Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

hace 1 hora

¿Región?

TODOS RECONOCEMOS EL CARÁC-ter democrático de la Constitución de 1991, pero difícil es ignorar sus profundas contradicciones.

Un texto hecho a varias manos en una constituyente plural no puede pretender la consistencia técnica de uno elaborado por un cenáculo de sabios.

Como lo plantea el profesor Hernández Becerra, los artículos sobre ordenamiento territorial en la Constitución no resultaron del consenso sobre un modelo determinado de ordenación del territorio, sino unos retazos fruto del compromiso entre los defensores de un modelo de Estado unitario, uno autonómico y quienes llegaron a promover el federalismo.

Pero lo cierto es que Colombia es un Estado unitario y ésta es la base de granito sobre la cual se construye la arquitectura institucional del país. Un Estado unitario sólo admite un Congreso creador de leyes y por ende la autonomía que se les otorga a las entidades territoriales únicamente puede ser de carácter administrativo.

Este hecho descarta la posibilidad de pensar en un modelo regional autonómico al estilo de España e Italia, que comparte el poder legislativo entre el centro y las regiones. Por eso, con coherencia, la Constitución española de 1978 no habla de Estado unitario y se limita a decir que su territorio es indivisible.

Con sentido práctico nos planteamos la siguiente pregunta: ¿La región para qué? La equidad regional no se consigue con regiones; para eso basta con unos fondos de compensación, bienvenidos después de que el modelo de transferencias de la ley 715 de 2001 sacrificara la equidad en el altar de la asignación eficaz.

En el mundo las regiones se han creado por dos razones diferentes. En países como Italia y España las regiones autonómicas sirvieron para darles contentillo a las presiones centrífugas de los nacionalismos, cosa exótica en Colombia. En la mayoría de países unitarios de Europa y por ejemplo en Chile, la región administrativa —la que cabe en Colombia— es el resultado de buscar un “óptimo dimensional” para la entidad territorial intermedia con el fin de mejorar la planeación y la elaboración de políticas descentralizadas. En Francia, por ejemplo, se crearon 26 regiones porque entendieron que sus 100 departamentos eran unidades muy pequeñas para un territorio de 500 mil km². Colombia tiene más del doble del territorio francés y cuenta con apenas 32 departamentos. ¿Tenemos entonces departamentos con territorios muy pequeños que justifiquen la creación de regiones?

Crear regiones no puede ser el impulso de una ensoñación romántica, porque con la estructura del Estado no se improvisa. No quiero imaginarme lo que hubiera sido de este país convulsionado en el hipotético caso de que la captura paramilitar de las autoridades locales se hubiera presentado a nivel de regiones con poder legislativo.

Por eso creo que el Gobierno acierta a la hora de entender que crear una nueva entidad territorial no puede ser un punto de partida, sino un punto de llegada. No podemos empezar a improvisar con regiones que exigen nuevos gobernadores de gobernadores y diputados de diputados con su parafernalia burocrática de sobreadministración.

 

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