Israel y Palestina: diálogo en vano

Finalmente después de muchos esfuerzos e intensa diplomacia viajera de su enviado especial George Mitchell, logró el presidente Barack Obama que israelíes y palestinos accedan a iniciar negociaciones directas conducentes a la firma de un acuerdo de paz.

Y muy seguramente, comenzar unas negociaciones será lo único que se logre. Más allá, es decir, lograr acuerdos sustanciales y viables de paz, es demasiado improbable, por no decir imposible, en las actuales circunstancias.

Por el contrario, el sólo comienzo de las conversaciones podría traer consigo una ola de violencia renovada, que una vez más dé al traste con este nuevo intento de acercamiento. Es verosímil creer que el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quiera llegar a un acuerdo, con base en la solución de dos Estados, pero en sus términos. Para eso tiene el apoyo de la mayoría del parlamento en Israel y de la opinión pública.

El presidente palestino, Mahmud Abbas, por su lado, llega a estas negociaciones en una posición muy debilitada, su legitimidad cuestionada y con el liderazgo palestino irremediablemente dividido entre Hamas, amo y señor de Gaza, que ya rechazó el comienzo de las negociaciones, y el Fatah de Abbas que controla Cisjordania. Así quiera Abbas llegar a un arreglo con Israel, no puede.

En Teherán, Damasco, Gaza y los cuarteles de Hizbulah en Beirut ya tendrán listos los planes de contingencia en caso de que las negociaciones avancen por buen camino, para sabotearlas y descarrilarlas, reanudando los ataque con cohetes o el terrorismo suicida o incluso una escalada bélica más grave.

Y esto sin considerar la inmensa complejidad en los temas álgidos de la negociación. Las exigencias mínimas de Israel, ser reconocido como Estado judío, renuncia al derecho al retorno por parte de los palestinos, mantener algunos asentamientos en Cisjordania y no dividir Jerusalem, no son aceptables para los palestinos. En cuanto a los palestinos, no se han puesto de acuerdo, nunca, en cuáles son sus exigencias mínimas.

Además es una negociación asimétrica entre un Estado fuerte, Israel, con una economía boyante, donde para su población el tema de la paz no es prioritario, y un líder, Abbas, demasiado débil, no suficientemente representativo de un pueblo, el palestino, para el cual la paz tampoco es prioritaria. Se trata una vez más del presidente de turno de los Estados Unidos obligando a las partes a negociar un acuerdo de  paz que ninguno de los dos quiere, pero que si ya toca por las presiones externas, se hace la negociación a regañadientes con la casi certeza de que no se va a llegar a nada.

¿Entonces cómo llegar a la paz? Sólo un evento cataclísmico, como una guerra u otro, que cambie la estructura de la geopolítica regional, podría precipitar la necesidad de conseguirla o una fuerte y decidida intervención de la comunidad internacional, estilo Bosnia, podrían lograrla. Mientras tanto, las conversaciones actuales servirán únicamente para la foto.

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