El Proyecto Nocilla

Invitado  de la Feria del Libro de Bucaramanga, el español habla de su literatura fragmentada y de la trilogía  que lo convirtieron en fundador  de una generación en las letras.

Su Proyecto ha culminado. Ha sido un camino largo, desde 2006 el físico, el escritor, el poeta español Agustín Fernández Mallo ha escrito tres libros que caminan por esos límites en donde la novela y la poesía, señoras a veces tan bien vestidas, empiezan a perder el nombre. Para Mallo, la posibilidad de descubrir cosas nuevas en materia estética, literaria, sólo se da cuando estamos de frente a algo que nos desenfoca la mirada, que nos desacomoda el punto de vista. “Cuando un género se establece totalmente, aparecen los tics, los amaneramientos, se agarrota, se esclerotiza por un exceso de colesterol en sus venas. El deslumbramiento estético sólo se da ante situaciones y objetos que nos desenfocan la mirada establecida”, confesó alguna vez el escritor en una entrevista.

Así, con Nocilla Dream, el primer libro de los tres, el español tomó la novela de sus vestidos más finos, le abrió la blusa de un solo tajo y llenó el suelo de botones rotos. ¿Era otra forma de escribir, era otro género, otro vestido para el género fundado hace tanto años? No lo sabe ni Mallo mismo, simplemente era su forma de contar una historia. “No hay una pulsión por romper un género de manera premeditada, la gente a veces me acusa de querer romper con la literatura, pero acá no hay militancia, simplemente soy una persona que no viene del ámbito literario y aterrizó en él por casualidad”, asegura Fernández Mallo, de visita por estos días en Bogotá e invitado especial a la Feria del Libro de Bucaramanga.

Fragmentos, referencias multiplicadas de la cultura pop, idas y vueltas por la física y la literatura conformaron una historia que nació el día que, estando en Tailandia, una moto lo atropelló. Pasó días enteros en una cama canaliando programas que no lograba entender y entonces recordó esa imagen vista en una página de un periódico, años atrás cuando estaba en España, en donde aparecía un árbol en medio del desierto de Nevada, que estaba relleno de zapatos.

Así consignó el escritor las primeras páginas que luego, sin ser escritas para nadie y sin nunca soñar que alguien las leería, fueron alabadas por la crítica, y señaladas como las fundadoras de una nueva generación. Generación Nocilla (nombre que le dan a la Nutella  los españoles).

 “En efecto, técnicamente su nombre es US50. Está en el Estado de Nevada, y es la carretera más solitaria de Norteamérica. Une las localidades de Carson City y Ely atravesando un desierto semimontañoso. Una carretera en la que, hay que insistir, no hay nada. Exactamente nada. 418 km con dos burdeles en cada extremo. Conceptualmente hablando, en todo el trayecto sólo una cosa recuerda vagamente a la presencia humana: los cientos de pares de zapatos que cuelgan de las ramas del único álamo que allí crece, el único que encontró agua. Falconetti, un ex boxeador que venía de San Francisco, se propuso hacerla a pie”.

Vino después, casi como una contracción estomacal, sobre la que nadie tiene ni poder ni voluntad, un segundo libro, Nocilla Experience, en el que Mallo necesitaba seguir experimentando esa forma impulsiva de escribir, en donde el cómic, el videoclip, el arte, se apoderaban también de las hojas y a veces lo hacían pasar de la escritura frenética a empoderar una cámara y poner en su blog imágenes de eso que estaba pasando por su cabeza. Creó así un reparto de protagonistas con rarezas que se veían en primer plano: un tal Harold acababa su última caja de cereales, mientras dejaba conectada su primitiva videoconsola y partía para recorrer Norteamérica durante un lustro. Además, un tipo que manejaba las grúas del puerto de Nueva York diseñaba una casa para suicidas. En Basora, un marine se enamoraba de una irakí en el instante en que la encañonaba. Otro tal Julio (es un homenaje a Cortázar) daba forma a una Rayuela alternativa. Y una gente  utilizaba los oleoductos vacíos subterráneos de la antigua Unión Soviética para cruzar las fronteras.

Las historias inconexas estaban plagadas de un humor y toques de absurdo que evidenciaban un mundo en el cual aparentemente todos se habían acostumbrado a ver sin asombro. “Para mí la mirada que ha de tener cualquier creador es como la mirada que tendría un extraterrestre que llega a la Tierra y le mandan a hacer un trabajo sobre algo que no entiende. Nada que no lleve una parodia de sí mismo dentro es creíble, si alguien nos dice: ‘Esta es la gran novela’, nadie se lo va a creer. La solemnidad ya no es creíble, la sociedad ya sabe demasiado como para comer cuento. Elvis Presley fue creíble, pero hoy sería ridículo”, sentencia Fernández Mallo.

Finalmente, el escritor que acuñó el término pospoesía para hablar de otras referencias y otras maneras de la metáfora y quien se ha arriesgado a proponer la posibilidad de escribir un remake de una novela, como en el cine, escribió su último eslabón, el paso final para concluir su Proyecto, Nocilla Lab.

Esta vez la escritura no era tan fragmentaria, el físico se inspiraba en la manera de escritura de Thomas Bernhard, una experimentación de grandes parrafadas en primera persona en donde, una vez más sin proponérselo, dio cuenta de cómo se habían construido las dos primeras novelas. En Nocilla Lab, dos jóvenes intentarán poner en marcha el Proyecto viajando a lo largo de los Estados Unidos develando el entramado que le ha dado forma a Nocilla. Todo acabará en un cómic en el cual el escritor español Enrique Vila-Matas conversa con el protagonista del libro y es el encargado de revelar una sorpresa, un final nunca sospechado.