Cómo ganar unos meses a la muerte

Un estudio revela que el control de los síntomas en pacientes terminales puede extender la vida hasta tres meses.

Cuando faltaban pocas semanas para que cumpliera 50 años, a mi padre le diagnosticaron un cáncer de pulmón. Había sido un fumador de uno o dos paquetes diarios desde su juventud, así que allí estaba de repente el precio a pagar. Aunque recibió quimio y radioterapia, nunca pensamos que la muerte llegaría tan rápido. En tan sólo cinco meses lo estábamos despidiendo.

Desde entonces mi familia se ha preguntado qué sentido tenía recibir aquel bombardeo de radiaciones y someterse a la tortura de las quimioterapias, largas estancias en los desoladores hospitales y mil incomodidades, si iba a morir tan pronto. Tampoco recibió un buen manejo paliativo. Salvo unos analgésicos y una que otra droga para controlar las náuseas, tuvo que enfrentar el dolor y los demás síntomas con valentía.

¿Qué habría sucedido si desde el principio hubiéramos aceptado que no había cura para este tipo de cáncer y la estrategia médica se hubiera concentrado en un buen manejo paliativo? Si tienen razón los médicos del Centro para el Avance del Cuidado Paliativo de la Escuela de Medicina Mount Sinai, habría logrado vivir hasta tres meses más con una mejor calidad de vida.

Los resultados de la investigación que se extendió por tres años fueron publicados la semana pasada en la revista médica The New England Journal of Medicine y constituyen una de las primeras evidencias de que los cuidados paliativos son más que una forma de prepararse para la muerte.

“Este estudio es de una importancia crítica”, comentó Sean Morrison, presidente de la Academia Americana de Medicina Paliativa, “es la primera evidencia concreta de lo que muchos de nosotros hemos visto en la práctica médica, que cuando controlas el dolor y los otros síntomas, las personas no sólo se siente mejor sino que viven más”.

Durante el tiempo que duró el estudio, los investigadores norteamericanos evaluaron a 151 pacientes con cáncer pulmonar de rápido crecimiento. Mientras una parte del grupo recibió el tratamiento tradicional, a la otra se le brindó el tratamiento oncológico más los cuidados paliativos respectivos.

Como lo advirtió Diane E. Meier, directora del centro, aquellos que recibieron terapias para el control de los síntomas reportaron menos depresión y mayores niveles de felicidad. Incluso, aquellos pacientes que rechazaron las fases más agresivas de la quimioterapia cuando la enfermedad empeoró y solicitaron que no les realizaran maniobras de reanimación si tenían una crisis, llegaron a vivir hasta tres meses más que aquellos que siguieron el camino tradicional.

Las razones que explicarían por qué el simple control de los síntomas que provoca el cáncer prolongan la vida no están del todo claras. Sin embargo, tanto los autores como otros expertos en el tema barajan algunas hipótesis.

Se sabe, por ejemplo, que la depresión es una enfermedad que acorta la vida. Al salvar a los pacientes con cáncer de caer en estos estados mentales, estarían ganando un tiempo extra. También se cree que al controlar los síntomas los enfermos mejoran sus patrones de sueño, duermen más horas al día, comen mucho mejor y se sienten más dispuestos para hablar con sus familiares y amigos. Todos estos factores sumados fortalecen su cuerpo y retrasan el avance del cáncer. Por otra parte, al sentirse mejor pasan menos tiempo en los hospitales, donde están expuestos a infecciones más agresivas.

El estudio de los médicos norteamericanos sin duda reabre el debate sobre los caminos que se ofrecen a los pacientes terminales en la actualidad.

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