Por fuera de las 500 mejores

¿Qué le falta a las instituciones colombianas para lograr al menos una casilla entre lasmás destacadas del mundo? Rectores y expertos en educación tejen algunas hipótesis.

En el Academic Ranking of World Universities, uno de los escalafones internacionales de educación superior más populares del mundo, no figura ninguna universidad colombiana. El pasado 15 de agosto cuando se reveló la lista de las 500 mejores, celebraron los americanos, los británicos, los alemanes, japoneses y canadienses mientras los colombianos siguen sin ser invitados a la fiesta.

Hasta la fecha, sólo la Universidad de los Andes se ha colado en uno de estos rankings internacionales, el Times Higher Education de Londres, que evalúa más de 25.000 centros educativos. En la medición de 2008 los Andes quedó incluida por orden alfabético entre las 400 a 500 mejores.

¿Por qué resulta tan difícil para una universidad colombiana lograr un lugar en el podio de las mejores? Rectores, analistas y viceministros ofrecen algunas explicaciones y coinciden en que falta un largo trecho por recorrer antes de entrar en los listados. Algunos hablan de 25 años.

La primera advertencia de Javier Botero, ex viceministro de educación superior y ex rector de la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito, es que todos estos listados se vuelven referentes, “pero hay que saberlos leer y saber qué indicadores utilizan para realizarlos”.

En el caso del escalafón de Shangái se evalúan unos indicadores básicos, como el número de alumnos y personal que han ganado premios Nobel o medallas Fields, número de investigadores más citados por sus trabajos, número de artículos publicados en las revistas Nature y Science, número de artículos en los principales índices de ciencia y el desempeño per cápita con respecto al tamaño de la institución.

“Son indicadores diseñados para universidades de investigación”, explica Botero recordando que las instituciones colombianas son débiles en este punto, pues se han enfocado más en la formación. Para el ex viceministro, existen dos factores adicionales que explicarían el asunto: el tamaño de los centros y la preparación de los docentes.

“En Colombia la más grande es de 45.000 alumnos, mientras la U. de Buenos Aires, por ejemplo, tiene cerca de 450.000. Y si nos vamos a las privadas, las mejor escalafonadas o con mayor impacto son universidades de 10 a 15 mil estudiantes”, explicó Botero. En esas circunstancias resultan ínfimos los esfuerzos de los colombianos por hacerse notar en los índices de artículos citados.

Con respecto a la preparación de docentes, es diciente que la planta de profesores con doctorado no pase de 40% en ninguna institución colombiana. En las de élite ese porcentaje puede ser del 80%.

Carlos Angulo Galvis, rector de los Andes, coincide con Botero en el asunto del tamaño: “Los Andes tiene 183 estudiantes doctorales, una cifra alta para el país, pero mínima comparada con la Universidad de São Paulo, que cuenta con alrededor de 11.000 estudiantes doctorales”.

Pero, en su opinión, el flujo de recursos es la principal barrera. El total del presupuesto, que para las universidades europeas o norteamericanas está determinado en miles de millones de dólares o euros, el de las colombianas, escasamente, en las más grandes, alcanza a estar entre US$100 millones y US$500 millones.

Por su parte, Jaime Restrepo Cuartas, actual director de Colciencias y ex rector de la Universidad de Antioquia, dice que lo curioso no es estar por fuera del escalafón de las 500 mejores, “lo curioso sería que alguna una universidad del país lo estuviera en este momento”.

Restrepo no tiene dudas de la relación directa entre el porcentaje del Producto Interno Bruto y la capacidad de hacer investigación y lograr avances científicos relevantes: “Mientras los países europeos y los Estados Unidos dedican entre el 2,5 y el 5%, nosotros apenas si alcanzamos el 0,5%”.

Un círculo vicioso que sólo se rompe poco a poco. Así entiende Diógenes Campos, vicerrector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el hecho de que una economía débil no pueda destinar suficientes recursos a educación e investigación y por lo tanto los estudiantes y docentes no se forman en la cantidad requerida y tampoco reciben la recompensa de trabajos con salarios acordes con su formación.

Por estas y otras razones, el actual viceministro de educación, Gabriel Burgos, sostiene que no cree que antes de 20 años el país entre en este escalafón. “Eso implica una inversión gigantesca tanto del sector público como del privado”, apuntó.

¿La solución? Todos coinciden en que el país va por buen camino y que es necesario ser pacientes, pues se trata de un sistema de educación superior todavía joven y los rankings, aunque útiles para conocer la distancia con respecto a los mejores, no deben hacer creer que las universidades no están cumpliendo su papel en el desarrollo del país.

“Pienso que los grandes recursos financieros son un factor de mucho peso para sobresalir, pero eso no significa que el talento, la inteligencia o la calidad académica se den únicamente en los países desarrollados”, concluyó Jesús Ferro Bayona, rector de la Universidad del Norte.

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