¿Nicolás Sarkozy contra todos?

El gobierno de Francia está siendo blanco de duras protestas: pensiones, inmigración, algunos de los temas.

La primera semana de septiembre en la que los estudiantes regresan a clases, y los comerciantes vuelven a abrir sus negocios, es agitada en las sedes de los sindicatos, los partidos de izquierda y las ONG. Mientras la Asamblea Nacional comienza el estudio de las leyes que deben reglamentar las políticas sociales y de inmigración propuestas por el gobierno de Sarkozy, sus opositores han decidido demostrar su fuerza a punta de convocatorias multitudinarias.

“Antes de las vacaciones, comenzó a hablar de retirar la nacionalidad a quienes cometen delitos. Así fue claro en que para él hay franceses ‘de cuna’ y franceses ‘de papeles’”, dice Guillaume Ayné, director de S.O.S. Racisme. “Sólo la extrema derecha se había atrevido a ir tan lejos”.

Durante agosto, y con el fondo del escándalo de corrupción que involucra al ministro de Trabajo, Eric Woerth, se fueron sucediendo nuevos anuncios sobre los temas de seguridad e inmigración, aquellos relativos al tratamiento de los gitanos fueron los más polémicos. El portal español AIM  tituló “Sarkozy divertido con las amantes, serio con los gitanos”; The Guardian alertó contra “el riesgo de que el populismo gane terreno en Francia” y tanto The Times como el periódico búlgaro Sega usaron la palabra “deportación”, reservada hasta ahora para los nazis, que retomó el arzobispo de Toulouse. Otro hombre de iglesia, el padre Arthur Hervet, dijo que rezaba para que a Sarkozy le diera un ataque cardíaco. En la misma semana la activista Anne-Marie Gouvet rechazó la Legión de Honor que estaba por otorgársele y la secretaria del Partido Verde llamó a Sarkozy un “Bonaparte bling-bling que rebaja la República”.

Las críticas han venido también desde el partido presidencial (UMP). El ex primer ministro Jean-Pierre Raffarin declaró que su partido “sufre de una hemiplejia que sólo le permite pensar con el lado derecho”.

Marine LePen, candidata a la dirección del ultra derechista Frente Nacional, opinó que “Sarkozy está robando nuestras ideas, pero los electores van a preferir el original a la copia”.

“A diferencia de los LePen, Sarkozy no es racista por convicción sino porque le conviene. Como prometió ser el presidente del empleo y del poder adquisitivo y en ninguno de los dos campos ha podido mostrar resultados, decidió reconvertirse en el presidente de la seguridad —dice Aymé—, pero ha ido demasiado lejos”.

Las marchas en su contra han sido protagonistas esta semana. El lunes fue el turno para una huelga de maestros. La movilización convocada por los sindicatos ayer alcanzó, según las diferentes fuentes, entre uno y dos millones de personas, un número récord, quienes protestaban además contra el aumento de la edad de jubilación. El viernes, la oposición tendrá una nueva cita en la Fête de L’Humanité, que en su edición anterior convocó a 600.000 asistentes.

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