El Alcalde de Reykjavik

LOS HIJOS MÁS PROBABLES DE UN mal gobierno son la anarquía, la dictadura o el populismo.

Las sociedades escogen alguno de estos caminos de manera democrática (mediante votaciones), a la fuerza (por golpes de Estado o profundas revoluciones) o simplemente sin darse cuenta, de manera lenta.

Por ejemplo, los excesos de la monarquía en Francia ocasionaron la Revolución Francesa, cuyos valores democráticos hoy marcan la esencia de los Estados de Derecho, pero que le trajeron a aquel país, en un corto plazo, movimientos anarquistas, extremistas (jacobinismo) y dictaduras napoleónicas.

En otras latitudes se derrocaron los regímenes de siglos de antigüedad, que desembocaron en dictaduras en nombre del pueblo y la propiedad común. En el Cono Sur el peronismo ha perdurado en el poder y en el empobrecimiento de su país durante más de medio siglo.

En Colombia hemos tenido alcaldes que se ganaron el voto mayoritario cantando en las iglesias, curas que luego decepcionaron por su comportamiento y otros, manipulados por partidos, que se aprovecharon de características personales que hacían del candidato alguien especial.

Casi siempre, las ciudades escogieron estas opciones ante otras alternativas que representaban la continuidad de modelos políticos clientelistas y no de servicio público.

En este sentido, se dio un caso bien particular en un país que uno creyera muy desarrollado: Islandia. Su capital, Reykjavik, acaba de elegir un alcalde, que según expertos es consecuencia de un voto de protesta ante la quiebra del sistema bancario en 2008 a causa de malos manejos del gobierno.

Jon Gnarr ganó la mayoría en el Concejo Municipal y por tanto liderará el gobierno local. Es un payaso de profesión que a los 13 años abandonó la escuela, adoptó la vida punk y se considera a sí mismo como un anarquista.

Gnarr es fundador y líder de The Best Party (en español, ‘El Mejor Partido’), el cual incluye a uno de los más populares cantantes de rock punk de Islandia. “Sólo porque algo es chistoso no significa que no sea serio”, dice Gnarr, y creo que tiene toda la razón.

Prometió hacer un Disneylandia en el aeropuerto de la capital. Su experiencia en relaciones internacionales incluye un programa de radio en el que hacía al aire llamadas de broma a la Casa Blanca, la CIA y el FBI, preguntando por su billetera extraviada.

En su discurso de victoria dijo: “Nadie tiene que tener miedo del Mejor Partido, porque es el mejor partido. Si no lo fuera, sería llamado el Peor Partido o el Partido Malo. Nunca trabajaríamos con un partido así”.

Dijo además que no formaría coalición con quienes no hubieran visto las cinco temporadas de su programa de televisión The Wire y tampoco con quienes no aceptaran que es el mejor espacio televisivo.

Sólo su gestión permitirá juzgarle. Quedan, eso sí, reflexiones a los ciudadanos colombianos, que desde ya nos preparamos para las elecciones de gobernadores y alcaldes el año entrante.

* Rector de la Universidad de Caldas

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