Yo, ¿cáncer?

Este martes en la noche el periodista Fernando Corredor lanza un libro en el que cuenta con humor cómo ha enfrentado esta enfermedad, que insiste no debe verse con tan malos ojos.

Su hija tuvo que llevarlo prácticamente obligado al primer día de quimioterapia. Había oído tantas cosas de este tratamiento —que hacía caer el pelo, que producía muchas náuseas y vómito, que quitaba las ganas de comer, que causaba depresión—, que su cuerpo y mente lo rechazaban de manera inconsciente. Cuando finalmente entró en la sala de la clínica en donde debía permanecer las siguientes 12 horas cayó al suelo y empezó a llorar como un niño de cuatro años.

Sus lágrimas contagiaron a su hija, a los médicos, a las enfermeras y a los demás pacientes. A los pocos segundos se percató de la escena y sonrió. Durante el corto tiempo que duró en este estado de shock sus doctores aprovecharon para ponerle la medicina. “Me sentí hasta feliz”, recuerda Fernando Corredor, un periodista y asesor en relaciones públicas a quien hace un año le diagnosticaron cáncer de linfoma del manto del colon, un mal que no es curable, pero que puede ser tratado para que el paciente disfrute de una buena calidad de vida.

Armando Gaitán, un reconocido oncólogo hijo del fundador del Instituto Nacional de Cancerología y familiar de Fernando Corredor, le explicó que ese sentimiento reconfortable que lo invadía era porque la medicina lo estaba ayudando; “te estamos curando”, le dijo. Desde entonces Corredor ya se ha realizado siete quimioterapias y su vida ha dado un giro de 180 grados.

Para empezar, ya no vive solo. Sus hijos viajaron desde Estados Unidos y Medellín para acompañarlo. Pero además, el estrés y el agite típicos de su profesión lo han ido abandonando. Ya no se pasa las horas pensando en el futuro, planeando proyectos, pensando en el mañana. “Vivir el día a día es lo que intento hacer y el humor se ha convertido en mi mejor aliado, al igual que un libro que me regalaron tres amigas cuando se enteraron de que estaba enfermo: Anticáncer, de David Servan-Schreiber”.

Lo que más le ha impresionado de su enfermedad es que esté tan estigmatizada. “Es peor el cáncer que la silla eléctrica”.

Es precisamente esta percepción acerca del cáncer lo que intenta cambiar a través del libro Mi vida con el cangrejo. Una divertida publicación en la que invita a los lectores a mirar este mal que siempre se ha asociado con la palabra “muerte” desde otra óptica. “Lo más importante es aceptar que uno está enfermo y que la muerte está cerca. No es fácil, pero una vez se logra es el comienzo para manejar la enfermedad”. También es bueno, según cuenta en el libro, aprender a manejar los momentos de dolor y de depresión.

“Yo por ejemplo, cuando estoy abrumado por ese sentimiento de derrota me acuesto en la cama, me cubro con mi cobija favorita y apago el celular hasta que estoy mejor y con ganas de hablar. No quiero despertar lástima ni hacer sufrir a quienes me quieren”. De hecho, para los hijos de Corredor no ha sido fácil aceptar la forma tan desparpajada con la que este ex candidato al Concejo de Bogotá y ex asesor del ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, habla de su cáncer. Sin embargo, con el tiempo han comprendido que sólo de esta forma su padre puede liberarse del dolor que lo agobia muchas veces al sentir la muerte tan cerca.

Este miércoles, a las 7 y 30 de la noche en el Museo de El Chicó, en Bogotá, todas las percepciones, emociones e ideas que han rondado por la cabeza de Corredor durante estos últimos 12 meses y que se encuentran copiladas en su libro serán presentadas al público en un corto pero muy sentido lanzamiento, en el que se le rendirá un homenaje a la vida.

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