Expo Shanghái a la colombiana

Acuerdos binacionales y jugosas inversiones para 2011 deja la presencia nacional en China. El evento mundial finaliza el 31 de octubre.

Un año atrás, en el mes de julio, la cara de Gustavo Gaviria tenía una expresión de entre enfado y decepción. El embajador de Colombia ante Expo Shanghái 2010, la feria mundial más importante de la década, veía cómo el país llegaba tarde a la firma del contrato de participación por cuenta de la indecisión.

Los US$10 millones que costaba montar un pabellón en el corazón financiero de China sembraron dudas sobre el efecto final que tendría la presencia nacional en el evento, pero la insistencia de los anfitriones hizo que el Gobierno, en conjunto con la empresa privada, aceptara la invitación a última hora. “Lograr un sitio digno fue muy difícil. Dado que no íbamos a ir, nos tenían relegados a una bodega”, recuerda.

Y fue en ese momento que el buque ARC Gloria, que atravesó medio mundo para celebrar la Independencia colombiana en aguas orientales, apareció para evitar que el país hiciera un auténtico ridículo: “Fue tan interesante que Hua Junduo, comisario general de la feria, me dijo que si podía llevar al nieto para ver el espectáculo de fuegos artificiales a bordo”.

El favor vino acompañado de la petición oficial de un cambio de lugar, entre los pabellones de Perú y Brasil, junto al de Canadá y frente a la exposición estadounidense. Un pedido que la organización de Expo Shanghái atendió gustosa; además, el día de la inauguración, el mismísimo vicepresidente Xi Jinping le ofreció un banquete a la delegación colombiana.

Hoy en día la presencia nacional ha permitido que la firma de acuerdos para el fomento de negocios entre el país y la provincia de Guangdong (la más próspera de China) y para que Colombia se convierta en su destino preferido para la enseñanza del español, así como la voluntad de los empresarios de hacer gruesas inversiones en los sectores minero-energético y agroindustrial, y la asistencia al pabellón de más de 20.000 visitantes de diferentes nacionalidades.

“Desde la entrada les enseñamos español. Hacemos que digan ‘Hola’, ‘Amigo’, ‘Mamacita’, ‘Hola mamacita’”, comenta Gaviria, quien desvela la presencia permanente de música de las regiones como uno de los secretos del pabellón.

Y es gracias a los embajadores estudiantes, que son colombianos que estudian en China o chinos que hablan español, los nativos dicen que en Colombia hay “gente belaca”.