¿Por qué mataron a Dios otra vez?

Líderes religiosos critican la postura del físico Stephen Hawking, para quien el universo se explica sin un creador.

La bienvenida que el físico Stephen Hawking le ha dado al papa Benedicto XVI, quien la próxima semana arribará a Gran Bretaña, quedará inscrita con letras mayúsculas en la historia de la ciencia.

Decir que “no es necesario invocar a Dios para que exista el universo” o que “la moderna ciencia no deja lugar a la existencia de un Dios creador del universo” es disparar directo al corazón de los creyentes. Por esto no se hizo esperar la respuesta de líderes religiosos de diversas vertientes ante las palabras del eminente físico inglés.

El primero en salir al paso fue el arzobispo anglicano de Canterbury, Rowan Williams: “Creer en Dios no consiste en explicar cómo unas cosas se relacionan con otras en el universo, sino que es la creencia de que hay un agente inteligente y vivo de cuya actividad depende en última instancia todo lo que existe”. Para el religioso, la física por sí sola no resolverá la cuestión de por qué existe algo en lugar de nada.

A la arremetida contra el osado Hawking, quien en su popular libro Breve historia del tiempo (1988) había dejado un lugar para Dios y en su última publicación El magnífico diseño le cierra la puerta en la nariz, también se sumó el rabino jefe Jonathan Sacks.

En un artículo publicado en el periódico The Times el rabino dice que “la ciencia trata de explicar y la religión de interpretar”. Otro de los argumentos del rabino es que la ciencia desarticula las cosas para ver cómo funcionan, mientras la religión las junta para ver qué significan. “Son dos empresas intelectuales distintas. Incluso ocupan diferentes hemisferios del cerebro”, señaló Sacks.

Otro que se opuso a declarar la muerte de Dios fue el arzobispo de Westminster y primado de la Iglesia católica de Inglaterra y Gales, Vincent Nichols, quien le dio la razón al rabino al separar las aguas de la ciencia y la religión. Entre tanto, el presidente del Consejo Islámico de Gran Bretaña, Ibrahim Mogra, atacó a Hawking planteando que “si uno mira el universo, todo apunta a la existencia de un creador que le dio origen”.

Pero las críticas no sólo cayeron desde el lado de los religiosos. Algunos de sus colegas, declarados creyentes, como el astrofísico y teólogo David Wilkinson, no aceptaron que Hawkings le arrebatara los derechos de autor sobre el universo a Dios. Para Wilkinson “el Dios en el que creen los cristianos es un Dios íntimamente involucrado en todo el momento de la historia del universo y no sólo en sus comienzos”.

Quien sí salió al ruedo a defender a su colega fue el biólogo Richard Dawkins, autor del libro El espejismo de Dios: “El darwinismo expulsó a Dios de la biología, pero en la física persistió la incertidumbre. Ahora, sin embargo, Hawking le ha asestado el golpe de gracia”. Algo que ya había intentado a su manera el filósofo alemán Friedrich Nietzsche en 1882 cuando dijo: “!También los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado!”.