciudadanía. Santos, sin ese carisma y esa personalidad, le apuesta a la legitimidad y su imagen será en razón de sus resultados y en qué tan eficaz pueda parecer su gestión”, asegura.

Clavijo cree que al Presidente no lo caracteriza la buena oratoria y por eso hoy su imagen es tan diferente a la que tuvo durante la campaña presidencial. El argumento de la académica es que en esa época necesariamente le tocaba enfrentarse al país sin libretos y ahora, como Jefe de Estado, no se atreve a dar salidas en falso y por eso trata de comunicar con todo, hasta con la organización.

“El estilo del Presidente se acomoda a los estilos internacionales de la comunicación política: evitar a toda costa la improvisación, tener control sobre los mayores elementos posibles, un excelente equipo , expertos que consideren desde la pinta del candidato, hasta los auditorios. Hay diseño detrás de su proceso de comunicación”, concluye la analista.

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